Arte desde el margen: las mil vidas de Elise Hill

Detalle de un dibujo de Elsie Hill para la portada de Blue Smoke Three (New Jersey, 1985)
Detalle de un dibujo de Elsie Hill para la portada de Blue Smoke Three (New Jersey, 1985)

«En los márgenes de la sociedad, el tiempo se desacelera y crece». Sobre la artista asesinada el pasado 27 de septiembre de 2026 en Nueva York.

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Karen Gehres trabajaba en una tienda de materiales para pintura a la que Elise Hill entró un día de 1989 a comprar algo. Comenzaron a hablar y la simpatía fue inmediata. Ambas tenían veintitantos. Karen no sospechaba que años después, en 1996, encendería su cámara de aprendiz de cineasta para que Elise contara cómo había huido de casa, cómo se había convertido en prostituta y cómo se había hecho adicta a la heroína.

«Yo sabía que conocería a un proxeneta y tendría que, ya sabes… trabajar en el negocio. Lo sabía al cruzar el puente. En mi corazón. Bueno, luego de que tu padre te dice que te va a matar, nada puede asustarte», cuenta Elsie ante la cámara sobre el día en que se fue de casa en 1976. Tenía 13 años, ya que nació en 1963. Sin embargo, a veces dice que tenía 15.

Begging Naked, documental de Karen Gehres
Elise Bainbridge Hill en Begging Naked, documental de Karen Gehres

Karen había empezado a tomar clases de videoarte, y Elise le dijo: «¡Practica conmigo!». Así que estaban filmando. Y durante los siguientes nueve años Karen documentó la vida de su amiga y sus giros inesperados.

La pelea fue en la mesa familiar, en New Jersey. Elise le respondió mal a su mamá y su padre reaccionó dándole un golpe brutal, que en el filme ella evoca con sonora onomatopeya: «¡Pam!». «Me estrelló la cabeza contra el vidrio». Lo cuenta como algo casi cómico. «Entonces, mi padre me dijo: “Te voy a matar”. Así que me levanté y eché a correr. Fue la última vez que vi mi casa». Es directa. «Crucé el puente descalza. Hice autostop desde New Jersey. Tenía unos dólares en el bolsillo porque había monedas en el cenicero de un tipo y le robé un puñado; básicamente, me convertí en prostituta».

Dibujo de Elsie Hill en la portada de Blue Smoke Three (New Jersey, 1985)
Dibujo de Elsie Hill en la portada de Blue Smoke Three (New Jersey, 1985)

Elise conoció a su primer proxeneta en Union Square Park, el infame «Needle Park», pero, casi milagrosamente, logró cambiar el rumbo de su vida. Entró en rehabilitación a los 17, abandonó la heroína, aprendió a pintar y hacer joyas artesanales, dejó la prostitución y durante quince años se ganó el pan vendiendo su arte en las calles. Vivía en un cuchitril sobre el hueco de un ascensor. Conoció a Karen. Hizo una portada de Blue Smoke, hoy mítica revista mimeografiada de poesía editada en los 80 por Bill Denoyelles y Philip Good.

Y en 1994, a los 30, decidió volver a trabajar como stripper. Había encontrado tablas de madera en el sótano de Show World (el club donde actuaba), y, como parte de su número, pintaba en ellas. Subía con su caballete al escenario y retrataba a sus compañeras y a los clientes. Usaba pinturas baratas, trabajaba en una cerrada penumbra y tenía que terminar en veinte minutos sus sórdidos, estridentes, humanos, demasiado humanos cuadros. Imposible no sentir la violencia de sus trazos en pleno rostro. Aunque su producción de aquellos años no se limitaba a esos cuadros y a sus joyas –y las muñecas que también creaba–, sino que incluía otro tipo de pinturas, hechizadas y melancólicas, como la de su delicada Ofelia que flota en el agua.

"Su producción de aquellos años incluía otro tipo de pinturas, hechizadas y melancólicas..."
"Su producción de aquellos años incluía otro tipo de pinturas, hechizadas y melancólicas..."

Cuando los esfuerzos del alcalde Giuliani por sanear la zona de Times Square llevaron al cierre de Show World, Elise cayó en picada. Incapaz de adaptarse al mundo del trabajo convencional y, por ende, de pagar el alquiler, mientras la paranoia desintegraba su mente el dueño del edificio se hartó y la espiral descendente culminó en desahucio. La cámara de Karen registró el día de julio de 2001 en que ella y su gato fueron a dar con sus pobres pertenencias a la vereda.

Lo que empezó con una entrevista a una brillante amiga se había convertido en una oscura odisea cuya inquietante deriva llevaba sumergiéndose en lo desconocido casi diez años. Elise, la niña que huyó de casa, cruzó el puente y cayó en manos de los proxenetas y dealers de Nueva York; la adolescente heroinómana, stripper y prostituta; la artista que escapó del infierno después de tocar fondo y que, con su atelier orgullosamente montado en un rincón sobre el hueco de un ascensor, logró vivir de su talento durante más de quince años, ahora estaba sin techo, en medio de la vereda, expulsada del hogar donde había residido por dos décadas.

"Los observadores de pájaros de toda la ciudad acudieron al parque con retratos de aves pintados por ella..."
"Los observadores de pájaros de toda la ciudad acudieron al parque con retratos de aves pintados por ella..."

Esto y más cuenta Begging Naked, la película de Karen, que Elise probablemente nunca vio y ya nunca verá.

