La explicación no es misteriosa ni “mágica”. El cuerpo humano prioriza funciones vitales cuando el líquido escasea. En estados de deshidratación, aunque sean leves, puede reducirse la producción de fluidos en distintas mucosas y empeorar la sensación de sequedad en tejidos sensibles.
La vagina y la vulva, por su alta vascularización y delicado equilibrio de humedad, no son una excepción. Además, la deshidratación puede elevar la percepción de fatiga y malestar, factores que influyen de forma indirecta en el deseo y la respuesta sexual.
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Qué pasa en el cuerpo cuando falta agua
La lubricación vaginal depende de varios mecanismos: el aumento del flujo sanguíneo durante la excitación, la transudación (paso de líquido a través de la pared vaginal) y la contribución del moco cervical, que cambia a lo largo del ciclo menstrual.

Si el organismo está corto de agua, la regulación de líquidos y electrolitos se vuelve más estricta, lo que puede traducirse en menor humedad general en mucosas y una excitación menos confortable.
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No se trata de afirmar que “beber más agua” resuelve por sí solo la sequedad vaginal, un síntoma que puede tener múltiples causas. Pero sí de reconocer que una hidratación insuficiente puede empeorarla o hacerla más notoria, especialmente en contextos de estrés, calor, ejercicio, consumo de alcohol o uso de diuréticos.
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La sequedad no siempre es falta de deseo
La falta de lubricación no necesariamente significa desinterés sexual.
En muchas personas, la respuesta genital no acompaña de manera lineal al deseo. Y, además, existen causas médicas frecuentes: cambios hormonales (posparto, lactancia, perimenopausia y menopausia), anticonceptivos, algunos antidepresivos, antihistamínicos, tratamientos oncológicos, tabaquismo o condiciones como el síndrome genitourinario de la menopausia.
En estos casos, insistir en “relajarse” o “ponerle ganas” puede aumentar la ansiedad y empeorar el problema. Lo más útil suele ser identificar el origen, ajustar hábitos y, cuando corresponde, buscar asesoramiento profesional.
Qué puede ayudar (y qué no)
Mantener una hidratación adecuada es una medida de base: no solo por el confort sexual, sino por salud general. La guía práctica más sencilla es observar señales corporales (sed, orina muy oscura, boca seca) y aumentar la ingesta de agua, especialmente si hay calor o actividad física. El alcohol merece mención aparte: favorece la deshidratación y puede reducir la respuesta de excitación en algunas personas.
Si hay molestias, ardor o dolor durante las relaciones, los lubricantes a base de agua o silicona pueden mejorar el confort de forma inmediata.
También existen hidratantes vaginales de uso regular.
Y si el síntoma es persistente, aparece sangrado, o hay dolor que limita la actividad sexual, conviene consultar con ginecología o sexología clínica: la sequedad puede tratarse, pero primero debe entenderse su causa.
La conexión entre agua y placer no es un eslogan. Es un recordatorio: en sexualidad, lo básico —dormir, comer, manejar el estrés y beber suficiente agua— también cuenta.
