Una cierta tendencia en las artes paraguayas financiadas: Cine, teatro y disenso

Los vestigios dictatoriales aún permean las estructuras culturales en Paraguay, escribe el cineasta Federico Adorno en este artículo que habla, entre otras cosas, de la necesidad de la disidencia.

Movilización en reclamo de subsidio a los artistas, Asunción, Paraguay.
Movilización en reclamo de subsidio a los artistas, Asunción, Paraguay.gentileza

¿Es posible limitar el impulso creador a una sola categoría? En Paraguay existen, ciertamente, obras y creaciones que se alejan del canon establecido, pero no es menos cierto que también existen obras y creaciones que se insertan dentro de cierta tendencia hegemónica, que permite categorizarlas: las financiadas. Estas creaciones paraguayas financiadas no serían posibles sin un decidido apoyo económico de las instancias estatales, con fondos indignos, claro, pero fondos al fin y al cabo.

Mencionando primeramente el caso del cine paraguayo burgués que se ha instalado como insignia y orgullo de la creación paraguaya, le ha sido fácil realizarse debido –y para no ser injustos– al esfuerzo de sus hacedores, pero el acceso al financiamiento internacional se debe mayormente a realizadores de clase media alta que conocen de inglés, que son viajados y a los que elaborar una planilla de Excel no les genera mayor dificultad. Todos los demás, a pesar de que luchan por crear, no tienen acceso sino a referencias mediocres, y la entrada al financiamiento internacional, por lo tanto, se les muestra esquiva.

No quisiera entrar en el tema de las artes escénicas para no ser voceado, pero es imposible que no las mencione y, para no tratar a sus representantes de proletarios, los señalaría más bien como una tribu urbana, porque en el interior, si bien existen, las puestas no dejan de ser algo amateur o escolares, y esto es terriblemente injusto. Esta tribu urbana, mayormente asuncena, a base de mucho esfuerzo y precariedades, ha consolidado espacios autogestionados y muchas veces obras para realizar las cuales el financiamiento estatal les ha sido esquivo o han recibido migajas, lo que no les permite una puesta en escena como las que han ideado.

Estas tribus urbanas relegadas en el acceso han tenido que dejar de depender del aporte estatal, del Fondec, por ejemplo, para decirlo rápido y pronto. Muchos pasan horas y días armando proyectos burocráticos para finalmente no tener parte en el reparto del financiamiento, que les permitiría dejar de lado, al menos por un rato, el quebranto de las cuentas o de la imposibilidad de una creación acorde que les ha quitado horas de sueño. Me han dicho que actores y actrices históricamente han luchado y protestado tanto que hoy día ya no les quedan fuerzas más que para sobrevivir y sentir que están creando. Este país tan injusto ha dejado de lado a generaciones enteras en el olvido, y tal vez las condiciones actuales, más urbanitas, de los ciudadanos han hecho que estas tribus dejen de depender del financiamiento que un Fondec les pueda adjudicar.

Mi ignorancia y conciencia de clase me impiden entrar en el terreno de lo proletario, porque lo desconozco. Si bien desde el Fondec y otros fondos o instituciones enarbolamos lo popular, la imagen del que con manos laboriosas y sacrificadas talla o moldea su arte, del que sirve para posar sonrientes en el muro de las redes sociales, del que redime el alma de la vergüenza de una alta condición social. Para aquel que, desde la rectoría de la cultura y las artes, considera que lo único valedero y digno de apoyo es cierto arte (o artesanía) que siga la línea del ser paraguayo, la raza mbareté, lo originario, frente al peligro de aquel artista que intente desde lo más profundo traer una propuesta diferente. Tal vez sean indicios latentes de cierto nacionalismo paraguayo que deja a las verdaderas clases populares, como siempre, invisibilizadas y en el atraso.

Existen proyectos muy buenos, de alto nivel, pero el presupuesto ya no alcanza y se priorizan proyectos –al menos desde el Fondec, y bajo la supuesta resolución de descentralizar– que no hacen otra cosa que marginar propuestas coherentes e innovadoras frente a una visión más tradicionalista y folclórica. Hablemos claro: más conservadora. Todo aquello que intente ser diferente sirve para destruir nuestra forma tradicional de vida, nuestras costumbres y sentimientos religiosos, Calé dixit.

Todo esto es complejo de escribir y hablar porque desde la institución de la que formo parte en cierta forma hay una apropiación del arte popular, de minorías históricamente oprimidas para, supuestamente, reivindicarlas, pero de las cuales quienes verdaderamente están en el poder hacen uso para seguir manteniendo cierto nacionalismo paraguayo que nos arrastra y sigue dejando a generaciones de artistas en la penuria y el olvido. Y esto tampoco es una defensa del arte erudito frente a manifestaciones artísticas premodernas; solo es una descripción de actitudes con el propósito de permitirnos cambiar para lo que se viene.

Quiérase o no, el Fondec, y bajo la irresponsabilidad de sus sucesivos consejeros, ha moldeado la producción teatral local, y hoy día tenemos algunos libretos de entre cinco y diez páginas con una adjudicación promedio de entre quince y veinte millones. Y no me refiero a obras de creación colectiva, o más o menos experimentales. Hablo de una tendencia a reiterar el estado en que las artes escénicas se mueven; hay, siento, un adormecimiento, o tal vez han sido ganados por el cansancio de vivir bajo un Estado que pone trabas a la creación plena.

