23 de octubre de 2026

En el marco de la investigación realizada por el Ministerio Público en caso “Red Desinformante”, una campaña oficialista para perseguir y desprestigiar a opositores y periodistas críticos, hoy declaró el periodista de ABC Color Leonardo Gómez Berniga ante las fiscales Marlene González y Laura Giacumo.

La Fiscalía convocó este lunes 28 al diputado opositor Raúl Benítez (Independiente) para declarar en carácter de testigo en el marco de la Causa Penal por el presunto uso de dinero público en la “campaña sucia” en redes sociales en contra de críticos al gobierno de Santiago Peña, a través de cuentas que a la par hacía propaganda de programas estatales.

El pasado jueves 27 de agosto venció el plazo inicial otorgado al Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic) para responder al pedido de informe de la Cámara de Senadores acerca de las campañas publicitarias ejecutadas por el Gobierno de Santiago Peña a través de Itaipú Binacional, el Programa de Naciones Unidas (PNUD) u otros entes, sospechadas de estar ligadas a La Red Desinformante. A pesar de prórroga otorgada, aún no responden.

Desde hace días opera una campaña sincronizada de ataques, vía X, contra la reputación del Sindicato Nacional de Médicos (Sinamed) y su secretaria general, Rossana González. Coincidencias entre cuentas falsas en X y un chat en el celular de Yecika Bracho apuntarían a la Agencia Azafrán SA y a las páginas integrantes de La Red Desinformante.

La defensa de Christian Chena presentó una denuncia ante el Consejo de Superintendencia de la Corte para investigar una presunta filtración de información judicial en la causa vinculada a “La Red Desinformante”.
Hay crímenes que cambian de vestimenta, pero no de esencia. En los años de plomo, cuando el Paraguay se asfixiaba bajo el peso de una dictadura que convertía la disidencia en delito, a los opositores se les llamaba “subversivos” o “comunistas”. Bastaban esas palabras para justificar el secuestro, la tortura, el silenciamiento definitivo. Bastaba que una persona portara barba para ser considerado súbdito de Fidel Castro. El objetivo no era solo eliminar a un hombre o a una mujer: era cortar de raíz el libre flujo de la información, sembrar el miedo para que nadie más se atreviera a hablar, a denunciar, a mirar de frente. Hoy los métodos se han sofisticado. Ya no hacen falta sótanos ni picana. Bastan una agencia de fachada, un puñado de chips prepago comprados a nombre de terceros, una notebook conectada a una VPN y unos cuantos millones de guaraníes en pauta digital. Se construye una red de páginas que no informan: envenenan. Se fabrican calumnias con inteligencia artificial, se viralizan mentiras pagadas y se apunta, con precisión quirúrgica, a periodistas, medios independientes, empresarios que denuncian corrupción y cualquier voz que se atreva a levantar la cabeza crítica.