Ya nunca la verá porque el pasado domingo 27 de septiembre de 2026 agentes de la Policía de Nueva York (NYPD) encontraron un cadáver en uno de los cenadores cercanos al Boathouse, el café del Central Park. Era una mujer de 63 años brutalmente asesinada. Cuando la noticia apareció en la prensa horas después, observadores de pájaros de toda la ciudad acudieron al parque, varios con retratos de aves pintados por ella, en espontáneo homenaje póstumo. Su nombre, dijeron el New York Times y el New York Post y todos los medios (1), era Francis Lee Rogers.

Pero nosotros sabemos que esa mujer era Elise.

O, mejor dicho, que también era Elise.

Un reportaje de 2012 del New York Times nos informa sobre Francis Lee Rogers: vivía en las calles desde 2001 (el año en el que desahuciaron a Elise –o sea, a Francis– y su gato), pintaba acuarelas de las aves de Central Park, las vendía a los observadores de aves, dormía en las escalinatas de las iglesias cercanas, su taller era una mesa en la cafetería Boathouse, allí sacaba de su mochila sus bocetos y acuarelas, humedecía el pincel y empezaba a trabajar, su aspecto era recio, de montañesa, sus largas trenzas salían bajo el sombrero y caían sobre el suéter de lana, llevaba un bastón nudoso, pesadas botas y gruesas mallas, tenía un fuerte acento sureño y contaba que había crecido en Virginia y que, pese a que vivía en las calles, siempre había logrado mantenerse lejos de las drogas y el alcohol (2).

Mapaches del Central Park en un cuadro reciente de Francis Lee Rogers
Mapaches del Central Park en un cuadro reciente de Francis Lee Rogers

Francis Lee Rogers y Elise Bainbridge Hill fueron la misma persona. Sureña o del noreste, de Virginia o de New Jersey, Lee o Elise o Alice –en Begging Naked, Elsie dijo que se llamaba Alice Swanson (a mediados de los 90, firmaba como A; en los 80, como Elise Hill o E. Hill; en este milenio, como Francis Lee Rogers, Lee Rogers o Lee)–. En cierto punto de esta aventura que empezó huyendo de una violencia letal y que ha terminado, por desgracia, sucumbiendo a otra el último domingo de septiembre, Elise se vuelve Lee. En los márgenes de la sociedad, el tiempo se desacelera y crece. Sus pinturas se hacen más minuciosas, casi puntillistas. Los trazos crispados de la noche urbana ceden el paso a la luz en las copas de los árboles. Strippers y proxenetas son reemplazados por gorriones y mapaches. El parque deja de ser lugar de paso y se vuelve destino. La intemperie deja de ser trampa y se convierte en refugio.

A veces, a lo lejos, Francis pinta también a los observadores de los pájaros, comunidad que la quiere, la valora y la respeta. Si han cambiado las pinturas, también la persona que pinta debe ser otra; en un sitio web, Elise la presenta –se presenta– así: «Francis Lee Rogers is an ancient person who does paintings mostly of Central Park and fills the bird feeders in The Rambles during the winter». Evita las marcas de género (no Frances, sino Francis; no ancient woman, sino ancient person). Forzada a hipersexualizarse para sobrevivir desde que era casi una niña, en vez de dejar que la arrase desde adentro la locura de las calles Elise utiliza una vez más su don artístico para rehacerse como guardiana de las aves que alimenta, estudia y pinta, como un nuevo personaje mitológico potente y ferozmente libre de los bosques del Central Park. El crimen del domingo pasado es solo una triste página de sus muchas bellas y valientes vidas.

"A veces, a lo lejos, Francis pinta también a los observadores de los pájaros, comunidad que la quiere, la valora y la respeta..."
"A veces, a lo lejos, Francis pinta también a los observadores de los pájaros, comunidad que la quiere, la valora y la respeta..."

Notas

(1) Anna Lee (2 de octubre de 2026). Francis Lee Rogers, Painter and Avid Birdwatcher, Found Dead in Central Park. Hyperallergic. https://hyperallergic.com/francis-lee-rogers-painter-and-avid-birdwatcher-found-dead-in-central-park/

(2) Corey Kilgannon (21 de diciembre de 2012). After Audubon, an Artist of the Park. The New York Times.

Francis Lee Rogers en Central Park en 2012. Fotografía de Julie Glassberg para The New York Times.
Francis Lee Rogers en Central Park en 2012. Fotografía de Julie Glassberg para The New York Times.

*Montserrat Álvarez (Zaragoza, España, 1969) estudió Filosofía en la Universidad de Zaragoza, la Universidad Católica (Perú) y el Instituto de Estudios Humanísticos y Filosóficos (Paraguay). Dirige El Suplemento Cultural y también escribe en él. El artista Armando Andrade Tudela le dedicó recientemente la exposición MONTSERRAT en Carreras Mugica, la mayor galería de arte del País Vasco, España. Ha publicado, entre otros libros, Zona Dark (Lima, 1991), Bala perdida (México, 2007), Pánzer Plástic (Lima, 2008) y Nómade (Buenos Aires, 2023).

Armando Andrade Tudela: “M.A.” (2024, serigrafía sobre madera). El rostro de la poeta Montserrat Álvarez en la exposición MONTSERRAT, galería Carreras Mugica, Bilbao, España. Fotografía: Ander Sagastiberri.
Armando Andrade Tudela: “M.A.” (2024, serigrafía sobre madera). Exposición MONTSERRAT, galería Carreras Mugica, Bilbao, España. Fotografía: Ander Sagastiberri.