Es verdad que ingresaron más de cuatrocientos proyectos solo en este año y que la institución ha quedado desfasada presupuestariamente, pero si la institución funcionase verdaderamente, muchos proyectos en concurso se hubiesen encaminado a crear obras significativas y que perduren. Hay mucho esfuerzo, pero el dinero no alcanza para los creadores, que se ven obligados a renunciar a formas artísticas en las que se han formado o intentan llevar a cabo. El financiamiento se crea, así, un rol de contralor en la creación para que las artes escénicas no se luzcan y muestren toda su fuerza. Parte de ese rol de contralor es derramar puchitos a muchos para embretarlos y que no reclamen.

Fondec: Camino a los 25 años

El próximo año, el Fondec cumple veinticinco años de existencia. ¿No es momento de analizar su funcionamiento? ¿Seguiremos en lo mismo?

Algunos artistas, lastimosamente, se han tenido que adaptar al sistema, y les funciona, dentro de precariedades. O tal vez sea solo yo el que ve problemas, porque, a pesar de mi queja, es verdad que, contra viento y marea, hay muchas propuestas interesantes con el poco apoyo que reciben –si es que lo reciben–, pero no sé si sea sostenible y genere desarrollo.

De lo que a mí me compete y tengo conocimiento, en el presente año el Fondec recibió una demanda de G. 13.359.304.665 frente a una adjudicación financiera de solamente 3.423.865.022, que cubre apenas un 25,63% del total demandado. La emergencia y aparición de fondos privados, de la SNC, fondo municipal asunceno, y, más recientemente, del INAP trajeron alivio y desviaron un poco la mirada del Fondec, pero percibo que está perdiendo relevancia para las artes escénicas, y más aún para el cine. ¿Debe seguir la institución? Por supuesto, pero es insostenible que siga funcionando con escaso presupuesto, y esto no es un llamado a generar más recursos para su burocracia, sino para lo que compete a la creación de los artistas.

La era democrática creó el Fondec, pero encuentro una institución cansada y difícil administrativamente por sus escasos recursos humanos, que en sus casi 25 años aún no logra articular transformaciones en pos del desarrollo de las artes en el país. Es verdad lo que menciona Velázquez Moreira con relación a la inexistencia del trabajo mancomunado de las instituciones ligadas al campo cultural, y es por ello que se fortalece una tendencia reactiva, cortoplacista y compartimentada, cuando la complejidad exige racionalidad política y técnica (1).

Siguiendo con el presupuesto, Velázquez Moreira consolida los fondos de la SNC, IPA y Fondec en G. 4.701.595.100 (US$ 680.442) (2), de los cuales G. 2.672.159.100 corresponden al Fondec en el año fiscal 2021. Catalo Bogado, en el Suplemento Cultural de ABC Color del 25 de febrero de 2017, menciona que en el 2016 fueron adjudicadas 196 carpetas por un monto total de 5.074 millones de guaraníes (3). De 5.075.222.981 de guaraníes, para ser más exactos.

Sería interesante investigar las razones del sostenido decrecimiento del presupuesto misional del Fondec y el porqué del hecho de que quienes me antecedieron en el Consejo no hayan podido detenerlo. En cuanto a las artes escénicas, en la convocatoria 2021 se destinaron a 39 proyectos solamente G. 629.921.000, suma correspondiente al 23,57% del total del monto misional.

El disenso

Volviendo al principio, agrego: los vestigios dictatoriales aún permean las estructuras culturales, y existe miedo a expresar públicamente lo que se considera incorrecto. Aquel artista o gestor cultural que se atreva a manifestar un disenso es relegado al fondo como un denso. Existe miedo a que criticar o buscar maneras de mejorar pueda incomodar a la autoridad y dejar al margen del financiamiento.

Entonces, qué pasa si el arte asume su razón de ser. ¿Puede sobrevivir en la fabricación y reproducción? ¿Permitirá el poder político una representación que pueda antagonizar con el discurso oficial? Porque, ciertamente, las financiadas forman parte del relato oficial. ¿Pone en peligro la representación fáctica de la cultura? ¿Dónde está el lugar en el cual los hacedores de discursos y representaciones se disputan el control de la cultura?

Si tratásemos en Paraguay al arte y la política como inherentemente lo mismo, entonces tendría que haber un lugar donde se desafíen entre sí para poder existir, para materializarse en política o arte o ambos al mismo tiempo. ¿Por qué necesitamos la disidencia? En primer lugar, para antagonizar con el discurso oficial, porque de lo contrario el discurso hegemónico puede alienar a una sociedad y hacerle perder su identidad. En una sociedad que ya no puede reconocerse a sí misma, las minorías corren el riesgo de desaparecer: podemos afirmar que la diversidad depende del choque de fuerzas.

Un disidente tiene que actuar para tratar de inquietar a lo oficial, para poder existir y equilibrar las ideas y fuerzas en una sociedad; de lo contrario, existe el riesgo de que los individuos no puedan tolerar las diferencias necesarias para vivir como civilización.

A diferencia del pasado, hoy en día no vemos mucha confrontación de ideas entre artistas o movimientos. Sería fácil decir que hay un vaciamiento en el contenido y la forma de las obras de arte, tal vez producto de nuestro sistema económico, como una sociedad que no da a los artistas el respiro suficiente para crear, y esto, me temo, no es inocente.

Notas

(1) Velázquez Moreira, V. (2021). «Entre el archipiélago y la constelación cultural». En: Codehupy (Ed.), Derechos Humanos en Paraguay 2021, Asunción, Codehupy, pp. 227-238.

(2) Ídem.

(3) En línea: https://www.abc.com.py/edicion-impresa/suplementos/cultural/fondec-una-historia-de-compromiso-con-la-cultura-1568317.html

fedeadorno@gmail.com

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