La élite paraguaya roza con el modelo que estancó a Argentina

151 países son evaluados no por su PIB sino por la calidad de sus élites políticas y empresariales en el Elite Quality Report 2026 de St. Gallen de Suiza.
151 países son evaluados no por su PIB sino por la calidad de sus élites políticas y empresariales en el Elite Quality Report 2026 de St. Gallen de Suiza. Nathalia Aguilar

Según el Elite Quality Report 2026, el poder de las élites paraguayas está entre los más concentrados del mundo (puesto 110 de 151-poder). Lo que todavía la salva de caer en la categoría rentista, la misma en la que el informe ubica a Argentina, es que sigue generando más valor del que extrae (puesto 68-valor). Paraguay se ubica en el puesto 86 de 151 países en el índice global, detrás de Uruguay (49) y Brasil (54), pero delante de Bolivia (102) y de Argentina que se hunde hasta el puesto 104.

Cada año, un grupo de economistas actualiza una base de datos que pocos conocen. La construyen con 148 indicadores sobre 151 países.

No mide crecimiento del PIB ni riesgo país. Mide si las élites de una nación, políticas y empresariales, con el poder que tienen, generan valor para el resto de la sociedad o simplemente lo extraen para su provecho.

El Elite Quality Index (EQx) es desarrollado por la Universidad de St. Gallen de Suiza, una de las escuelas de negocio más prestigiosas del mundo, junto a la Foundation for Value Creation, y SMS Latinoamérica como socio regional.

La edición de este año trae dos lecturas para Paraguay: el país mejora tres puestos respecto del año pasado, cae 61 en el subíndice de poder, pero sigue atrincherado en la mitad inferior de la tabla mundial.

Tipos de élites: de competitivas a rentistas

El EQx clasifica a las élites de cada país en cuatro categorías, según combinen mucho o poco poder con mucho o poco valor creado.

Las élites competitivas son el ideal: poder disperso entre muchos actores que compiten entre sí, lo que multiplica la innovación y el desarrollo económico.

Las élites ilustradas concentran el poder en pocas manos, pero eligen no extraer rentas y sostienen modelos de negocio que igual generan valor.

Las élites rentistas son el peor caso: poder concentrado que se usa exactamente para capturar rentas, con instituciones diseñadas a medida de quienes ya dominan.

Y las élites en pugna describen un poder disperso pero todavía inmaduro, donde varios grupos compiten por apropiarse de rentas sin que ninguno logre consolidar un modelo de creación de valor.

Dos poderes, una sola cifra

Para entender la metodología del índice, comparto un rápido contexto. Cada uno de los 12 pilares pertenece a una de las cuatro áreas del índice: Poder Político, Valor Político, Poder Económico y Valor Económico.

Los pilares analizan dimensiones específicas de la calidad de la élite. Cuando el EQx habla de Poder, no se refiere solo a quién controla los negocios, el subíndice se arma con dos grupos.

El Poder Político se refiere a las reglas del Estado, marco regulatorio, regulación del mercado laboral, corrupción, peso de las coaliciones sindicales y de la función pública. El Poder Económico se refiere al dominio de coaliciones empresariales y de grandes firmas sobre la economía, matizado por la “destrucción creativa” que generan el emprendimiento y el capital de riesgo.

Lo mismo aplica al subíndice de Valor, que combina Valor Político (redistribución estatal, deuda, ingresos no ganados) y Valor Económico (lo que se crea o se extrae en los mercados de productos, capital y trabajo).

Esa clasificación importa porque un país puede tener una élite política relativamente abierta y una élite económica mucho más extractiva, o viceversa.

Paraguay, entre élite ilustrada y rentista

El subíndice de Poder ubica a Paraguay en el puesto 110, y el subíndice de Valor en el puesto 68; mientras en el índice general en el puesto 86 de 151 países.

En el lado Poder Político, el país tiene resultados dispares. Captura del Estado: corrupción política y control de las reglas del juego por parte de coaliciones dominantes, ocupa el puesto 98. Captura Regulatoria, que mide si las normas de negocios sirven al interés general o a intereses particulares, cae al 85. En Captura Humana, el poder de las coaliciones laborales y de la función pública sobre las condiciones de trabajo sube al puesto 56.

