La economía de guerra, desde hace bastante tiempo, la vive el pueblo paraguayo, afirmó el obispo del Vicariato Apostólico del Chaco Paraguayo, monseñor Gabriel Escobar. Añadió que las familias deben realizar proezas para llegar a fin de mes con el salario miserable que perciben, a lo que se suman los servicios deficitarios que reciben del Estado, el transporte público de pasajeros y la alarmante inseguridad social.
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Las personas deben levantarse diariamente a las 3 de la madrugada para intentar llegar a las 7 horas a su lugar de trabajo, enfrentando la escasez de medios de transporte, lo que degrada su calidad de vida. Muchas de estas personas buscan realizar trabajos adicionales para complementar lo que reciben como sueldo mensual y así cubrir sus necesidades básicas.
Sin embargo, estos trabajos extra, como dedicarse al servicio de plataformas (autos, motocicletas) o realizar ventas de comestibles, como los famosos asaditos, están condicionados por la enorme inseguridad que se vive en el país. Los permanentes asaltos a estos trabajadores certifican esta lamentable realidad, dijo el obispo.

Autoridades
“Qué interesante sería que ese testimonio y ejemplo de economía de guerra que pide el ministro (Carlos Fernández Valdovinos) primero lo empiecen a vivir las autoridades que tienen a su cargo regir y administrar los bienes de cada paraguayo; que dejen sus dietas, sus viáticos, se supriman esos catering de media mañana o almuerzos de lujo, sus bonificaciones, pasajes y combustibles”, enfatizó el religioso.
“Nuestras autoridades parecen vivir como ‘príncipes’ y nosotros como ‘vasallos’, y sin embargo ellos están allí por el pueblo, porque la gente los votó en busca de encontrar una mejor calidad de vida y dirigir nuestro país por buen rumbo”, agregó.
“Necesitamos ver a nuestras autoridades dar ese ejemplo, pues el pueblo hace tiempo vive en la economía de guerra”, insistió el obispo en varias ocasiones.
En nuestra casa existen numerosos problemas que se deben solucionar antes de salir permanentemente al extranjero, mencionó monseñor Escobar en relación con los constantes viajes del presidente Santiago Peña.
Si queremos de verdad una buena calidad de vida para nuestros compatriotas, debemos trabajar unidos y dialogar, analizando los problemas y soluciones, y por supuesto realizar el ajuste de cinturón desde la misma cabeza del Estado, no sobre el pueblo; ellos deben ser el modelo, subrayó.
Muchas de nuestras autoridades han perdido el respeto de la ciudadanía, porque la gente sabe que omonda ha ijapu (roban y mienten), no cumplen con su palabra, sus promesas o propuestas. Ahora vienen las elecciones municipales, donde esperamos que cada paraguayo y paraguaya tenga bien claro dónde votar: no por aquel que está sacando el pan de la boca del pobre o de cada familia, sino por quien busca la superación de todas las personas sin excepción.
Rostro humano
“Les recordamos a las autoridades nacionales que todo proyecto que busca beneficiar al pueblo debe tener un rostro humano, teniendo siempre presente cuáles serán los beneficios para las personas, para este paraguayo que tiene dignidad y aspira a una mejor calidad de vida”, decía monseñor.
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El mensaje del religioso hace alusión directa a la legislación de reforma de la Caja Fiscal. Un tema tan sensible exige escucharnos entre todos para realizar un buen estudio de los proyectos, y no solo imponer decisiones con una “aplanadora” por capricho de alguna persona o por pedido de alguna institución internacional, enfatizó.
“¿De qué nos sirve que se venda el nombre del Paraguay a los mejores inversionistas alegando que tenemos una buena calidad de vida, si el día a día demuestra lo contrario?”, cuestionó.
Puso como ejemplo lo que sucede en el Alto Paraguay, donde no existen fuentes de trabajo ni caminos transitables todo el año.
Finalmente, monseñor Escobar pidió a los sindicalistas cumplir de buena forma sus labores a favor de sus asociados.
“Para ciertas cosas nos movemos y para lo más importante nos quedamos; y ahora de nuevo se ve que resurgieron con este tema de la Caja Fiscal. Dios quiera que los sindicalistas no estén motivados por dinero por debajo, que no se callen y que no pague las consecuencias el pueblo”, exclamó el obispo.
Numerosos fieles participaron de la misa dominical en la catedral de Fuerte Olimpo y estuvieron atentos a la homilía del obispo en una línea a la cual nos tiene acostumbrados monseñor Escobar.

