La sociedad de los políticos enriquecidos

Los cortes demostraron que nuestro sistema eléctrico no es confiable. Itaipú genera energía suficiente (por ahora), pero los sucesivos gobiernos no se preocuparon de asegurar que dicha energía llegue a destino. Itaipú originó también fondos para posibilitar tal seguridad, pero los mismos terminaron enriqueciendo a la ubicua clientela politiquera.

Para Brasil, Itaipú significó el desarrollo de polos industriales. Para el Paraguay, supuso el desarrollo de una sociedad de nuevos ricos.

La inmensa cantidad de energía sirvió de bien poco a nuestro país. Se logró que lo producido por Itaipú nos perteneciera en un 50%, pero eso no se reflejó en la práctica. A la oligarquía estronista no le interesó usar nuestra energía. La idea era malvenderla al Brasil, porque, por más que Brasilia pagara por debajo del precio real, esa gigantesca cantidad de plata venía y se repartía alegremente.

Itaipú apuró el fin del Paraguay austero, en el que la honestidad era un sello, para dar paso al país consumista, codicioso, egoísta, ostentoso. Cada capitoste se regodeaba en exhibir impúdicamente lo que manoteaba del erario. También fue el impulso de la corrupción sistematizada. No debía haber funcionario honesto. Todos debían convertirse en cómplices del saqueo instaurado.

Si en la primera década de este siglo Lula no hubiese acordado con Fernando Lugo la financiación de la línea de 500 kV, ni eso hubiéramos tenido aún.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Itaipú debió habernos dado seguridad energética para sustentar el desarrollo integral del Paraguay. Los politiqueros lo impidieron. Estos mismos blindaron la corrupción en Itaipú prohibiendo todo control sobre sus fondos.

Así, los llamados “gastos sociales”, que en el 2025 habrían superado los 1.260 millones de dólares, son una gigantesca boca de salida de dinero sin intervención oficial alguna.

Los royalties y compensaciones terminaron evaporándose en aventuras fallidas, como el Fonacide, por ejemplo, que solo posibilitó el enriquecimiento desvergonzado de gobernadores, intendentes municipales y funcionarios de diversa ralea mientras escuelas y colegios se caían a pedazos en diferentes regiones, como metáforas grotescas de nuestro país. Supuestamente, parte del Fonacide debía ir destinada a la infraestructura educativa.

Los “gastos sociales” son combustible de la corrupción, del clientelismo. Si hubiésemos tenido gobiernos medianamente patrióticos, Itaipú debió de cambiar totalmente la historia del Paraguay, pero sirvió más para elevar el estatus económico de pícaros cortesanos de los círculos de poder.

De Itaipú a ahora —por imperio del mal ejemplo—, no hay político pobre ni funcionario satisfecho con su salario. Súbitamente brotan fortunas insólitas, como desde el cajón de un mago.

Un exfuncionario de tercer rango le regala un Maserati de 100.000 dólares a su esposa. El presidente de Petropar recorre el planeta besuqueándose con su amante diputada mientras la Contraloría registra desvíos de fondos de la entidad a su cuenta particular. Vyrezas, diría Lucho González.

Con calor y bronca, la ciudadanía abomina hoy de esta sociedad de parásitos enriquecidos que nos condena a la oscuridad y la pobreza.

Que para el Paraguay brille la luz perpetua. Sin cortes.

nerifarina@gmail.com