El beatnik, la cámara y el antipoeta: imágenes de una amistad del siglo XX

El encuentro internacional organizado por Gonzalo Rojas y Nicanor Parra en 1960 llevó a Chile a escritores extranjeros como Ferlinguetti, Sábato y Ginsberg. Este, el célebre autor de «Howl» («Aullido», 1955), Allen Ginsberg (1926-1997), uno de los grandes nombres de la «Beat Generation», se quedó tres meses recorriendo los bares del centro de Santiago –y aullando en ellos, al parecer, sus clásicas y edificantes consignas literarias («¡Quiero homosexuales! ¡Quiero cocaína!»)– con Parra, Sábato, Tellier y otros parroquianos de los sufridos bebederos de la zona. Buena parte de los meses que pasó en Chile, fue hospedado por Parra en su casa de La Reina. Con buen juicio, el «beatnik» (como, para su fastidio, lo llamaría el periodista Herb Caen) se hizo amigo de su anfitrión, y en los recitales con frecuencia leía cada uno los poemas del otro.

Hay muchos rastros epistolares de esa amistad. Ginsberg escribe en 1960 a Peter Orlovsky desde Santiago: «Otra persona que me gusta es Nicanor Parra, un poeta de unos 45 años que siempre se está enamorando de chicas suecas, escribe poesía inteligente y sincera y es también un gran profesor de matemáticas» («Another person that I like is Nicanor Parra, a poet about 45 years old who is always falling in love with Swedish girls, writes intelligent and sincere poetry and is also a big mathematics professor»).

En 1965, poco después de su partida forzosa de Cuba, termina así una carta a Parra en espánglish: «…It’s midnight past, so I shut up with abrazos and saludos and dosvedanyas and laegitos, feliz and fatiguado, adios por una momentito Shri Shivati Comrade Comanchero Sir Zeus Nicanor, Señor…» 

En 1987 Parra lee su poema «Sobre la cremación de Chogyam Trungpa, Vidyadhara», y Ginsberg escribe: «Me percato de que la muchedumbre calla, me percato del poeta chileno, me percato de un arco iris» («noticed the crowds quiet, noticed the Chilean poet, noticed a Rainbow»).

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Parte del rico y disperso registro visual que en sitios diversos el tiempo y el azar fueron depositando, como pedazos de un relato para armar o como partes del álbum de fotos de aquella relación entre el «beatnik» y el antipoeta, son las imágenes que ilustran estas líneas.

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