No había duda alguna sobre el tema que inmediatamente dominaría la tertulia: el enfrentamiento de Horacio Cartes con Santiago Peña y Pedro Alliana, y su reunión con su enemigo público número uno: Mario Abdo.
–Cría cuervos y te sacarán los ojos– disparó uno de los de la mesa, argumentando que el presidente y el vicepresidente fueron malagradecidos con quien los llevó al poder.
–Probó de su propia medicina– le retrucó otro, alegando que en algún momento era natural que, ejerciendo el poder y teniendo acceso a otras generosas fuentes de financiación, los apadrinados por el expresidente decidieran tomar camino propio.
–Fue una semana divertida para ver cómo muchos no sabían para donde disparar– exclamó riéndose uno más, al recordar cómo en las redes sociales y los medios de comunicación se difundían contradicciones y desconciertos de quienes aún no sabían qué camino tomar.
–Se agotaron las veletas y las calculadoras– ironizó alguien más, desatando la risa generalizada en la mesa, y la curiosidad de qué es lo que harían aquellos que le deben favores al expresidente, pero se sienten tentados a saltar al barco del Ejecutivo.
El grupo coincidió en que hasta ahora, en la demostración de poder, la pulseada la ganan los del gobierno, al exhibir el apoyo de 15 gobernadores, un grupo de diputados, y concejales e intendentes electos y reelectos para administrar sus municipios desde el 3 de noviembre.
Mientras que el expresidente se mostró en la mesa del quincho, rodeado de un primer círculo que al parecer ni siquiera estaba totalmente cerrado en ese momento, a juzgar por la conducta enigmática del presidente del Senado tras la reunión.
El de las veletas y calculadoras estaba cargado de ponzoñosa ironía, porque también recordó que escuchó en la radio el comentario de que para no extrañar las siglas de su exmovimiento, los “rebeldes” deberían llamar al nuevo movimiento: Hambre Cero.
–Va a ser lapicera contra billetera– sentenció el primero. La de la administración del Estado y los recursos públicos, frente a lo que esté dispuesto a poner Cartes para la batalla– agregó.
El tema que desató el inmediato guarará en la mesa fue el de la reunión de Cartes con Mario Abdo.
Mientras para algunos era lógico que Cartes moviera esa pieza por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, otros expusieron que el gesto sería perjudicial para él, porque hasta hace unos días nada más los cartistas acusaban a Abdo de haber maniobrado para conseguir que el gobierno estadounidense impusiera duras sanciones económicas a las empresas del expresidente.
El profe, quien como siempre escuchaba a todos antes de dar su opinión, se preparó para hablar, generando la inmediata atención de toda la mesa.
–Creo que el primer error que cometemos es plantear que la conducta política está motivada por valores o principios. Por el deber ser. Sí, es lo que nos gustaría probablemente, pero acá hay una lucha por el poder y los intereses que va mucho más allá.
–Es la real politik –siguió diciendo, ante la atenta mirada del grupo–, esa idea de puro pragmatismo surgida en el siglo diecinueve, que fue promovida por el canciller Otto von Bismarck, sirvió para unificar Alemania negociando incluso con antiguos enemigos. “La política es el arte de lo posible”, respondía cuando le consultaban sobre las críticas de los idealistas que le cuestionaban negociar con antiguos adversarios como Austria o Rusia. Por eso es que plantear esto desde los valores puede ser muy idealista –sentenció.
–Ah, y no se preocupen, que el sainete que ya conocemos se va a repetir una vez más; vamos a ver al Partido Colorado presentándose como gobierno y oposición una vez más, con el discurso de “nosotros no tenemos nada que ver lo que se está haciendo” y “necesitamos un cambio”, como si los suyos no estuviesen en el poder desde hace más de 70 años, con un brevísimo e incidentado paréntesis –remató el profe, ante el silencio del grupo que solo se rompió cuando uno de ellos pidió otra ronda más, bien helada.
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