Promovió a Santiago Peña y a Pedro Alliana a la posición en que hoy se encuentran el presidente y el vicepresidente de la República, y a otras figuras como Camilo Pérez, actual candidato colorado a la intendencia de Asunción, lo cual demuestra su percepción del electorado.
Al promover a Santi y a Pedro a la presidencia y vicepresidencia de la República, Horacio requería, para mantener su hegemonía e influencia, que el poder que sus cargos conferían a Santi y a Pedro fuera condicional: Un presidente y un vicepresidente débiles, dependen de Horacio para sobrevivir. Es lo que ya trató de hacer Horacio con Mario Abdo Benítez, Marito, con el tema del juicio político por las actas de Itaipú.
Un presidente y un vicepresidente legitimados por el triunfo electoral de ese 30 de abril, y por una gestión que produce un crecimiento continuado de la economía, le restaban a Horacio su poder e influencia sobre el Ejecutivo por la sencilla y obvia razón de que generan, el triunfo electoral y la gestión, un desarrollo autónomo.
Esa es la razón por la que la narrativa de “santítere” con la que se ha estado deslegitimando la gestión de Santi desde el 30 de abril de 2023 le convenía a él, a Horacio, más que a nadie.
Con Santi no podía usar, al menos al principio, ningún evento como el acta de Marito, por ser su promovido, pero sí un proceso contínuo de deslegitimación: “Santítere”.
Pero parece que Santi no es tan bobo como lo pintan los autores de esa narrativa y sabía, tanto como Horacio, todo lo anterior. Y parece que actuó en consecuencia, creando sus propias bases de sustentación.
Luego vino la relegitimación electoral del gobierno en las internas del 7 de junio, que dejó en evidencia que el proceso de deslegitimación fracasó rotundamente.
Supongo que fue por eso que los senadores del círculo íntimo de Horacio presentaron en el Senado el tema de “ueno bank”, como si hubieran descubierto recién ahora lo que se está publicando hace bastante tiempo.
Es para repetir el tema del acta de Marito y tratar de domesticar a Santi. Pero además, las cápitis diminutio por el tema de Salud y, por último, la cápitis diminutio a Pedro al decir públicamente que él, y no Pedro, tiene la última palabra en la elección de su compañero de fórmula para las elecciones de 2028.
No hay que ser premio Nóbel para entenderlo. Hay que contestar una pregunta simple: ¿Podría Horacio dominar a Santi y a Pedro si ellos no fueran débiles y dependientes?
Cuando se contesta esa pregunta se entiende quiénes jugaron para Horacio todo este tiempo.
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