Vislumbrando el futuro

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Recientemente, estuve visitando los viñedos en Argentina y Chile, en ambos países encontré muchas novedades y sobre todo, nuevas bodegas, estilos de vinificación y conceptos muy diferentes. Como siempre, es placentero interiorizarse de todo y aprender cada día más.

Argentina lo tiene todo muy claro. Hoy solo se consume un 3 % de vino Malbec en el mundo; su única estrategia básicamente es aumentar ese porcentaje y la defienden a capa y espada. ¿Política correcta? Sí, me parece lo más sencillo y, como propuesta, muy acertada.

Lo que sí tratan de hacer los bodegueros argentinos es diferenciarse unos de otros con los Malbec “de terroir”. Buscan esa diferencia mineral, y el público, que conoce y aprecia las uvas Malbec, disfruta de esta búsqueda incesante por diferenciar un vino de otro.

Como complemento de marketing, Argentina tiene otras cepas como el Bonarda, el Cabernet Franc o el Sangiovese, como para que puedan decir: “Tenemos más que Malbec”.

En cuanto a Chile, ¡qué les puedo decir! Parece un barco a la deriva. Uno de los mayores exportadores de vino del mundo, y especialistas reconocidos a nivel mundial en marketing no encuentran el rumbo que los identifique.

A inicios de los años 90 se hablaba del Syrah chileno, después, a comienzos del 2000 surgió el Carmenere como uva portabandera de ese país; todos pensaban que habían encontrado su identidad, y hasta hoy en día se lo identifica con esa variedad vitivinífera.

Pero no hay progreso, inclusive, las propias viñas chilenas aún no se inclinan totalmente hacia esa uva. Entonces, ¿a qué apuntan realmente los chilenos? Creo que al Cabernet Sauvignon, y a los vinos orgánicos y biodinámicos.

El Cabernet Sauvignon

Sigue siendo, por lejos, la variedad de uva tinta más plantada en Chile. Sus vinos son de excelente calidad, el terroir acompaña dicha calidad y no importa si el vino es un varietal (es decir, monovarietal de una sola cepa de uva), o si es un blend (normalmente, en Chile los vinos blend tienen una mezcla superior al 50 % de uva Cabernet Sauvignon).

Es el terroir el que les da el temperamento, esa característica que se traduce como que “es rico” y ningún enófilo saldrá nunca decepcionado.

Los vinos orgánicos y biodinámicos

Creo que el hecho de que sus viñas están siempre protegidas (al norte por el desierto de Atacama, al sur por el continente Antártico, al este por la cordillera de los Andes y al oeste por el océano Pacífico) hace que estas barreras naturales no permitan que lleguen fácilmente las plagas a la viña y, al mismo tiempo, convertirlas en viñas ya casi certificadas como orgánicas ,sin mucho trabajo y tiempo de mano del hombre.

Con solo un pequeño esfuerzo más de cuidado hacia las viñas (que en su gran mayoría pueden ser certificadas como orgánicas), seguir una filosofía y, con un poco más de trabajo, podrán llegar al punto de ser consideradas biodinámicas, lo que creo que es el gran futuro de la viticultura.

Viña Emiliana, Casa Lapostolle, Koyle y Matetic son viñas que se comercializan en nuestro mercado; todas tienen el espíritu de lo orgánico y lo biodinámico, y, en consecuencia, creo que es el futuro, algo a lo que Chile debería apuntar. Siempre la mejor calidad, pero también siempre más saludable.

Queridos lectores, ¡salud! hasta el próximo sábado y felices Pascuas.

oligayet@hotmail.com