A diario, Juan Cabrera, el de la mochila y los cabellos de hilos de plata, recorre los pasillos del Instituto Nacional del Cáncer (Incan) para ayudar a los cientos de pacientes que llegan al centro oncológico de mayor complejidad del país en busca de sanidad.
Él los acoge. Los guía en cada paso. Y de una manera altruista pone a disposición su experiencia para ayudar a todas las personas que llegan tal vez con la mente en blanco por el diagnóstico que recibieron.
“No importa quién sea, yo ayudo a todos, pero sobre todo a las personas adultas, que llegan desorientadas, con dolor, y desespero. También los jóvenes. Este lugar guarda mucha historia, y detrás de cada paciente hay un ser vivo y una familia que siempre tiene la esperanza de ganarle al cáncer”, reflexiona durante la entrevista.
Juan nunca cuenta su historia a los pacientes. Aunque les hace saber que tiene una esposa que luchó contra el cáncer de mamas sin dar muchos detalles. Cree que es mejor concentrarse en los pacientes. En alentarlos de que todo va a estar bien, y que pronto regresarán a sus casas.
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“Ellos no saben. Yo nunca cuento nada. Casi no hablo de mi vida personal. Me cuesta. Esta es la segunda vez. Muchos me dicen qué es lo que hago acá, si mi señora ya no está. Pero yo simplemente no puedo dejar de venir. Creo que una parte de mi vida se quedó acá”, relata Cabrera.
Para Juan regresar un día tras otro al Incan es sinónimo de volver a conectarse a su esposa Sara, o quizás una forma de sanar la pérdida del amor de su vida que desafortunadamente falleció en el año 2019 a causa del cáncer de mamas.
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“Hice hasta lo imposible por mantenerle viva a mi esposa, pero su cáncer era muy agresivo. Teníamos una niña de apenas dos años cuando ella empezó a enfermar. Es por eso que yo ayudo a todas las personas, porque en ellos veo a mi esposa, yo siento que ella me acompaña, y que si sigo acá es porque Dios permite esto y yo sé que ella está feliz”, expresa entre lágrimas.
Actualmente, Juan dedica sus mañanas al equipo de la Fundación de Las Elegidas. El nombre fue puesto por las valientes mujeres que se organizaron en principio en grupos de WhatsApp, y luego se conformaron en un grupo sólido para ayudar a todos los que necesitan.
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Hoy la Fundación de Las Elegidas está constituido con una personería jurídica y está abierto a recibir la ayuda de todas las entidades públicas y privadas, así como de particulares. El objetivo siempre es la de ayudar con la provisión de insumos, y medicamentos en la medida que tengan en stock.
La historia de Juan Cabrera refleja la esperanza que todos los pacientes oncológicos tienen, que es el anhelo de vivir. Para Juan compartir, apoyar y ayudar a personas con cáncer es como volver a vivir junto a su esposa desde otra dimensión, desde el amor a través del dolor.