Una empresa de distribución necesita renovar diez camionetas. Antes, eso significaba inmovilizar varios miles de dólares en activos que empiezan a perder valor desde el primer kilómetro.
Hoy, esa misma empresa firma un contrato, paga una cuota mensual y se olvida del resto. Ese cambio de lógica explica por qué el leasing y el renting de vehículos se consolidaron como una de las modalidades de movilidad con crecimiento en el país.

¿Quién vende qué?
El mercado paraguayo ya tiene varios jugadores. Sudameris Leasing fue, desde 2019, la primera entidad en operar leasing financiero en el país, en sociedad con ocho concesionarias —entre ellas Garden, Automaq, Cóndor, Diesa, Kurosu, Rieder, Tape Ruvicha y Toyotoshi— que canalizan la demanda desde sus salones de venta. Según informó la propia compañía en 2025, sigue siendo la única autorizada por el Banco Central del Paraguay (BCP) para operar bajo esa figura específica.
En paralelo creció una oferta de renting o alquiler de flotas, donde la propia concesionaria o una financiera presta el servicio integral —vehículo, seguro y mantenimiento— sin pasar necesariamente por la figura de leasing financiero regulada por el BCP. José Malky, gerente de Renting Leasing de Garden, resume el fenómeno desde ese segmento.
“El crecimiento se debe principalmente a las practicidades que brinda en materia financiera y operativa. Cada vez más empresas y particulares comprenden que esta alternativa permite acceder a vehículos sin comprometer grandes sumas de capital”, explica Malky.
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Una cuota, cero sorpresas
La previsibilidad es el primer gancho de venta. Según Malky, más allá del combustible, el cliente normalmente no enfrenta gastos adicionales relacionados con el vehículo.
Un ejemplo concreto: el plan para un KIA Soluto incluye una cuota de US$ 300 mensuales durante 36 meses, con un tope de 60.000 kilómetros. Ahí entran seguro, documentación, mantenimientos periódicos, cambio de cubiertas y batería. Todo bajo un costo fijo, sin desembolsos imprevistos, salvo que existan daños por uso indebido o situaciones fuera de contrato.
Para empresas que administran flotas, esa certeza vale tanto como el ahorro. Proyectar gastos operativos sin sobresaltos es, muchas veces, más valioso que pagar menos.
La plata que no se inmoviliza
El segundo argumento es financiero puro: costo de oportunidad. El cliente no destina el 100% del valor del vehículo para usarlo.
“Se paga solamente un porcentaje del valor total del vehículo y no el costo completo. Esa diferencia de capital puede destinarse a otras inversiones o actividades productivas”, sostiene Malky.
Ese capital liberado puede ir a tecnología, expansión o capital de trabajo en una empresa, o a conservar liquidez en el caso de un profesional independiente, en lugar de inmovilizarla en un activo que se devalúa con cada año y cada kilómetro.
Lo que dice la letra chica
Acá está la parte que el cliente suele pasar por alto. La Ley Nº 1295 regula desde 2013 el leasing financiero y mercantil en Paraguay, y exige que las sociedades dedicadas a esa actividad cuenten con autorización del BCP y un capital mínimo de 750 millones de guaraníes. Esa es la figura bajo la que opera Sudameris Leasing.
El renting o alquiler de flotas, en cambio, suele estructurarse como una contratación de servicios y no como un producto financiero regulado, lo que cambia su tratamiento contable. Esa diferencia, justamente, es uno de los argumentos comerciales del sector: al no incorporarse un activo al patrimonio del cliente, se generan beneficios impositivos relevantes, sobre todo para empresas que buscan optimizar su estructura fiscal.
No hay un solo perfil
La demanda varía según quién la pide. En el segmento corporativo predominan las flotas para distribución, servicios técnicos y operaciones comerciales: vehículos compactos para la ciudad y pickups 4x4 para el agro, donde el terreno exige otra cosa. Entre los particulares, la elección responde al estilo de vida más que a una fórmula.
El freno, dice Malky, ya no es tanto la desconfianza como antes: las campañas comerciales y educativas del sector ayudaron a que más gente entienda cómo funciona la modalidad frente a la compra tradicional. Lo que queda pendiente es la satisfacción del cliente en cada etapa, desde la entrega del vehículo hasta la posventa.
“En los países desarrollados, el leasing es desde hace años una de las principales formas de acceso a la movilidad. En Paraguay todavía existe una fuerte cultura de propiedad, donde muchas personas prefieren comprar el vehículo sin considerar la pérdida de valor que experimenta con el tiempo”, concluye Malky.
Esa cultura de propiedad ya muestra grietas, aunque el mercado sigue siendo chico y con reglas que el comprador recién empieza a aprender a distinguir.







