La emblemática calle Oliva, una de las más importantes arterias del microcentro de Asunción, es hoy uno de los símbolos más críticos del abandono de la capital bajo la gestión del intendente, Luis Bello (ANR-cartista). El estado de esta calle refleja una desidia institucional que mantiene al microcentro de Asunción sumido en una profunda crisis vial.
El tramo comprendido entre las calles Hernandarias y Colón se volvió prácticamente intransitable para cualquier tipo de vehículo. Junto a Cerro Corá- su continuación-, Oliva es una de las principales vías de salida del microcentro capitalino. La vía presenta hoy un estado de ruina debido a la falta de soluciones de fondo, que evidencia la ausencia de una gestión municipal que priorice la infraestructura básica.
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La administración de Bello es duramente cuestionada por realizar únicamente “operativos maquillaje” o parches que duran apenas pocos días. Estas intervenciones parecen buscar más el impacto en redes sociales que una solución real para los baches.

Mientras los pozos se multiplican, el mal estado de la vía no solo daña rodados particulares, sino que dificulta el tránsito. Los conductores deben realizar maniobras peligrosas para sortear las deformaciones extremas que presenta la debilitada capa asfáltica. Oliva es una arteria vital para el transporte público que conecta barrios como Dr. Francia, La Encarnación y Catedral.
Calle en ruinas
El pavimento de la calle Oliva presenta hoy un estado de deterioro extremo, con baches profundos y extensos que cubren gran parte de la calzada. El asfalto ha perdido totalmente su uniformidad, mostrando grietas, ondulaciones y abultamientos peligrosos que sugieren un colapso de la base asfáltica.

Muchos de los cráteres se encuentran inundados, lo que oculta su verdadera profundidad y representa un riesgo severo para los vehículos. En días de lluvia, estos raudales convierten los pozos en trampas mortales para los conductores. A simple vista, son visibles restos de “parches” o rellenos de material de distinta calidad que no han logrado integrarse al pavimento antiguo y que ya muestran signos de erosión.
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Pese a su estado, la calle mantiene aún una alta circulación vehículos particulares y buses de transporte público que transitan como pueden, realizando maniobras para sortear los baches o circulando sobre superficies sumamente inestables. El daño es especialmente notorio en las zonas de paradas de buses, donde el peso del tráfico pesado ha terminado por destruir el camino.

Pero la destrucción no se limita a la calle. Las veredas también están rotas, además de obstruidas por la acumulación de residuos y basura. En el sitio, se aprecian cestos de basura desbordados y montículos de bolsas plásticas, escombros y cajas de madera que bloquean el paso peatonal, convirtiendo la zona en un foco de insalubridad.
Herencia de Nenecho
El estado actual es reflejo del desastre financiero heredado de la gestión del exintendente Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR- cartista), en la cual Bello no tuvo una participación inocente. Como concejal y presidente de la Junta Municipal, el actual intendente formó parte de la mayoría de concejales que avaló la gestión de Nenecho, pese a la denuncia de ABC sobre el desvío de G. 500.000 millones de los bonos
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Carlos Pereira, interventor de la gestión de Rodríguez, documentó que, mediante “terribles prácticas ilegales”, como la utilización de una “cuenta única”, Nenecho desvío de G. 512.000 millones de bonos G8, que eran para obras, a gastos corrientes, principalmente y salarios.
