“Vencer o morir”: la nueva colección del paraguayo que arma relojes de US$ 525 a mano

Relojería artesanal.
Relojería artesanal.

Giovanni Riquelme encontró los relojes de su padre cuando limpiaba un depósito. Hoy su marca exporta a Argentina y España, cobra desde G. 3.200.000 por pieza, cerca de US$ 525, y prepara una edición limitada para competir el año próximo en el Gran Premio de la Relojería de Ginebra, considerado el “Oscar de la relojería”, con el lema de su colección: “Vencer o morir”. Todo, sin un solo antecedente familiar ni formación técnica previa en el rubro.

Un antecedente global

Zhou Qunfei, hoy una de las cinco mujeres más ricas de China, empezó fabricando cristales para relojes en un departamento alquilado. Esa base artesanal terminó siendo Lens Technology, una de las mayores proveedoras de pantallas de la industria electrónica mundial. Riquelme conoció esa historia y se preguntó si algo parecido, a otra escala, podía nacer en Paraguay.

Un hallazgo en el depósito

Todo empezó por casualidad, entre cajas viejas y polvo acumulado. Aquel día de febrero, Riquelme se topó con varios relojes antiguos que habían sido de su padre: maquinarias detenidas, correas gastadas, vidrios opacos por el tiempo. No sabía nada de relojería. Empezó a investigar por su cuenta, con tutoriales y mucha práctica, destornillador en mano.

Colección del paraguayo que arma relojes.
Colección del paraguayo que arma relojes.

Desarmó las piezas, aprendió a repararlas y, sin buscarlo, encontró un negocio. Mientras importaba relojes para vender, los primeros clientes empezaron a pedirle ajustes de malla y reparaciones simples. Nada de eso estaba en el plan original.

La demanda creció más rápido que el espacio disponible. Riquelme compró herramientas y montó un taller en su propia habitación, entre manuales, lupas y piezas sueltas. Ahí conoció a Daniel Ruiz Riveros, quien se convirtió en su mentor dentro de la relojería artesanal y le abrió la puerta a un oficio que en Paraguay prácticamente no tenía referentes.

Durante meses, el aprendizaje fue puramente técnico: entender cada mecanismo, reconocer componentes, perfeccionar el ensamblaje. Ese conocimiento, ganado a pulso, terminaría siendo la base de un negocio distinto al que había imaginado.

El valor del tiempo: US$ 525

Descubrió a Artisans de Genéve, la firma suiza que personaliza relojes de lujo, y le cambió la perspectiva. “¿Por qué no hacerlo también desde Paraguay?”, se preguntó.

Con poco capital, pero una apuesta de largo plazo nació Digiori: relojes convencionales convertidos en piezas únicas, donde el cliente elige nombre, logotipo, colores, materiales y maquinaria.

El precio de entrada es G. 3.200.000, cerca de US$ 525 al tipo de cambio actual, aunque varía según el diseño y los componentes. Cada pieza pasa por diseño, selección de componentes, ensamblaje manual, regulación, control de calidad y entrega personalizada: un proceso más cercano a la joyería que a la venta de un accesorio.

Relojes convencionales convertidos en piezas únicas.
Relojes convencionales convertidos en piezas únicas.

El perfil de cliente también sorprendió a Riquelme. Llegaron aficionados, empresarios, profesionales y coleccionistas, más gente interesada en tener una pieza distinta que en saber la hora.

“La relojería artesanal exige precisión, conocimiento y tiempo, algo que el cliente muchas veces no ve. Por eso la educación del mercado es tan importante como el producto”, explica Riquelme.

De Paraguay al mundo

La respuesta del mercado superó las expectativas. Los pedidos llegaron primero desde distintas ciudades del país y después cruzaron la frontera: ya exportó a Argentina y España, y alista los primeros envíos a Estados Unidos.

El 12 de noviembre de 2025, Riquelme fue reconocido como Emprendedor del Año en un acto en el Teatro del Banco Central del Paraguay y presentó el primer reloj paraguayo.

El próximo desafío tiene nombre: “Vencer o morir”, una edición limitada de 50 unidades con los colores de la bandera nacional, maquinaria suiza y cristal de zafiro, pensada para el mercado mundial. Un reloj que busca ser, al mismo tiempo, producto de lujo y símbolo de identidad.

“El año que viene queremos competir en el Gran Premio de la Relojería de Ginebra, el Oscar de nuestra industria”, adelanta Riquelme.

“Vencer o morir”, edición limitada de 50 relojes.
“Vencer o morir”, edición limitada de 50 relojes.

La apuesta por una industria nacional

La estrategia se apoya en tres pilares: recomendación de clientes, presencia digital y formación del mercado. Las redes sociales muestran el proceso de fabricación y explican, pieza por pieza, por qué un reloj artesanal cuesta lo que cuesta.

Riquelme reconoce la fuerza industrial de China y la tradición relojera suiza. Pero no busca copiarlas. “No queremos copiar modelos extranjeros. Queremos crear una marca paraguaya con estándares internacionales”, afirma.

Por ahora, importa componentes de Suiza, Japón y Estados Unidos, países elegidos por su estándar de calidad. La meta de fondo es más ambiciosa: montar una fábrica propia y producir en Paraguay el cien por ciento de cada pieza, algo que hoy no existe en el país.

Es una apuesta de largo aliento, más cercana a la de un industrial que a la de un artesano. Y también una apuesta de marca país: si logra instalarse entre las firmas que exhiben sus relojes en Ginebra, Paraguay pasa a integrar, aunque sea con un pie, el mapa mundial de la alta relojería.

La historia muestra algo simple: una idea pequeña, bien ejecutada, también puede dar paso a una industria.