Historias perdidas del anarquismo paraguayo (XVII). Anarquistas paraguayos ante la Revolución Cubana: Ciriaco Duarte y las orejas de Morelli

Retrato de Giovanni Morelli por Franz von Lenbach, 1886 (detalle)
Retrato de Giovanni Morelli por Franz von Lenbach, 1886 (detalle)

Celebramos poder difundir otra reveladora entrega de la serie «Historias perdidas del anarquismo paraguayo» con un nuevo hallazgo en las páginas injustamente olvidadas de las luchas obreras, cuyo conocimiento es vital para entender cómo hemos llegado hasta aquí y qué camino debemos seguir en adelante. En esta ocasión, además, Ginzburg y Morelli nos regalan una valiosa lección sobre el delicado arte del detective.

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En 1991, Carlo Ginzburg afirmó que dos de los libros más influyentes de la historiografía europea –La Grande Peur de 1789 (1927), de Georges Lefevre, y Les rois thaumaturges (1924), de Marc Bloch– se centraban en el análisis de hechos inexistentes, como un supuesto complot aristocrático que generó un pánico colectivo en Francia o el poder de los reyes franceses de curar a los escrofulosos (1).

Algo similar podría decirse si algún historiador decidiera escribir sobre el anarquismo paraguayo durante la década de 1970. El movimiento libertario paraguayo, como actor colectivo, finalizó abruptamente en 1947 con el inicio de la guerra civil y no volvió a rearticularse. A partir de aquel año bisagra, ya no se puede hablar de «anarquismo paraguayo», sino solo de «anarquistas paraguayos», escasos y experimentados militantes de la época de oro del movimiento. En primer lugar, el principal, y el referente de todos ellos, Ciriaco Duarte (1908-1996). En segundo lugar, pero ya en un nivel simbólico, porque se dedicó más a su actividad artística que a la militancia ácrata, Ignacio Núñez Soler (1891-1983). Y en un mismo nivel, y desconocidos por la mayoría, Tranquilino Arce Vera (1913-2002), Fulgencio Alvarenga Rojas (s/d) y Juan Battaglia (s/d). Estos eran los cinco anarquistas sobrevivientes en la Asunción de los sesenta, y todos habían formado parte del núcleo de Cultura Socialista (1946). Tenían contacto entre ellos, pero no una entidad o federación que los agrupara, ni tampoco un periódico o vocero, a diferencia de países vecinos, como el caso de la Federación Libertaria Argentina y sus múltiples medios de prensa.

La Grande Peur de 1789 (1927), de Georges Lefevre
La Grande Peur de 1789 (1927), de Georges Lefevre

A todo esto, sus principales militantes no dejaron un archivo personal que permita reconstruir la existencia del movimiento después de 1947, y lo poco que publicaron no supera el año 1930 en sus análisis o narraciones. Otros factores que impiden una reconstrucción histórica son el desinterés estatal, que nunca priorizó la conservación de impresos de las luchas obreras, las incapacidades del propio anarquismo paraguayo para mantener y custodiar una memoria de su pasado, y un campo historiográfico local que favorece otros objetos de estudio más tradicionales, excluyendo de sus representaciones a movimientos impugnadores del orden social como el anarquismo.

Entonces, considerando las condiciones de «objeto inexistente» que presenta el anarquismo paraguayo a partir de 1947 y la nula actividad que estos militantes –ausentes en los diferentes congresos y reuniones anarquistas regionales y mundiales– demostraron entre 1956 y 1959, años de la insurgencia cubana, ¿existe alguna posibilidad de conocimiento de las lecturas que sus últimos exponentes pudieron haber realizado sobre el proceso revolucionario cubano? Llegados a este punto, una pequeña digresión.

Retrato de Giovanni Morelli por Franz von Lenbach, 1886
Retrato de Giovanni Morelli por Franz von Lenbach, 1886

Giovanni Morelli (1816-1891) fue un crítico de arte nacido en Verona que se formó en Alemania. Se lo recuerda hoy por lo que conocemos como el «método morelliano», cuyo fin era detectar pinturas apócrifas atribuidas a reconocidos artistas del Renacimiento. Bajo el pseudónimo de Ivan Lermolieff, entre 1874 y 1876 Morelli publicó una serie de artículos donde, simplificando, postulaba que se debía atender a los detalles marginales de la pintura en busca de falsificaciones: por ejemplo, las manos o las orejas de los representados. Carlo Ginzburg, que fue uno de los que reflotaron el método morelliano para las ciencias sociales, afirmó que «el conocedor de arte es comparable al detective que descubre al autor del delito (del cuadro) sobre la base de indicios que a la mayoría le resultan imperceptibles» (2), y lo vinculó a la resolución de casos policiales del personaje de Sherlock Holmes.

Retomamos. Ciriaco Duarte escribió unos textos breves para un nuevo periódico que solo duraría seis meses antes de ser clausurado por el stronismo, La Mañana. Allí, en diciembre de 1960, publicó un texto en el que expresa un ambiguo e indirecto apoyo al proceso cubano, afirmando que la revolución fue consecuencia del hartazgo de un pueblo hacia un régimen tiránico cuya burocracia absorbía los recursos del país (3). Y en otro, publicado tres meses después, elogió la postura del presidente brasileño Jânio Quadros ante los Estados Unidos, como ejemplo para «los que extendieron las manos solidarias a la revolución cubana para luego retirarlas cuando las castañas quemaban» (4). Estos textos revelan una mirada positiva sobre aquel proceso, o por lo menos la ausencia de una crítica concreta a un giro autoritario de aquel momento.

