Un artículo del medio internacional resalta que Paraguay vive un momento clave gracias a la llegada masiva de capitales y extranjeros, impulsados por la estabilidad macroeconómica del país. Sin embargo, el reporte advierte que la corrupción endémica y la falta de infraestructura amenazan con frenar de golpe este crecimiento.
El impacto se nota a simple vista en el aeropuerto Silvio Pettirossi, que pasó de ser una terminal tranquila a estar desbordada por inversores y viajeros, según relatos citados por el medio The Economist . El país recibió 3,7 millones de visitantes en un solo año, casi el doble que en 2024, mientras que las solicitudes de residencia se dispararon un 63%, alcanzando la cifra récord de 47.600 trámites.
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La nota señala que esta atracción responde a dos décadas de prudencia fiscal, control de la inflación y un atractivo esquema tributario del “10-10-10”, sumado al régimen de maquila.
Según The Economist, la reciente obtención del grado de inversión y el acceso sin aranceles al Mercosur han motivado a empresas regionales a trasladar sus fábricas al país, impulsando un crecimiento económico del 6,6%.
Las severas limitaciones en infraestructura y educación
Pese al entusiasmo inicial, The Economist enfatiza que la meta de alcanzar un desarrollo sostenible sigue distante. Uno de cada cinco paraguayos aún vive en la pobreza y la matriz productiva continúa dependiendo fuertemente de la agricultura, ya que los productos manufacturados de maquila apenas representan el 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB).

La falta de obras clave es un gran cuello de botella: solo el 16% de las carreteras está pavimentada, lo que encarece los envíos al exterior, y la navegabilidad de los ríos se ve afectada por severas sequías. Además, el informe menciona los frecuentes cortes de energía y cita evaluaciones internacionales que señalan que los estudiantes paraguayos están entre los de peor rendimiento de la región debido a la baja inversión pública en educación.
Para superar estas trabas y modernizar sus redes de transporte y energía hasta el 2030, el país necesitará unos 10.000 millones de dólares. Sin embargo, el margen para financiar estas obras con dinero público es mínimo, ya que la recaudación fiscal es de solo el 16% del PIB, una de las más bajas de América Latina, acotada por una amplia economía informal.
La corrupción e impunidad como el verdadero freno al desarrollo
En su crítica más contundente, The Economist advierte que el principal obstáculo para financiar estas mejoras no es solo la falta de recursos, sino la debilidad de las instituciones. Elevar los impuestos resulta inviable porque la ciudadanía no confía en la gestión del Estado, mientras que subir los tributos destruiría el mayor atractivo para la inversión privada: los bajos costos.
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Aunque endeudarse o buscar alianzas privado-públicas son opciones viables gracias al grado de inversión, el medio resalta que Paraguay se ubica en el puesto 150 de 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. Sin garantías de transparencia e instituciones confiables, los inversores privados dudarán en arriesgar su dinero en proyectos de gran envergadura.
El artículo concluye que simplificar trámites o recortar impuestos no servirá de nada si no se ataca de raíz la cultura del soborno y la impunidad. Para The Economist, combatir la corrupción no es una opción secundaria, sino la condición indispensable para evitar que la oportunidad histórica del país se diluya.
