Gran obra, gran improvisación

El Puente de la Integración, que une Presidente Franco (Paraguay) con Foz de Yguazú (Brasil), fue concluido en diciembre de 2022 y, hasta la fecha, sigue sin operar a plenitud. Hasta ahora, solo para el paso de buses y camiones y en horarios limitados.

Desde el lunes pasado se avanzó a una nueva fase de habilitación, que permite el tránsito de camiones de carga bajo la modalidad de despacho menor, buses internacionales de corta distancia y la ampliación de los horarios para los vehículos que ya circulaban por el nuevo paso fronterizo.

Sin embargo, como ocurrió en ocasiones anteriores, esta nueva etapa llegó rodeado de dudas y desinformación.

La principal falencia es que las calles y avenidas de acceso aún no están adecuadas para soportar el tránsito previsto.

La falta de información incluso generó una verdadera confusión entre los pobladores, quienes manejaban versiones de que varias calles y avenidas pasarían a ser de sentido único y que la avenida Bernardino Caballero quedaría bajo administración del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC).

Pese a los reiterados pedidos de informes y reclamos, el Gobierno central no brindó respuestas y finalmente tal cosa no ocurrió.

Los organismos involucrados no socializan las informaciones con las autoridades locales ni con la ciudadanía, alimentando aún más la incertidumbre y la preocupación sobre el funcionamiento del puente.

Desde su inicio, el Puente de la Integración se convirtió en un símbolo de la improvisación.

Resulta inaceptable que una obra de semejante envergadura haya sido inaugurada sin que las obras complementarias avanzaran al mismo ritmo.

Para que el paso fronterizo funcione plenamente aún falta concluir el puente sobre el río Monday, cuya terminación está prevista recién para el próximo año, casi cuatro años después de la finalización del puente principal.

Una infraestructura de esta magnitud debía representar planificación, eficiencia e integración entre ambos países. Sin embargo, la falta de coordinación, comunicación y previsión terminó convirtiendo una obra estratégica en un ejemplo de cómo una gran inversión puede perder parte de su impacto cuando la improvisación reemplaza a la planificación.

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