¿Qué esconde el humo de cigarrillos?

Cada vez se hace más difícil a los cartistas defender a su líder. Frente a las interminables acusaciones que llueven de todas partes, y siempre por los mismos motivos –lavado de dinero y contrabando de cigarrillos- los fanáticos repiten que se trata de una persecución política.

Puede ser, desde siempre en nuestro país se han utilizado las más perversas armas contra el adversario. Pero en el caso de Cartes nadie de sus más fanáticos seguidores, ni el mismo Horacio Cartes, ni siquiera intentan demostrar que se trata de falsas denuncias las que se difunden.

La defensa no significa vociferar que se trata de inculpaciones calumniosas. Tiene que haber documentos creíbles que la respalden. Cartes es dueño de la mitad de los medios de comunicación del país, y en ninguno de ellos hemos visto el descargo documental acerca, por ejemplo, del voluminoso expediente que duerme una tranquila siesta en la fiscalía. Es cierto, la señora Quiñonez, que oficia de Fiscal General del Estado, no moverá un dedo porque se investiguen esos expedientes. Pero su contenido, o parte de él, se ha publicado con suficiencia.

El otro problema que tiene Cartes son sus defensores, o quienes tenían que defenderlo. Quienes se animan a mostrar la cara lo hacen terriblemente mal, como para que nadie los crea. Es más, en la supuesta defensa está la confesión de culpabilidad.

Los dos espadachines de Cartes -el candidato presidencial Santiago Peña y el diputado Basilio Núñez- no aciertan con sus embestidas. Acuden a argumentos muy débiles o sencillamente vacíos.

Peña y Nuñez –y tal vez algunos más- se limitan a negar las muchas acusaciones pero no demuestran que sean falsas. Peor aún, echan mano a un razonamiento francamente ingenuo cuando aseguran, en el caso del contrabando de cigarrillos, que la culpa es del Brasil. Aquí hay dos cosas: admiten la existencia del contrabando (es que no hay manera de negarla) y descargan la responsabilidad en las autoridades brasileñas.

El contrabando es un delito. Como tal, los ciudadanos estamos obligados a denunciar, a combatir. ¿Ignora Tabesa –la fábrica de cigarrillos de Cartes- que sus productos salen del país con atropello a las leyes? No, no lo ignora, a juzgar por los mismos defensores del delito que le culpan al Brasil. O sea, existe la delincuencia.

La otra justificación, igualmente ingenua, es que Tabesa llena las arcas del Estado con sus impuestos. Sí, paga mucho, pero no la empresa sino los fumadores a través de Tabesa. A estos fumadores –muchos de ellos dan la vida por fumar- les debemos esos ingresos al Estado. Pero hay más: ¿En la liquidación de impuestos a pagar figuran las cajetillas, que son millones, que salen de contrabando?

Acerca de la desmesurada suma de dinero que Santiago Peña recibe de Horacio Cartes, el candidato a la presidencia de la República denunció judicialmente a quien dio a conocer el hecho hasta entonces desconocido por la opinión pública. El señor Peña no tiene por qué enojarse, salvo que no pueda justificar el salario, la transacción comercial, lo que fuere. Él es un hombre público y su vida privada está bastante recortada. Aspira a la presidencia de la República y no le es permitido guardar bajo llave todo aquello que los electores deben conocer.

Recibir dinero del patrón no es delito. Pero si la suma es descomunal, y la moral del patrón está siempre en entredicho, el que debe ser denunciado no es el que asumió su deber ciudadano. Es el otro.

Hasta el momento, la defensa de Cartes lo hunde cada vez más. Por ejemplo ¿por qué los cartistas impiden el control de las tabacaleras? ¿Esta oposición no es suficiente motivo para sospechar, al menos, que los cigarrillos lanzan humo para esconder quien sabe qué delitos?

alcibiades@abc.com.py

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