De acuerdo con los modelos más recientes, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha elevado las expectativas sobre la configuración de este fenómeno. Según sus estimaciones, existe una probabilidad alta, cercana a 8 de cada 10 escenarios modelizados, de que las condiciones características de El Niño se establezcan en el corto plazo.
De concretarse este escenario, el impacto no se limitaría únicamente a las temperaturas oceánicas, sino que alteraría los patrones de precipitación y clima en diversas regiones, aumentando el riesgo de desastres naturales.
A pesar de la claridad estadística sobre la posible formación del fenómeno, la comunidad científica mantiene una postura de cautela. Los expertos insisten en que, aunque el escenario de El Niño es altamente probable, persiste una incertidumbre significativa respecto a su evolución exacta.
Específicamente, los pronósticos sobre la intensidad que podría alcanzar este episodio siguen siendo materia de análisis complejo.
Lea más: El Niño en Paraguay: advierten sobre lluvias intensas e inundaciones para finales de 2026
¿Cómo nos afectará este fenómeno?
Un informe emitido por la Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH) de la Dinac a finales de mayo confirma que la transición hacia una fase cálida es inminente.
Los indicadores atmosféricos y oceánicos ya muestran signos claros de este cambio: los vientos alisios se han debilitado y el Índice de Oscilación del Sur (IOS) se encuentra en descenso.
El documento de la Dinac subraya que las teleconexiones, los patrones de impacto de El Niño en regiones alejadas del Pacífico ecuatorial, son probables, pero no garantizadas, dado que el fenómeno es sumamente complejo y depende de la interacción con otros factores climáticos locales.
La incertidumbre sobre la magnitud final del evento implica que el país debe estar preparado para adaptarse y tomar medidas adecuadas ante posibles impactos climáticos, respaldándose en las actualizaciones constantes de los pronósticos meteorológicos.
