Video: casi 1.000 alumnos dan clases bajo un tinglado desde hace un año

Ante las severas fallas estructurales del edificio escolar en el barrio San Francisco, estudiantes desde pre-jardín hasta el noveno grado fueron reubicados en una antigua fábrica textil adaptada con divisorias. La comunidad educativa exige refacciones duraderas.

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En el barrio social San Francisco, en Zeballos Cue, la cotidianidad escolar se desarrolla lejos de las aulas convencionales. Cerca de 950 alumnos de la Escuela San Francisco llevan casi un año cursando el periodo lectivo dentro de un tinglado que anteriormente funcionaba como una fábrica textil, espacio cedido de forma temporal por el Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH).

La situación se originó tras el paulatino deterioro del edificio escolar, el cual presentaba serias falencias estructurales en techos y paredes. Ante los inconvenientes, la institución debió recurrir inicialmente a la virtualidad y luego a la itinerancia por distintos locales de la zona.

“A inicio del año escolar del año pasado, nosotros habíamos informado la situación, fuimos todos a clases virtuales, luego retomamos con las clases presenciales ya en diferentes lugares pero no fue suficiente porque contamos con bastantes estudiantes, entonces tuvimos que rebuscarnos a otro lado para poder tenerle a todos nuestros alumnos y docentes en un mismo lugar”, relató Guillermina Fernández, directora de la institución, quien expresó su agradecimiento al MUVH por ceder el galpón industrial.

Actualmente, el inmueble alberga desde la educación inicial (pre-jardín, jardín y preescolar) hasta el noveno grado, distribuidos en tres pabellones mediante divisorias provisionales.

Desafíos en el aula provisional

A pesar de la logística desplegada para unificar a la escuela en un solo predio, las condiciones pedagógicas cotidianas enfrentan importantes barreras ambientales y acústicas. “Es un salón grande con mucho eco, imagínate el aprendizaje, el trabajo de los docentes es impresionante”, detalló Fernández.

“Aparte no contamos con una buena ventilación, los aires no funcionan tampoco, entonces no había de otra que organizarse y poner las divisorias para poder, de una u otra manera, ayudarle un poquitito a los docentes para que puedan estar en su día a día procurando de que sus estudiantes aprendan”, expresó la autoridad.

La directora enfatizó además que el sostén económico para mantener operativas las instalaciones provisionales se debe en gran medida a las transferencias estatales y la colaboración comunitaria. “Gracias a la gratuidad, porque sin gratuidad no sé qué iba a pasar de nosotros, con la comisión no damos abasto porque tenemos una cantidad numerosa de estudiantes”, destacó.

La exigencia de una solución definitiva

Los trabajos de reparación en el edificio propio comenzaron a finales de junio y comprenden intervenciones desde la azotea hasta la planta baja. Pese a las incomodidades de la mudanza temporal, las autoridades del plantel priorizan la calidad de la construcción sobre la rapidez en la entrega, considerando que la estructura ya había sido reparada previamente en el año 2020 sin resultados duraderos.

“No estamos apurados porque queremos que se arregle bien nuestra institución. Queremos que sea una infraestructura que dure para siempre, vamos a decirle, y no estar reparando cada cuatro o cinco años; que se pueda reparar bien y que sea una escuela modelo como salió a inicio en todos los medios”, concluyó Fernández.

Mientras avanzan las tareas de construcción, la comunidad educativa del barrio San Francisco continúa desarrollando sus actividades bajo el techo metálico del antiguo taller, a la espera de recuperar aulas dignas e integrales.