Sobrecargados de trabajo y equipados con sus propios recursos, los agentes de policía en nuestro país trabajan en condiciones precarias. En el Día del Agente de Policía las autoridades deberían poner atención al día a día en las comisarías, un entorno marcado por carencias que detallamos en esta nota.
El brutal ataque al Puesto Policial N.º 4 de Colonia Naranjito, en el distrito de Ybyrarobaná, Canindeyú, ocurrido en la noche del 21 de julio pasado, dejó al descubierto una triste realidad que está lejos de ser una excepción: cuatro uniformados resistiendo en una frágil estructura de madera y con un único vehículo para patrullar toda una comunidad.

Los policías asesinados durante el atentado fueron el suboficial mayor Atilio Martínez Barrios, de 40 años, y el suboficial inspector Herminio Ojeda González, de 33. Con ellos murió un vecino de la zona, Josemar Escobar Piris, de 37 años, quien los acompañaba en la ocasión.
La referida sede policial tenía un total de 12 uniformados.
Sede policial se edificó gracias a la ayuda ciudadana
Posteriormente, se supo que gracias a una iniciativa de la Comisión Vecinal local -torneos, polladas y actividades varias mediante- se había logrado edificar otra sede, en una propiedad cedida por un lugareño, a pocos metros de la primera.

Ambos locales fueron afectados por el devastador atentado, al igual que la patrullera, también producto de las gestiones de los vecinos.
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Lastimosamente, situaciones como las observadas en Colonia Naranjito se repiten en distintas reparticiones policiales del país, principalmente en la zona de Canindeyú.

Aunque otras comisarías están en mejores condiciones, la realidad es que la escasez con la que debe vivir al diario el agente policial no se reduce a la estructura edilicia. La jornada laboral del policía promedio transcurre entre el agotamiento y la falta de recursos básicos.
“Vaquita” para comer y otras carencias que no se ven en el Día del Agente de Policía
Fuentesbpoliciales revelaron que desde hace algunos años la Intendencia provee alimentos únicamente a los centros de formación, mientras que los agentes asignados a las comisarías y demás sedes policiales deben ingeniarse con una bonificación mensual de G. 650 mil para comer.
La vaquita se ha convertido en toda una “institución”, pero con los gastos que deben destinar a la compra de uniformes y equipamientos no siempre todos están en condiciones de colaborar.
“Nosotros tenemos que comprar todo, ni galleta tenemos. Cada uno colabora con lo que puede y pagamos a una señora para que nos cocine, pero la plata no siempre alcanza. A veces mi almuerzo es una chipa y con eso tengo que aguantar todo el día”, comentó un agente consultado.
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A la falta de alimentos que afecta a todas las dependencias de la Policía Nacional, también se deben ingeniar para el uso de las patrulleras.
Uniformados deben hacer malabares para tener lo básico
Fuentes de la institución aseguran que para cada patrullera está asignado un monto de G. 100.OOO por día, que lo que significaría alrededor de 9 litros de carburante, mayormente diésel de la mejor calidad.
Esto da un margen muy pequeño para el movimiento de los vehículos que son camionetas todo terreno que consumen alrededor de 12 litros de combustible por cada 100 kilómetros.
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Es por esta razón que muchas veces los agentes se ven imposibilitados de acudir a un pedido de ayuda si no es de vida o muerte.
“Cuando no hay de otra tenemos que cargar el combustible de los nuestros bolsillos”, explicaron los agentes.

Otro factor más que importante es que literalmente no cuentan con rubros para el mantenimiento de estas máquinas y los talleres habilitados por la Intendencia nunca dan solución a los problemas.
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Por ello cada comisaría debe generar el dinero o conseguir un mecánico amigo que les haga el trabajo, pero los uniformados deben conseguir los repuestos.
Igualmente, los uniformados que batallan el día a días en las comisarías deben comprar armas y también los cartuchos, que a estas alturas cada proyectil del calibre 38 y 9mm. alcanza unos G. 25.000 por unidad, mientras que el costo de una pistola o revólver va de G.7.500.000 a G. 15.000.000.
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