En el lado Poder Económico es un bloque compacto y débil. En Dominio de Coaliciones, qué tan diversificada está la economía entre sectores, queda en el puesto 121. En Dominio de Firmas, qué porción del ingreso capturan las tres empresas más grandes de cada sector, cae al 119. En Destrucción Creativa, que mide si hay suficiente emprendimiento y capital de riesgo como para desafiar a los que ya dominan, se ubica en el 118.

El subíndice de Valor (puesto 68) esconde una asimetría todavía más marcada. Del lado de valor político, la distribución de ingresos, la redistribución estatal, subsidios, gasto social, está casi exacto en la mitad de la tabla mundial, puesto 74. Ingresos que no son del trabajo, que mide la dependencia de rentas de recursos naturales y de deuda pública, cae al 88. Pero, en obtención de ingresos, que mide cómo recauda el Estado, medido contra un punto óptimo de presión tributaria, como forma extrema de extracción de valor, se hunde al puesto 142 de 151. Es, por lejos, el peor de los doce pilares: el 8% más bajo de todo el ranking mundial.

Del lado económico, en cambio, hay buenas noticias. En Valor del Productor, el valor creado o extraído en el mercado de bienes y servicios, sube al puesto 48, el mejor resultado de Paraguay en cualquiera de los doce pilares. En Valor del Trabajo, desempleo, fuga de cerebros, llega al 54. Solo en Valor del Capital, que mide si el ahorro y la inversión crean o extraen valor vía los mercados financieros, vuelve a caer al puesto 95.

El perfil que queda no es el de una élite uniformemente extractiva. Es el de una élite empresarial concentrada, el bloque de Poder Económico, sin excepciones entre 118 y 121, y un Estado que recauda mal, el dato más grave de los doce, rodeado de varios pilares, sobre todo Producer Value y Labor Value, que funcionan mejor que el promedio del país.

El veredicto

Según el EQx26, Paraguay entra en la categoría de élite ilustrada. La clasificación surge de cruzar los dos puntajes del subíndice: Poder, en 42,9 sobre 100, por debajo del punto medio y, por lo tanto, del lado de un poder concentrado en pocos actores; y Valor, en 50,2, apenas por encima del punto neutro entre creación y extracción de riqueza.

EQx26
Las calificaciones de Paraguay en el índice de la universidad St. Gallen de Suiza que mide la calidad de las élites políticas y empresariales.

En resumen, las élites paraguayas que, pese a no repartir el poder, todavía generan más de lo que extraen.

El margen paraguayo es mínimo, apenas dos décimas por encima del empate técnico con la extracción pura.

Argentina tiene institucionalidad, pero no crea valor

Argentina permite ver con precisión, porque el informe le dedica un capítulo entero. Su Poder Político ocupa el puesto 39 de 151, una posición intermedia, que el informe interpreta como un sistema donde ningún grupo está totalmente excluido de la influencia. Su Poder Económico, en cambio, cae al puesto 60. Y su Valor Económico se hunde al puesto 137, uno de los peores del planeta.

Es decir: ni la política ni el negocio argentinos están entre los más concentrados del mundo. El problema no es que un pequeño grupo controle todo. El problema es que, con ese nivel moderado de poder, el sistema igual logra destruir valor a gran escala.

“La coordinación política existe, pero la creación de valor económico no la sigue”, resume en el informe Pablo San Martín, de SMS Latinoamérica, autor del capítulo dedicado a Argentina. El país atraviesa, según su análisis, un “estancamiento hegemónico”: los grupos de poder político y económico llegan a un pacto fiscal tácito que estabiliza sus posiciones a costa de la inversión y el ahorro.

Argentina cayó del puesto 70 en 2024 al 86 en 2025 y al 104 en 2026, tres años de deterioro sostenido. Su Valor de Capital ocupa el puesto 142 de 151, el mismo puesto exacto que Recaudación en Paraguay, aunque por una vía completamente distinta: ahí es el ahorro y la inversión los que se destruyen, no la recaudación estatal.

