La delgada línea entre la vida y el fracaso de un trasplante depende de la medicación diaria. Sin embargo, para los pacientes renales del Instituto de Previsión Social (IPS), esa seguridad se ha transformado en una incertidumbre constante. A través de una nota formal dirigida al doctor Marco Martínez, director de Apoyo y Servicios, el gremio de pacientes trasplantados alzó la voz ante una crisis que califican como “insostenible”.
Para muchos asegurados, la falta de stock en la farmacia del ente previsional no es solo un inconveniente burocrático, es una sentencia. Pedro Cáceres, presidente de la Asociación de Trasplantados del IPS (ATIPS), explicó que el costo de bolsillo para suplir estas carencias es prohibitivo y representa una carga imposible para el trabajador promedio.

“En promedio, estos medicamentos tienen un costo elevado, que va desde G. 1.500.000 hasta los G. 3.500.000. Para la mayoría de nosotros, costear esto de forma privada cada mes es simplemente imposible”, señaló Cáceres con preocupación.
IPS: un “cóctel” de vida en falta
La lista de fármacos ausentes o con stock intermitente incluye piezas clave de la terapia inmunosupresora, aquellos encargados de “engañar” al cuerpo para que no ataque al órgano trasplantado. Entre los medicamentos en falta se encuentran el Micofenolato Sódico (360mg), Tacrolimus, Ciclosporina, Sirolimus, Azatioprina y Prednisona.
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Los pacientes enfatizan que la precisión en la dosis es vital. Denuncian que, ante la falta de la presentación de 360 mg, a veces se ven obligados a usar dosis más altas de 500 mg, lo que aumenta drásticamente el riesgo de toxicidad renal, hepática e hipertensión. “Algunos de nosotros ya experimentamos esas reacciones adversas”, aseguró Cáceres a ABC.
Invertir en fármacos es ahorrar en diálisis
En el documento de reclamo que se entregó ayer a las autoridades del IPS, que tiene como nuevo presidente al doctor Isaías Fretes, los pacientes presentan un argumento económico contundente: mantener a un paciente trasplantado con medicación es mucho más barato que volver a dializarlo.
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Los afectados afirman que el acceso a estos fármacos no solo garantiza la salud del paciente, sino que genera un ahorro significativo al IPS en términos de insumos, demanda de camas de internación, máquinas de diálisis y personal especializado.
“La medicación constante permite que los pacientes se reintegren a la sociedad como trabajadores activos y sean el sostén de sus familias, en lugar de depender de tratamientos crónicos de alta complejidad en hospitales”, dicen los pacientes.
Además de la provisión urgente, la ATIPS exige que se respete la marca de los fármacos, manteniendo los productos del mismo laboratorio para evitar variabilidad en la respuesta terapéutica.
