La comunidad pertenece al distrito de Fuerte Olimpo y se ubica a unos 30 kilómetros a orillas del río Paraguay, al sur del casco urbano de la capital departamental. En el lugar viven 800 pobladores, aproximadamente, en medio de numerosas carencias sociales, sobre todo en lo relacionado a la precariedad del camino, hecho que se da en todo el Alto Paraguay.

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A inicios del siglo XX, en el lugar funcionaba la empresa taninera Guaraní, que dio nombre a la misma población, compuesta inicialmente por más de 8.000 habitantes. Luego se produjo una migración masiva de las familias, cuando esta empresa, como tantas otras del mismo ramo que funcionaban en el Alto Paraguay, se declararon en quiebra.
El lugar prácticamente quedó abandonado, convertido en un pueblo fantasma, y los pocos que se quedaron a vivir en el sitio, lo hicieron porque no tenían dónde ir. Estas familias comenzaron a dedicarse a la ganadería en pequeña escala, tras obtener algunos pocos animales vacunos que pertenecían a la empresa en quiebra y que consiguieron como compensación por los años trabajados.
Mateo Gamarra
Esta historia de amor, inmortalizada a través de unos versos y luego llevada a una tradicional música folclórica, ocurrió en el año 1931, específicamente un 12 de octubre, cuando en el lugar se desarrollaba un acontecimiento social por el Día de la Raza.

En un momento dado de la fiesta llegó al lugar Mateo Gamarra, quien trabajaba, como tantos otros, en la empresa taninera. El hombre era bastante conocido por sus andanzas de donjuán y, casi de manera instintiva, fijó su mirada en una mujer de nombre Emilia Ortiz, cuyos parientes vivían en Fuerte Olimpo.
Mateo sacó a la mujer a bailar y, como siempre se da en los pueblos del interior, donde todos se conocen, rápidamente algunos fueron con el chisme hasta la esposa de Gamarra, de nombre Delfina Servín, quien de forma presurosa se apersonó al lugar para reclamarle al esposo su deslealtad.
El hombre, lejos de parar, continuó con el acto de coqueteo hacia Emilia. Fue entonces que la esposa, herida en su orgullo, le dijo a su esposo en guaraní: “Che ha’e Delfina Servín, ne’ĩra chekuaapa” (“Yo soy Delfina Servín, todavía no me conoces por completo”), y procedió a extraer un revólver para descargar cinco tiros contra Gamarra.
La trágica historia de amor se inmortalizó con una canción conocida como “Mateo Gamarra”. Los versos fueron escritos por Estanislao Báez, quien era un fiscalizador ferroviario y viajaba de forma permanente a esos lugares para verificar los trenes de la empresa que transportaban los enormes quebrachos.
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Báez llegó a Puerto Guaraní tres días después de lo ocurrido. Los pobladores le comentaron lo sucedido y el escritor procedió a narrar los versos de lo que luego sería una canción, cuya melodía corresponde a don Eladio Martínez.

Falta de trabajos
Esta es una de las principales carencias de las personas que viven en esta comunidad, razón por la cual varias familias viajaron hacia otras regiones del país y del mismo departamento, como se da en el caso de Carmelo Peralta, donde fueron a instalarse, atraídas por las oportunidades que se presentan con el desarrollo de la Bioceánica.
Las personas que aún luchan en el lugar son familias que se dedican a la actividad ganadera en pequeña escala, siendo esta la única actividad principal de la comunidad. Atrás quedaron los años de bonanza.
Para conmemorar los 119 años de fundación de la comunidad, se realizó el pasado sábado el tradicional desfile estudiantil y cívico, con la participación de alumnos de la escuela y el colegio que funcionan en el lugar. Además, desfilaron funcionarios del puesto de salud y de la tradicional caballería. Luego se realizó un almuerzo de confraternidad.
El evento contó con la presencia de los pobladores del lugar, además de invitados especiales como el gobernador Arturo Méndez y el intendente Moisés Recalde, además de otras autoridades de la zona.

