Clima de guerra en hospital del IPS

Pasillos convertidos en salas de internación temporal que terminan siendo eternas. Enfermos que duermen en sillas mientras esperan largas horas para ser atendidos. Familias enteras que llegan desde el interior en busca de atención médica pero terminan gastando todo el poco dinero que tenían en sus bolsillos. La epidemia de dengue ha convertido a la zona de Urgencias del Hospital Central del IPS en una especie de hospital de guerra.

Pasillos repletos de pacientes. Ambiente en IPS en medio de la epidemia de dengue.
Pasillos repletos de pacientes. Ambiente en IPS en medio de la epidemia de dengue.

- Pya'éke chememby. Jaháke (Rápido, hija. Vamos). Trotando, una mujer y su hija adolescente se abren paso entre las personas que esperan sentadas frente a la puerta de acceso al sector de Urgencias del Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). Con equipos de tereré y guarecidos bajo un techo de chapa de zinc que probablamente solo empeoraba la sensación térmica, algunos infortunados esperaban el paso del tiempo, atentos al momento en el que se habilitará el horario de visitas o a algún llamado del interior del edificio para solicitarles estudios o insumos.

Al pasar las puertas corredizas de vidrio, la situación desoladora no mejora un ápice. Camillas ubicadas como se podía frente a las ventanillas de atención, a los costados de las puertas de ascensores y apretujadas en el pasillo dan la bienvenida.

Sí, el edificio ha cambiado el rostro. Ya no son las oscuras instalaciones de años atrás que parecían a punto de caerse, pero la realidad sigue siendo la misma: los pacientes son puestos en cualquier rincón y abandonados a su suerte debido a que el personal de blanco se ve sobrepasado. Pero no falta quien recrimine la falta de interés de algún médico o los malos tratos de otro enfermero o encargado de admisión.

La epidemia de dengue que azota al Paraguay revela el peor rostro de los servicios de salud administrados por el Estado. El IPS, aunque privado, es administrado por los servidores públicos, y las quejas de corrupción llevan años sacudiendo a la institución.

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Si bien los datos oficiales son cuestionados, Paraguay afronta probablemente la peor epidemia de dengue que se haya registrado alguna vez en el país. Hasta el momento, son 16 las muertes confirmadas, y otras 80 siguen como “sospechosas”, a las que se les debe sumar, además, el deceso reciente de un hombre en Mariano Roque Alonso.

Algunas cifras hablan de miles de casos, aunque la realidad es que en un país no muy apegado a las estadísticas, existe un subregistro gigantesco. Así lo reconoció el propio director de Vigilancia del Ministerio de Salud Pública, Guillermo Sequera, en conversación con la 98.5, Radio ABC FM. “Estamos viendo la punta del iceberg. Hay un subregistro importante”, dijo.

Solo en Asunción y el área central se estima que el 40% de la población sería alcanzada por la enfermedad en sus diversos serotipos. Los registros oficiales hablan de 85.290 notificaciones de casos sospechosos de dengue y un total de 4.255 que, finalmente, ya fueron confirmados.

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Esta realidad, ha sacudido los hospitales como el del IPS. En el Hospital Central o en las clínicas periféricas, las salas de espera en Urgencias están rebasadas. En el nosocomio ubicado en la zona de Trinidad, los pasillos se han convertido en salas de internación temporales que, finalmente, son eternas.

Horas de espera

“Llegamos al mediodía ya”, cuenta una mujer de avanzada edad que acudió al centro asistencial en compañía de su esposo y su hija, debido a que aquel presentaba síntomas de dengue. El reloj marca que ya son las 15:30, y todavía siguen esperando que algún médico o enfermera salga a gritar el nombre del enfermo, al que no le queda otra más que tener paciencia. “Y eso que mi sobrino ‘nos recomendó’, pero igual nomás...”, señala impotente el hombre sentado en una silla, reconociendo que buscó mediante “contactos” acortar la larga espera.

A dos metros de él, una mujer ya acostada en una camilla y con suero goteando comienza a llorar. No soporta el dolor del cuerpo, sumado al calor sofocante que entra a la sala de espera, donde la dejaron debido a que la puerta de acceso se abre constantemente. Un hombre que la acompaña intenta consolarla y se acerca a preguntarle qué le sucede. Ella, simplemente ya no soporta la situación. Se tapa la cara y solloza, intentando hacerlo en silencio, pero no lo consigue. La frustración es mayúscula.

Quienes se encuentran más graves son remitidos a una sala, en la que se escuchan los sonidos de máquinas varias. Familiares intentan mirar por una pequeña rendija, al costado de la puerta, para ver si sus paciente siguen ahí. “Mi papá está adentro; entré hace rato, y ahora me toca esperar. Es lo único que me queda”, confiesa una mujer al equipo de ABC Color que llegó simulando ser familiares de pacientes internados para constatar la realidad luego de varias llamadas de personas que cuestionaban la caótica situación de la previsional.

Al pasar a la zona de atención de los casos menos graves, la situación no mejora. De hecho, parece más desesperante. Los pasillos están repletos de personas acostadas en camillas ubicadas apretujadamente. En teoría, eran cuestiones momentáneas, pero algunos llevan días esperando el momento a ser trasladados.

“Él está desde el sábado ya”, dice una mujer que acompaña a su suegro. El hombre llegó por problemas de próstata y altos niveles de azúcar. El sistema colapsado permitió su ingreso, pero no había cama libre, así que lo pusieron en una camilla en un pasillo.

Como si la situación no fuera suficiente, sus familiares -que llegaron desde el interior del país- deben estar comprando una o dos veces al día sondas cuyo valor oscila los G. 35.000 porque en el vademecum del IPS no queda disponible.

Otros que llegan con síntomas de dengue se encuentran con la inexistencia de insumos para análisis. En la Clínica Boquerón, una de las periféricas del IPS, piden que los pacientes que llegan a la urgencia compren los frascos estériles que se utilizan para análisis de orina.

Todo esto ocurre dentro de una de las mayores compradoras del Estado. En el último lustro, el IPS entregó contratos de todo tipo por valor de G. 6,3 billones, la mitad de los cuales quedaron distribuidos entre seis grupos familiares que son dueños de algunas de las mayores contratistas públicas.

“Estuvimos tres horas esperando en un lugar donde no era, había sido”, cuenta una mujer que acompañó a su marido hasta el servicio de Urgencias. Una vez que pasó, quedó sorprendida por la situación. “Acá uno se enferma más estando dentro”, agrega. No sabe siquiera dónde ubicaron a su esposo. “¿Y tengo que pasar entre las camillas?”, pregunta asombrada.

Apenas una muestra pequeña de la dolorosa realidad que afrontan miles de paraguayos. Probablemente, la respuesta de la previsional ahora sea la de siempre: prohibir los teléfonos o las cámaras en el interior de sus hospitales. Como si así pudieran esconder la realidad.

Mientras tanto, el dengue avanza y las medidas de contención parecen no ser suficientes.