Historiadores y panegíricos: a propósito de dos artículos sobre Andrés Barbero (1)

Comisión directiva del Hospital de Caridad. Mujeres de la élite asuncena dedicadas a obras de beneficencia.
Comisión directiva del Hospital de Caridad. Mujeres de la élite asuncena dedicadas a obras de beneficencia.

Una investigación seria relacionaría la fortuna de los Barbero con el proceso por el cual, tras la «Guerra Guasu», grandes extensiones de tierra en Paraguay fueron adquiridas a bajo precio por capitalistas extranjeros. Sin embargo, todo lo publicado sobre el tema reitera la misma narrativa de superación personal y filantropía. ¿Por qué? ¿Qué nos dice esto sobre la sociedad paraguaya y su campo académico e intelectual?

El domingo pasado se publicaron en este mismo suplemento cultural dos textos sobre la figura de Andrés Barbero en ocasión de cumplirse 75 años de su fallecimiento (2). Estas intervenciones no son sino epígonos de una tradición que se inició en 1977 con la aparición de una biografía de Barbero y que se prolonga hasta el presente. Me refiero a cuatro textos (3) que nos presentan al padre del homenajeado, Juan Barbero, un inmigrante italiano, como una especie de self-made man que habría comenzado a forjar su fortuna como maestro de obras para luego dedicarse a la importación y exportación de diversos productos y terminar convirtiéndose en un gran ganadero con tierras en el departamento de Presidente Hayes. En todos estos textos se encuentra ausente una explicación seria sobre el origen de su riqueza, y los textos publicados el domingo pasado refuerzan el mito del emprendedor que con solo su esfuerzo logra acumular una fortuna y deja atrás su condición de «humilde inmigrante».

Los colegas que escriben sobre el padre de Andrés Barbero refuerzan la idea de la dedicación al trabajo y la austeridad de esta familia, pero omiten un detalle sensible: que Juan Barbero fue uno de los extranjeros llegados a Asunción tras la ocupación posterior a la Guerra de la Triple Alianza que aprovecharon los bajos precios de las tierras fiscales puestas en venta, y que adquirió casi 20.000 hs. en el bajo Chaco. Tanto Beatriz Figallo y Liliana Brezzo (1999) como Gabriela Dalla-Corte Caballero (2012) sostienen que a fines del siglo XIX unos 79 propietarios «poseían casi la mitad de la tierra del Paraguay, el 50% de la superficie del Chaco pasó a manos de particulares, de entidades bancarias y sociedades extranjeras» (4). El problema de ubicar a Juan Barbero en este grupo es que nos obliga a admitir la posibilidad de que la impresionante fortuna que heredó Andrés tuviera su origen en negocios inmobiliarios reñidos con la ética y fruto de la precaria situación del país. En vez de relacionar el origen de la fortuna del padre de Barbero con su esfuerzo en el trabajo o su inteligencia en los negocios, una investigación seria lo haría con el proceso por el cual «Inmensas extensiones de tierra pasaron a manos de capitalistas extranjeros, quienes pagaron precios extremadamente bajos y, en muchos casos, no habían siquiera visto dichas tierras. Varios de ellos eran especuladores, quienes pronto vendieron la totalidad o parte de sus acciones a terceros. Los intereses de la gente que ya vivía en estas tierras fueron con frecuencia totalmente ignorados» (5). En el estudio de Dalla-Corte Caballero, en un cuadro donde figuran los propietarios particulares de tierras en el Chaco en 1910, Juan Barbero aparece beneficiado con 18.750 hectáreas en el Chaco paraguayo bajo el número de lote 12.

Los primeros egresados de la Facultad de Medicina. Andrés Barbero está sentado en el extremo derecho.
Los primeros egresados de la Facultad de Medicina. Andrés Barbero está sentado en el extremo derecho.

El anterior es el primer paso para convertir a Andrés Barbero en un «santo laico», esto es, lavar el origen obscuro de la fortuna de su padre, que él heredó y que le permitió convertirse en el filántropo que una parte del campo cultural paraguayo festeja y conmemora.

El segundo paso de este proceso de beatificación a canonización se basa en la financiación de las entidades culturales y de asistencia pública apadrinadas por Barbero en vida y, una vez fallecido, por la Fundación La Piedad (FLP). Estas acciones cubrían falencias del Estado paraguayo, motivo por el cual en agosto de 1941 el dictador Higinio Morínigo le otorgó la Orden Nacional al Mérito. Hasta el dictador Stroessner agradeció la acción social de la FLP, cuando, en el Mensaje del 1 de abril de 1962 a la Honorable Cámara de Representantes, al enumerar los dudosos logros de su administración en materia de salud, mencionó que «la benemérita Fundación La Piedad ha seguido financiando el funcionamiento del Hospital de la Cruz Roja Paraguaya y del Instituto del Cáncer» (6). En contrapartida, cuatro años antes, en 1958, la FLP obtuvo la colaboración de las fuerzas del régimen estronista para expulsar a unos campesinos sin tierra que habían ocupado una fracción de la estancia Santa María del Doce durante la década del treinta (7).

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Andrés Barbero con un grupo de profesionales de su época.
Andrés Barbero con un grupo de profesionales de su época.

Los ingresos de la FLP provenían de tres fuentes: en primer lugar, la mencionada explotación ganadera de la «Estancia Santa María del Doce», de 20.236 hs., ubicada en el km 49 de la Ruta Transchaco, distrito de Benjamín Aceval, Dto. de Presidente Hayes, Chaco. En segundo lugar, el alquiler de treinta inmuebles, entre ellos el Hotel Chaco, inaugurado en 1974 y cuya construcción significó un costo de 114 millones de guaraníes de la época. Y, en tercer lugar, las donaciones recibidas por otros miembros de la élite paraguaya.

