Grado de Inversión Latam: Entre la excelencia de Chile y el salto de Paraguay

Grado de inversión.
Grado de inversión.Stockmagen

El cierre de 2025 consolida un escenario de contrastes en América Latina. Mientras el bloque de países con “Grado de Inversión” se fortalece con el ascenso de Paraguay, las economías más grandes de la región como Brasil y Colombia permanecen ancladas en niveles especulativos, evidenciando una brecha de confianza entre los mercados internacionales y las políticas locales.

En el tablero del riesgo soberano global, América Latina ha terminado el 2025 con movimientos que reconfiguran las oportunidades para el capital extranjero. Según el último informe de Standard & Poor’s (S&P), la región se divide hoy entre un grupo selecto de naciones confiables y un sector que lucha por salir de la categoría de “especulación”.

El podio de la confianza

Chile continúa inamovible como el líder regional, ostentando una calificación de “A”, la más alta de Latinoamérica. Este sello de calidad refleja una solidez institucional y financiera que lo sitúa en una liga aparte frente a sus vecinos.

Grado de inversión.
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Le siguen Uruguay (BBB+) y México (BBB), países que han logrado convencer a los inversores de su baja probabilidad de incumplimiento, incluso en contextos de volatilidad global.

En el último peldaño de la seguridad, pero aún dentro del codiciado Grado de Inversión (BBB- o superior), se encuentran Perú, Panamá y, tras un esfuerzo de años, Paraguay. Estar en este nivel no es solo una cuestión de prestigio; implica directamente menores costos de financiamiento para el Estado y una mayor capacidad para atraer inversión extranjera directa.

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La deuda de los gigantes

A pesar de su peso económico, Brasil y Colombia no logran romper el techo de la categoría “BB”, situándose en niveles de especulación junto a Costa Rica y República Dominicana. Un escalón arriba, Guatemala (BB+) roza el grado de inversión, mientras que Honduras (BB-) cierra este bloque intermedio.

La situación se vuelve crítica en el extremo inferior del ranking. Nicaragua (B), junto con El Salvador, Belice y Ecuador (B-), representan apuestas de alto riesgo para los tenedores de bonos.

En el fondo de la tabla, sumidos en la especulación de alto riesgo o el “default selectivo”, se encuentran Argentina (CCC+), Bolivia (CCC-) y Venezuela (SD), economías que hoy operan prácticamente al margen de los circuitos crediticios convencionales.

Paraguay rompe el “techo de cristal”

El 17 de diciembre de 2025 se ha inscrito como una fecha histórica para la economía paraguaya. Ese día, S&P Global Ratings elevó la calificación del país a ‘BBB-’, otorgándole formalmente el doble sello de grado de inversión. Este ascenso no es casual; es el fruto de una estabilidad macroeconómica sostenida y políticas que han fortalecido la resiliencia del país ante choques externos.

¿Por qué ahora?

Los evaluadores destacaron tres motores principales del cambio:

Consolidación monetaria: Un Banco Central autónomo que ha logrado domar la inflación y reducir la dependencia del dólar.

Madurez institucional: Una notable previsibilidad económica compartida por las principales fuerzas políticas, lo que garantiza que las reglas de juego no cambien con cada elección.

Diversificación del PIB: La industria manufacturera y la maquila ya representan casi el 20% de la economía, reduciendo la vulnerabilidad histórica a las sequías y los precios de las materias primas.

Los retos para el 2026

Sin embargo, el nuevo estatus no es un cheque en blanco. Paraguay entra al 2026 con desafíos estructurales profundos. S&P advierte que un 70% de la población aún trabaja en la informalidad y la desigualdad de ingresos sigue siendo elevada.

Para mantener y mejorar su nota, el país deberá atraer proyectos de gran envergadura, como la planta de celulosa Paracel, que aportaría un 9% al PIB, y profundizar su financiamiento en moneda local para blindarse ante el riesgo de cambiar.

Con una perspectiva estable, Paraguay inicia el nuevo año con la etiqueta de ser la economía más resiliente de la región, aunque con la tarea urgente de que este crecimiento “triple B” se traduzca en mejoras tangibles para su mercado laboral.