El inminente reajuste del salario mínimo en Paraguay vuelve a instalar la discusión recurrente de si el mecanismo de actualización refleja realmente el costo de vida de los trabajadores.
En ese sentido, este miércoles a las 15:00, en la sede Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (Mtess) ubicada en las calles Herrera casi Paraguarí, de Asunción, se reunirá por quinta vez el Consejo Nacional de Salarios Mínimos (Conasam), con el fin de que los sectores de empleadores, trabajadores y autoridades puedan llegar a un acuerdo sobre el reajuste que tendrá este año la remuneración mínima.
Sobre el punto, el economista Wildo González conversó con ABC y explicó que siempre lo recomendable para lograr el reajuste del salario mínimo es vincular la metodología a la inflación. A su criterio, incorporar otros componentes, como el precio de los alimentos, podría generar distorsiones debido a su alta volatilidad.
“Los alimentos pueden subir significativamente un año y caer al siguiente. Si el salario se ajusta por esos movimientos extraordinarios, después nadie aceptaría una reducción cuando los precios bajen. Nadie va a estar feliz que se baje el salario nuevamente porque los alimentos bajaron”, explicó.
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Un salario de entrada
El economista considera que el salario mínimo debe entenderse principalmente como un salario de ingreso al mercado laboral para trabajadores con escasa experiencia o baja calificación. A partir de ese piso, señaló, debería construirse una estructura salarial vinculada a factores como educación, capacitación, productividad y experiencia.
No obstante, reconoció que la realidad paraguaya presenta desafíos adicionales. Una parte importante de los trabajadores percibe ingresos inferiores al salario mínimo legal. “Hay casos de abusos en los que se aprovecha el tema del salario mínimo y no se paga probablemente más de lo que tenga que ser. A la vez hay que recordar que tenemos una baja productividad en mano de obra”, dijo.
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El problema estructural: productividad estancada
Según González, la discusión salarial suele enfocarse en los montos a pagar por el empleador, mientras se deja de lado la verdadera variable que determina la capacidad de generar mejores ingresos que es la productividad del trabajo.

En ese sentido, advirtió que Paraguay lleva años sin reformas laborales profundas que permitan elevar la eficiencia de la mano de obra y acompañar los cambios productivos de la economía. “La economía puede crecer, pero si la productividad laboral no aumenta, los ingresos de las familias seguirán siendo insuficientes”, sostuvo.
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Capital humano y educación
Para el economista, cualquier estrategia de mejora salarial sostenible pasa necesariamente por fortalecer el capital humano. “Si bien tenemos trabajadores muy brillantes, no lo tenemos de manera suficiente para todos los sectores. Si es que el país tiene mucha gente productiva eso le arrastra al resto y es eso lo que no estamos teniendo”, resaltó.
González finalmente reiteró que el debate del salario mínimo debería complementarse con una agenda de reformas orientadas a mejorar la educación, la capacitación técnica y las competencias laborales de las personas.