Ciriaco Duarte en 1961
Ciriaco Duarte en 1961

Luego de esto, no tenemos nada más, ni de Duarte ni de sus compañeros, en referencia a Cuba. Sin embargo, en enero de 1965 apareció una columna anónima en el semanario El Pueblo, vocero del febrerismo, en la que se describía la situación del movimiento sindical paraguayo cooptado por el partido del régimen y se incluía una mención a Cuba. En un pasaje del artículo, se equiparaba lo que sucedía en la isla con las experiencias del peronismo argentino, el sistema soviético y con el fascismo y el nazismo: «Aquí, con diferencia de detalles, como en Rusia o Cuba, o como lo fue en Alemania e Italia durante el fascismo, como lo fue en la Argentina durante la dictadura peroniana, la poderosa maquinaria estatal ejerce su influencia decisiva sobre el movimiento obrero a través del partido» (5). Llaman la atención las posiciones «terceristas» (rechazo tanto a Estados Unidos como a la Unión Soviética) del articulista, al igual que ciertas expresiones extrañas a las tradiciones del febrerismo, como sus referencias a una «revolución libertaria».

Pero lo más interesante aparece en la segunda entrega de esta serie de textos sobre el sindicalismo en el Paraguay de 1965, publicada al mes siguiente. En esta oportunidad, el articulista anónimo insiste en las diferencias entre un modelo centralista de «sindicalismo dirigido o político» con «comando único cuartelero» y el modelo federalista, «característica funcional del sindicalismo libre». Por si todos estos elementos no bastaran para identificar a Duarte como el misterioso colaborador, existe un detalle que se asemejaría a las orejas de Morelli. En uno de los últimos párrafos, utiliza una palabra con mayúsculas en todas sus letras: «En el sindicalismo libre no caben liderazgos ni caciquismos (…) los más inteligentes y capaces organizan y ORIENTAN los movimientos colectivos e individuales» (6). Si uno revisa todos los textos de Duarte publicados cuatro años antes en La Mañana, podrá constatar que en enero de 1961 Duarte escribió lo siguiente: «nunca adopté posturas de “dirigente” para dictar normas a los sindicalistas paraguayos (…) Nosotros hablamos de ORIENTACIÓN allí donde la escuela de los esclavistas dicta normas» (7).

Dibujos de Morelli sobre modelos de orejas de diferentes pintores
Dibujos de Morelli sobre modelos de orejas de diferentes pintores (Giovanni Morelli [bajo el pseudónimo de Iván Lermolieff], Kunstkritische Studien uber Italianische Malerei. Die Gallerien Borghese und Doria Pamphili in Rom, Leipzig: Brockhaus, 1890, pp. 98-99.

Marc Bloch dijo que «Solo las expresiones verdaderamente excepcionales pueden denunciar a un autor, suponiendo, claro, que se repitan con bastante frecuencia» (8). En nuestro caso, podríamos aventurar que, aplicando un método morelliano, a través de un indicio muy puntual, pudimos establecer lo que ni Duarte ni sus compañeros explicitaron nunca: su rechazo a la deriva autoritaria del régimen cubano.

Por lo tanto, podemos concluir que, luego de una posición expectante entre 1959 y 1961, Duarte concluyó que para 1965 la Revolución Cubana había derivado en un sistema comparable con el fascismo y el nazismo, en sus propias palabras, pudiendo establecer una sintonía con la mayoría de los movimientos anarquistas de la región –a excepción del uruguayo, del cual un sector mayoritario mantuvo su apoyo al régimen cubano–, que brindaron un apoyo crítico entre 1959 y 1960, para posteriormente condenar las derivas autoritarias del castrismo.

Les rois thaumaturges (1924), de Marc Bloch
Les rois thaumaturges (1924), de Marc Bloch

Notas

(1) Carlo Ginzburg, El juez y el historiador, 1991.

(2) Carlo Ginzburg, Huellas. Raíces de un paradigma indiciario. En C. Ginzburg. Tentativas. México: Universidad Michoacana, 2003, p. 97.

(3) La Mañana, Asunción, 11/12/1960, p. 3.

(4) La Mañana, Asunción, 7/03/1961, p. 3.

(5) El Pueblo, Asunción, 21/01/1965, p. 10.

(6) El Pueblo, Asunción, 11/02/1965, p. 9.

(7) La Mañana, Asunción, 13/01/1961, p. 5.

(8) Marc Bloch, Apología para la historia o El oficio del historiador, México, FCE, 2018, p. 132.

Mariano Damián Montero
El historiador Mariano Damián Montero entrevistado en el programa de ABCTV "Un mundo alucinante"

*Mariano Damián Montero (Buenos Aires, 1976) es historiador por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, magister en Historia Intelectual por la Universidad Nacional de Quilmes, miembro de la Red Internacional de Estudios Críticos sobre el Stronismo y de la Red Latinoamericana de Teoría e Historia de la Historiografía, investigador y autor de artículos sobre historia reciente del Paraguay publicados en revistas de diversos países. Ha publicado los libros Agapito Valiente. Stroessner kyhyjeha (Arandurã, 2019), Lincoln Silva: Obras completas (Arandurã, 2021) y Super Omnia Veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner (Arandurã, 2025).