25 de julio de 2026

El nacimiento de los gastos sociales ocurrió en la época del Dr. Federico Zayas, cuando ejercía la dirección general paraguaya en Itaipú. Fue en el año 2001 y empezó con una cifra discreta, algo así como US$ 3 millones anuales. Se podía interpretar como válido dentro del concepto mundial de la “responsabilidad social” de las empresas. Algo nuevo por entonces.

Los cortes demostraron que nuestro sistema eléctrico no es confiable. Itaipú genera energía suficiente (por ahora), pero los sucesivos gobiernos no se preocuparon de asegurar que dicha energía llegue a destino. Itaipú originó también fondos para posibilitar tal seguridad, pero los mismos terminaron enriqueciendo a la ubicua clientela politiquera.

Mientras el asesor de comunicación de Itaipú, José Luis Rodríguez Tornaco, desglosa cifras astronómicas en obras y salud, la transparencia real queda delegada a entes satélites como la Fundación Tesãi y el Parque Tecnológico Itaipú (PTI). El presupuesto paralelo que maneja la binacional sigue operando fuera del control parlamentario bajo el rótulo de “inversión social”.

La Itaipú Binacional reportó una inversión de US$ 490 millones en salud y seguridad durante el 2025. Mientras el Gobierno celebra estas cifras como “estratégicas”, sectores de la oposición y la prensa -tanto local como brasileña- denuncian que estos fondos operan bajo una total falta de transparencia, fuera del control de la Contraloría y con un fuerte tinte electoralista.

A diferencia de desembolsos anteriores enfocados en salud, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) procesa hoy pagos mayoritariamente para el Ministerio de Obras Públicas (MOPC) en concepto de inversiones, así como transferencias corrientes para el Ministerio de Desarrollo Social y gastos operativos de la Presidencia.

Los gastos externos al costo real de Itaipú siguen siendo blancos de severos cuestionamientos a través de la prensa brasileña. El medio Valor Económico, en ese marco, mencionaba la última semana los 1300 millones de reales que la binacional invirtió en la COP 30, específicamente en obras de infraestructura de Belém, ciudad que albergó esta conferencia sobre cambio climático.