El Quincho y la balada del amor herido

Los amores eternos duran poco. Especialmente en política. Ahí resisten hasta que el desgaste nos separe. El romance (político) entre Horacio Cartes y Santiago Peña duró lo suficiente como para empezar a agotarse.

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Entre otras cosas, la salud pública y la falta de gestión gubernamental al respecto fastidia a Cartes. Se lo volvió a advertir a Peña, “respetuosamente”, el viernes.

Apreciado presidente, también considero mi deber reiterarle una de las principales preocupaciones que hoy nos exige nuestro pueblo: la situación de la salud pública”. Esto se lo dijo Cartes a Peña en el acto de celebración del aniversario de la ANR. Y hay una palabra clave: “reiterarle”. Suena a “ya te lo dije y aún no me hiciste caso”.

Cuando está en juego la salud de nuestro pueblo no hay margen para postergar”, apostó más Cartes en un tono diligentemente imperativo.

Cartes tiene espíritu de patrón, y en política ese espíritu se agudiza. Requiere obediencia absoluta. Cartes se siente por encima de Peña. En las ceremonias en las que asisten ambos las mayores atenciones “protocolares” las lleva Cartes.

En la presidencia de la República, él le dio a Peña espacios de autonomía, esencialmente en lo económico. En otras decisiones Peña tiene la lapicera, pero Cartes esgrime el cuchillo de hoja ancha para cortar el bacalao.

Apareció Gustavo Leite con sus podcasts críticos al gobierno. La palabra de Leite es el pensamiento de Cartes. El Jefe ya venía ofuscado por las deudas exorbitantes y la falta de medicamentos en hospitales públicos, temas sensibles en la proximidad de elecciones. A Cartes incomodó el triunfalismo en números de Peña en su informe a la ANR, cuando que luego se sabría que dichos números eran papel y la realidad, otra.

Un factor más para “herir el corazón del Jefe”: le susurraban al oído que “el banco ese vuela demasiado; está por tragarnos a todos”.

Airado por tantos problemas sin resolver, Cartes ordenó abordar lo que le dijeron es un avasallador engendro “promovido” por Peña. Su artillería apuntó al banco ese, de indisimulada afinidad con don Santiago. El anillo más ajustado del Quincho preparó, con regladores de tiro muy competentes, un pedido de informes que consta de 31 preguntas rigurosamente calibradas al Banco Central sobre el banco de marras. ¡Ojo! El presidente del BCP, que asumió en 2023 con anuencia del Senado, es Carlos Carvallo, justamente extitular de la entidad financiera señalada: un tópico de puerta giratoria permitido por el propio cartismo. Desde aquel tiempo el tal banco creció de manera asombrosa.

Algunos opositores piden no politizar el asunto. Pero sin la política, ese banco hubiera seguido siendo una gris financiera. Es un asunto político.

Y un caso que puede cerrar un amor y abrir una herida. Los desamores en el poder son casi siempre desamores por negocios. En política no hay amor eterno ni negocio que no ocasione celos.

En algún momento llegan el desgaste y la ruptura. Y quizá un nuevo amor.

nerifarina@gmail.com