Paraguay no exhibe el patrón argentino. No es un caso de élites “ilustradas” que generan riqueza masiva pese a su poder concentrado, esa liga la integran países como Singapur o Suiza, pero tampoco encaja en el molde rentista de su vecino.

La paradoja uruguaya

Si Paraguay tiene un diagnóstico específico, Uruguay es contradictorio en bloque. El país mejor rankeado de la región vecina (puesto 49 global) exhibe el mejor subíndice de Poder de todo el Cono Sur, 31 en el mundo, con 57,9 puntos, reflejo de sus instituciones estables y su alternancia democrática.

Pero en el índice que mide el legado para las próximas generaciones, el NextGen Value Creation Barometer, Uruguay se desploma en dos variables: puesto 143 de 151 en Oportunidades Equitativas y 117 en Ecología y Capital Natural. Y en el Índice de Asequibilidad de Vivienda del informe, Uruguay queda último entre 73 países medidos, con apenas 1,9 puntos sobre 100.

Uruguay sí tiene, en cambio, uno de los mejores sistemas educativos del ranking: puesto 19 del mundo en Educación y Capital Humano. La lectura para el empresariado regional es clara: un poder político y económico relativamente disperso no alcanza si la vivienda y la desigualdad erosionan la base social del crecimiento.

EQx26
Clasificación regional en el EQx2026

Bolivia, la sorpresa

Bolivia ocupa el puesto 102 global, apenas dos lugares mejor que Argentina. Pero esconde el dato más inesperado de todo el informe regional: en el índice de Diversidad e Inclusión, Bolivia se ubica octavo en el mundo, con 67,9 puntos, por delante de economías como Francia, España o Estados Unidos.

Dentro del NGVCb, el pilar de Educación y Capital Humano coloca a Bolivia en el noveno puesto global, mejor posición que la de cualquiera de sus cuatro vecinos analizados en esta nota. Es un contraste brutal con su ranking general, arrastrado hacia abajo por Oportunidades Equitativas (puesto 107) y una Innovación tecnológica débil (puesto 92).

Brasil, el que más subió

Entre los cinco países , Brasil tuvo el mejor salto interanual: subió 18 puestos hasta el 54 global, apoyado en una mejora de ambos subíndices, Poder (44) y Valor (70).

También lidera con comodidad el índice de Inteligencia Artificial entre los cinco países, puesto 27 del mundo, muy por delante de Uruguay (54), Argentina (55), Paraguay (100) y Bolivia (101).

Un dato curioso para el sector inmobiliario: Brasil ocupa el sexto puesto mundial en Asequibilidad de Vivienda con 89 puntos sobre 100, contraste directo con el fondo de tabla que ocupa Uruguay en el mismo indicador.

Qué mirar en 2027

Ningún país de los cinco analizados aparece entre las “élites ilustradas” que combinan poder concentrado con alta creación de valor, el cuadrante que ocupan Singapur, Suiza o los países nórdicos. Tampoco hay un caso de “élites competitivas” puras, el estado más deseable según el marco del EQx.

Para el empresariado, el desglose por pilares deja una hoja de ruta más precisa. Primero, la concentración en el bloque de Poder Económico, Dominio de Coaliciones, de Firmas y Destrucción Creativa, los tres entre el puesto 118 y el 121, es una señal estructural: son tres formas distintas de medir lo mismo y las tres coinciden. Ahí está el mayor punto ciego de la economía paraguaya.

Segundo, la recaudación es el peor pilar de Paraguay, puesto 142 apunta directo a la política fiscal: cómo recauda el Estado, y con qué costo social. Es un problema identificable y, en principio, corregible con buena política pública, a diferencia de la concentración empresarial, que responde a dinámicas de mercado más lentas de revertir.

Tercero, y como contrapeso, Valor del Productor (48) y Valor del Trabajo (54) muestran que los mercados de bienes, servicios y trabajo paraguayos crean más valor del que extraen.

El EQx ofrece un mapa de cómo piensan y actúan las élites políticas y empresariales de cada país, saber exactamente cuáles de los doce engranajes están trabados y cuáles siguen girando bien.