Adiós al mes de junio y sus fiestas de fuego. El mes del San Juan Ára, la antigua fiesta de San Juan, que se celebra oficialmente el 23 y el 24 pero atraviesa todos sus días y noches de principio a fin. Habrá de completar el tiempo otro de sus largos ciclos para traernos de vuelta las extrañas alegrías del tata ári jehasa y el toro candil, la pelotata y el Judakái. «Mi patria es simple / como una flor / que estalla y se hace luz; / jazmín dormido en el diapasón / del kambuchi jejoka», le cantaba Maneco Galeano hace más de medio siglo al San Juan Ára. «San sí Juan no que sí / pero otras Juan / San Juan que sí, que no…».
Es pelotata, es el mbeju,
la diversión del Judakái,
la simple paila jeheréi
el tata ári jehasa,
itinerario del yvyrasyi
o del toro candil.

Se cuenta que los versos «mitâ’ígui ko chéve che rapy / aipo fiesta San Juan» aluden a una noche de junio, víspera de San Juan, en la que fue apresado en Areguá y llevado con otros compañeros al departamento de Investigaciones por motivos políticos.
Ta’éna peême lo mitâ
aikóko che ajejuka
ajupimi haguâ yvyrasýîre
ha’u rângue chicharô.
Y del toro candil surge
la llama con que
estalla el Judakái
y San Juan se hace
el grito de los niños,
temeroso el sapukái;
quedó la carrera vosa
en los sueños del mitâ’i,
mitâ’ígui ko chéve che rapy
aipo fiesta San Juan.

Maneco ganó el Primer Premio del Festival Universitario de 1973 con esta canción, San sí Juan no Que sí, interpretada aquella vez por el Quinteto de la Facultad de Derecho de la UNA y más adelante, entre otros músicos, por Alejandro Cubilla y su Banda Koyguá, que son mencionados en ella:
Alejandro y su Banda Koygua
paraguayan la función,
invierno en focos alrededor
de la fiesta popular.
Nacido en 1945 en Puerto Pinasco y fallecido en 1980 en Asunción, Félix Roberto «Maneco» Galeano fue, entre otras cosas, profesor de música de su colegio, el San José, periodista en este diario, ABC Color, desde 1967, y el músico más interesante del «nuevo cancionero paraguayo». Su irresistible cóctel de melodías sencillas y giros armónicos originales supo conquistar a todos los auditorios.
La vida cruza sobre el tizón
sin quemarse los pies;
mañana habrá guirnaldas, recuerdos,
un mundo que recoger.

