A Friederike Mayröcker la literatura le llegó en la infancia: «Tal vez el retiro de mi infancia –una especie de cámara oscura en la que todo ya se iba desarrollando de antemano– y la red familiar en la que yo, hija única, me sentía a la vez prisionera y protegida, contribuyeron». Sin embargo, solo después de prejubilarse en 1977 pudo dedicarse a ella a tiempo completo, luego de 24 años sumida en el ejercicio de la enseñanza. Escribió poesía, novela, ensayo, teatro radiofónico y literatura infantil y en 2001 recibió el Premio Büchner en reconocimiento por toda su obra.
Los lectores hispanohablantes la conocieron primero por su literatura infantil. El pequeño dinosaurio (Altea, 1984), traducido por María Dolores Ábalos e ilustrado por Theodor Eberle, es la historia de Sinclair Sófocles, dinosaurio hallado en unas excavaciones en Viena que conoce a Guillermo el día de su octavo cumpleaños; recorren la ciudad juntos, cumpliendo el vaticinio hecho por las quimeras en tiempos inmemoriales: un niño lo resucitaría por un día solo con tocarlo.
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Tuvimos que esperar 30 años más para conocer su poesía con Scardanelli (a.d.a. libros, 2014), en traducción de José Luis Reina Palazón. El caso que hoy nos ocupa es la más reciente publicación de Mayröcker en España: Se secará como la hierba. Antología (1946-2009), editada por Arrebato Libros, con traducción de Sandra Santana y Magdalena Kotzurek. Un libro que confirma lo que ya había anunciado Scardanelli: una de las constantes de la poesía de Mayröcker es la dislocación del verso, como en el poema «Fría canción cortesana»:
Ángel más que agasajado
en las suaves transiciones
del dolor: flor resonante
como el cielo que canta hacia lo alto
cuando casi toca
las altas ramas
que se yerguen en el paisaje como
oscuros portones de hierro forjado
Nótense los quiebres en el segundo y séptimo versos; es un encabalgamiento que acompaña las descripciones oníricas y paisajísticas. Los poemas de Mayröcker se destruyen a sí mismos, y el conjunto es un planeta que se devasta. La poesía de Mayröcker bebe de la vanguardia europea; podemos mencionar a Gerhard Rühm H. C. Artmann, Franz Mon, Ernst Jandl. Las lecturas de Derrida y Blanchot también aparecen, y particularmente de Gertrude Stein, que fue clave en su formación. Hölderlin es otro de sus predilectos. «Esa imagen de los comunicantes me lleva a la tradición de la que me encuentro deudora: el surrealismo, un poquito de Benn, un poquito de Brecht, St. John Perse, los relatos de la vida de Salvador Dalí, Jean Paul, Freud, Francis Ponge, mucho Bretón, Michaux, Duras, algo de Roland Barthes, Jacques Derrida, Botho Strauss y una y otra vez Samuel Beckett, el incomparable maestro de la modernidad».

En la poesía de Mayröcker los elementos son evocados al nombrarlos; así aparecen nombres de plantas y flores, términos científicos tomados de libros de botánica, nombres de pájaros. Aunque Mayröcker se decía incapaz de vivir en el campo o escribir fuera de Viena, las imágenes de la naturaleza vienen de los veranos que pasó en Deinzendorf, Baja Austria, cerca de la frontera con la República Checa. Otra constante en su obra poética (al menos en la traducida hasta este momento) es la descripción y destrucción de la cotidianidad mediante el relato poético de un suceso específico, como, por ejemplo, intentar tomar el té mientras la mente de la narradora se altera sin dejar de describir la atmósfera. Es el caso de «la inmolable», que de la acción descrita en la primera línea nos lleva a mundos oníricos para devolvernos en el último verso a lo relatado en el primero.
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Se secará como la hierba. Antología (1946-2009) nos muestra varios registros de Mayröcker, pero el de la exaltación de la realidad recurriendo a una imagen de la vida diaria se reitera en varios poemas. Un ejemplo es «Zoológico en la lavandería», donde la autora nos va nombrando cacatúas, plumas, vientres exóticos revoloteando en el aire, es decir, un paisaje de la naturaleza bajo el traje de la vida cotidiana. Es en los finales donde Mayröcker nos devuelve a la realidad:
en sillas de plástico blanco
bajo las palmeras del papel pintado
hojeando revistas
mirando al vacío
se aburren
los visitantes
El final en los poemas de Mayröcker nos sacude y nos regresa de golpe a la vida común. De la abstracción individualista nos lleva a otro espacio donde ya no es la poeta la única que observa el mundo, sino que también lo puede ser un gato, y ahí surge la ruptura porque el animal ya no es parte del universo de la poeta, sino que la poeta se convierte en parte del universo que transita bajo la mirada del felino. Es en esa descripción de la cotidianidad donde también se va advertir el paso del tiempo, la fugacidad, el recuerdo. A quienes aún no conocen la obra de Mayröcker, este libro les permitirá descubrir una de las voces más luminosas de la poesía del siglo XX.
Friederike Mayröcker
Se secará como la hierba. Antología (1946-2009)
Traducción de S. Santana y M. Kotzurek
Arrebato Libros
Madrid, 2024
197 pp.

*Gian Pierre Codarlupo Alvarado (Paita, 1997) es licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad Nacional de Piura, escritor, periodista, miembro del equipo editorial de la revista cultural chilena Mal de Ojo y de la Editorial Conunhueno, de Valparaíso, y corresponsal en el extranjero de El Suplemento Cultural. Ha publicado el poemario Caída de un pájaro en el mar (Universidad Nacional de Piura, 2018). Actualmente, vive en Madrid.