Andrés Barbero y sus herederos actuaban —y lo siguen haciendo— como las rancias sociedades de beneficencia administradas por miembros de las élites económicas nacionales, modelo cuya decadencia a nivel mundial comenzó entre las décadas de 1930 y 1940, cuando el Estado asumió esa función social de asistencia a los más vulnerables. Andrés Barbero y su legado, materializado en la FLP, expresan a un porcentaje no menor de la élite paraguaya que prefiere ofrecer una mínima e indetectable porción de sus ganancias para acciones de beneficencia antes que promover un sistema tributario más progresivo, que permitiría al Estado cubrir la asistencia a los sectores vulnerables y subsidiar las entidades culturales que sostiene la FLP (recordemos que luego del fallecimiento de Barbero, y al poco tiempo de haberse fundado la FLP, 1951, por Ley No. 132, del 10 de agosto de 1952, el Gobierno exoneró en forma permanente a la FLP de los impuestos, tasas y multas municipales), pero que necesariamente afectaría sus intereses.

Retrato del doctor Andrés Barbero
Retrato del doctor Andrés Barbero

Todos los textos publicados sobre Andrés Barbero, su familia y los orígenes de la FLP comparten la misma narrativa de superación personal y de filantropía. La financiación de las entidades que apadrina la FLP proviene de ganancias de la explotación ganadera administradas por un grupo de la élite paraguaya ligado al catolicismo tradicional. ¿Qué posibilidades reales de independencia intelectual existen ante este tipo de financiación? Esto tiene que ver con la falta de autonomía que todavía sufre buena parte del campo historiográfico paraguayo y que deriva en la imposibilidad de visiones críticas sobre sectores de las élites del país.

Andrés Barbero pudo haber dilapidado toda su fortuna en viajes y placeres, pero optó por ofrecer una mínima porción de esa riqueza a estas causas. Sí, es verdad. ¿Es preferible Barbero a otro modelo de empresario, como, por ejemplo, Horacio Cartes? Desde luego. Pero el problema de fondo no es lo santo o no tanto que haya sido Barbero, sino lo que expresan su figura y su trayectoria: a un sector de la élite paraguaya que prefiere el modelo de la beneficencia antes que un Estado más fuerte que a través de un sistema tributario más progresivo sea capaz de financiar el mismo tipo de entidades.

En el diccionario de la RAE, la palabra hagiógrafo se define como «escritor de vida de santos» o «biógrafo que resalta en exceso las cualidades y virtudes del biografiado». Los historiadores no deberíamos actuar como hagiógrafos, ya que significaría retroceder siglos en los avances de la disciplina. La idea de este artículo no es presentar a Barbero como el representante de Lucifer en la tierra, en contraposición a la imagen de un «santo laico», sino incorporar a su trayectoria, y a los significados de esta, matices y complejidades que inviten a la apertura de un debate serio sobre los orígenes de las fortunas de las grandes familias.

Debut en sociedad, Club Centenario, 1965 (Imagoteca Paraguaya).
Debut en sociedad, Club Centenario, 1965 (Imagoteca Paraguaya).

Notas<b> </b>

(1) El presente texto contiene reflexiones sobre Barbero y la Fundación La Piedad presentes en el libro Super omnia veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner (Arandura, 2025).

(2) Los dos artículos, ambos publicados en El Suplemento Cultural del domingo pasado, 15 de febrero de 2026, son: «Andrés Barbero, una vida fecunda», de Herib Caballero Campos, e «Historias de Asunción: el doctor Andrés Barbero», de Beatriz Rodríguez Alcalá.

(3) Ver Soler, Carlos Alberto, Andrés Barbero, su vida y su obra, Fundación La Piedad, 1977; Sosa, Ángel, Vida, personalidad y obras del Doctor Andrés Barbero, edición del autor, 2006; Rodríguez Alcalá, Beatriz, Paraguay: ¿Cuándo despertarás?, Intercontinental, 1999; Gómez Florentín, Carlos, Andrés Barbero, el filántropo, Atlas, 2020.

(4) Ver Dalla Corte Caballero, Gabriela, Empresas y tierras de Carlos Casado en el Chaco Paraguayo. Historias, negocios y guerras (1860-1940), Intercontinental, 2012, p. 91.

(5) Ibid., p. 105.

(6) Presidencia de la República, Mensajes y discursos de Stroessner 1960-1964, Asunción, 1979, p. 438.

(7) Ver Soler (1977: 119), quien afirma que fue en 1956. Sin embargo, otras fuentes, como Sosa (2006: 279), sostienen que el desalojo fue en 1958, al igual que el anuario nº 3 de 1958 del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas (p. 115).

*Mariano Damián Montero es historiador por la la Universidad de Buenos Aires, magister en Historia Intelectual por la Universidad Nacional de Quilmes, miembro de la Red Internacional de Estudios Críticos sobre el Stronismo y de la Red Latinoamericana de Teoría e Historia de la Historiografía, investigador y autor de artículos sobre historia reciente del Paraguay publicados en revistas de diversos países. Ha publicado los libros Agapito Valiente. Stroessner kyhyjeha (Arandurã, 2019), Lincoln Silva: Obras completas (Arandurã, 2021) y Super Omnia Veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner (Arandurã, 2025).

Mariano Montero (a la derecha, con remera de Severino Di Giovanni) y el periodista Carlos Martini en "Un mundo alucinante", programa de libros de ABCTV, 2020 (Archivo ABC Color)
El autor de este artículo, Mariano Montero (a la derecha, con remera de Severino Di Giovanni), con el periodista Carlos Martini en "Un mundo alucinante", programa de libros de ABCTV (Archivo ABC Color)