Varios sectores participaron, el jueves en un encuentro con autoridades del gobierno sobre el acuerdo alcanzado recientemente entre UE y el Mercado Común del Sur. Los representantes de los productores valoraron el encuentro, pero sentaron algunos cuestionamientos en cuanto a las oportunidades que realmente ofrece.
El vicepresidente de la Federación Paraguaya de Madereros (Fepama), Diego Puente, señaló que la apertura del Ejecutivo es “fundamental y estratégica”, vista la envergadura del acuerdo.
Agregó que este espacio permitió que las preocupaciones del sector, especialmente las relacionadas con trazabilidad, legalidad del origen y cumplimiento de estándares ambientales internacionales sean abordadas con una mirada técnica y productiva.
En ese sentido, enfatizó la necesidad de que estas exigencias se traduzcan en sistemas de trazabilidad y georreferenciación ágiles y eficientes, que reconozcaan certificaciones internacionales ya reconocidas y eviten duplicaciones que compliquen los procesos.
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Envía señales de previsibilidad
“Desde Fepama esperamos resultados operativos que mejoren la competitividad del rubro, como la aceleración de las exportaciones forestales mediante la reducción de aranceles y barreras técnicas, además de una aplicación transparente y uniforme de las normas que fortalezcan la seguridad jurídica y la confianza institucional”, contó.
Asimismo, destacó que el acuerdo envía una señal de previsibilidad de largo plazo clave para atraer inversiones en el sector foresto-industrial.
Misma postura, tuvo Gilberto Osorio, presidente de la Cámara Paraguaya de Exportadores de Sésamo (Capexse), resaltó la participación de los gremios productivos en el proceso de negociación del acuerdo, aportando evaluaciones técnicas y acompañando los borradores del tratado.

El desafío la implementación
Indicó que el sésamo paraguayo ya cuenta con arancel cero en Europa, y que el objetivo es consolidar y ampliar la presencia en ese mercado, además de avanzar en proyectos de innovación e industrialización con inversiones europeas.
“La firma del acuerdo brinda mayor seguridad para negociar, aunque la fortaleza real del tratado se medirá en su implementación, evitando nuevas reglamentaciones que afecten la producción. Reconozco que mientras se mantengan condiciones adecuadas, Paraguay continuará proveyendo productos de calidad al mercado internacional”, agregó.
A su turno, Raúl Valdez presidente de la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro), afirmó que luego del encuentro de sectores económicos con el ejecutivo debe acelerarse la articulación de la agenda pública sobre la base de los desafíos del sector privado para el acceso a los mercados de la UE, en particular con la agroindustria, uno de los principales motores económicos del país.
Construir políticas
Dijo que el acuerdo debe servir como base para establecer políticas de desarrollo consensuadas, que fortalezcan la competitividad y consoliden a Paraguay como destino de inversión.
“Tenemos la necesidad de señales claras de previsibilidad para las industrias ya instaladas y para aquellas que evalúan invertir, señalando que la harina de soja es actualmente el principal producto industrial exportado a la Unión Europea”, apuntó.
El titular de la Cappro añadió que uno de los principales beneficios del acuerdo será el diseño de políticas públicas sostenibles a partir del trabajo conjunto entre el Estado y los gremios, con el objetivo de consensuar estándares de trazabilidad, marcos normativos estables y una defensa activa de los intereses del país en negociaciones complejas como la del acuerdo UE–Mercosur.
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Finalmente, el presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Biocap), Massimiano Corsi, consideró positivo el encuentro con el Ejecutivo en un contexto en el que el acuerdo aún enfrenta demoras institucionales en Europa y cuestionamientos ambientales. Señaló la importancia de avanzar con previsión, planificación y reglas claras para que el sector productivo pueda prepararse adecuadamente.
Indicó que para los biocombustibles se identifican oportunidades a través de asociaciones entre empresas del Mercosur y de Europa, siempre que la implementación contemple las asimetrías regionales y evite que nuevas exigencias ambientales se conviertan en barreras para la competitividad y el desarrollo del sector.
