El informe reveló que los estudiantes paraguayos se ubican sustancialmente por debajo de la media internacional: solo un 24% superó el nivel básico en lectura (frente al 69% global), un 10% en matemáticas (frente al 64%), un 24% en ciencias (frente al 74%) y apenas un 14% en resolución de problemas computacionales (frente al 64%).
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En ese sentido, para el especialista, el valor central de la prueba PISA radica en su enfoque práctico. Lejos de ser un examen memorístico, mide la capacidad real de los jóvenes de 15 años para interpretar información, razonar y proponer soluciones concretas a partir de sus conocimientos.

“PISA es una evaluación internacional que busca saber qué pueden hacer los estudiantes con lo que aprendieron; evalúa si pueden interpretar información, razonar y plantear una solución”, explicó el Dr. Sanabria a través de un vídeo publicado en su cuenta de Instagram.
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Al evaluar a más de 760.000 estudiantes de 91 países —representando a 33 millones de jóvenes—, PISA utiliza muestras estadísticas representativas y no a los mejores alumnos de cada nación, posicionando en la región a Uruguay, Chile y Costa Rica con los mejores desempeños.

Sanabria añadió sobre la nómina global que “el ranking es una simplificación de una distribución estadística. La propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula rangos posibles, por eso es más correcto decir que Paraguay está entre los sistemas educativos de menor rendimiento de PISA 2025”, indicó.
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El “Efecto Flynn inverso” y la trampa del consumo rápido
Uno de los puntos más inquietantes analizados por Sanabria es que la edición PISA 2025 registró el rendimiento global más bajo hasta la fecha, un fenómeno que coincide con el denominado “efecto Flynn inverso”.
Mientras que durante décadas cada nueva generación registraba un coeficiente intelectual superior a la anterior, hoy se observa un retroceso progresivo que muchos expertos vinculan a la distracción digital.
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“Lo que estamos viendo en la actualidad es un consumo rápido de información que lleva a la fragmentación de la atención, menos lectura profunda y mayor dificultad para procesar información compleja. Quizás la pregunta no sea si nos estamos volviendo menos inteligentes, sino qué habilidades cognitivas estamos fortaleciendo y cuáles estamos dejando de practicar”, advirtió el profesional.
El especialista explicó que, si bien un uso moderado de la tecnología se asocia a mejores desempeños en ciencias, el abuso de las redes sociales y la distracción digital merman la capacidad de razonamiento.
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El factor demográfico y la cobertura educativa
A pesar del desalentador promedio, Sanabria identificó un factor estructural clave que ayuda a matizar el diagnóstico: la ampliación del acceso a la educación. Entre 2015 y 2025, Paraguay se posicionó entre los países con mayor incremento en la cobertura de PISA, sumando entre 11 y 24 puntos porcentuales de población elegible.
“Si antes muchos jóvenes —especialmente aquellos con mayor vulnerabilidad socioeconómica— estaban fuera del sistema educativo y ahora ingresan, pasan a formar parte de la población evaluada, esto puede reducir el promedio, aunque eso no necesariamente signifique que el sistema educativo haya empeorado para todos”, puntualizó el neurocirujano.
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Esta inclusión de sectores vulnerables al sistema escolar amplió la base evaluada, reconfigurando la lectura de las estadísticas y planteando nuevos desafíos pedagógicos para el futuro educativo del país.
