El caso se registra en una zona rural que agrupa a unas 16 comunidades indígenas, donde la educación formal prácticamente no llegaba. El profesor Fredi Gernhoffer, comerciante de profesión, decidió en el periodo 2023-2024 iniciar las clases de manera voluntaria; comenzó bajo árboles y en plena intemperie, ante la necesidad urgente de brindar enseñanza a los niños.
Con el acompañamiento de padres de familia y ciudadanos solidarios, logró avanzar en la construcción de dos aulas. Aunque aún no están terminadas, ya cuentan con paredes y techo, lo que permite resguardar a los estudiantes de las inclemencias del tiempo.

El docente no percibe salario ni cuenta con rubro estatal. Todo el esfuerzo es solventado con recursos propios, incluyendo el traslado diario hasta la comunidad e incluso la provisión de alimentos para los alumnos, lo que representa un gasto significativo y sostenido.
“Este sería mi último año”, dijo el profesor. Agregó que la carga económica se volvió insostenible, pese a la voluntad de continuar.
En la comunidad, padres y alumnos claman por su permanencia, destacando el impacto positivo en la motivación y formación de los niños.
Uno de los principales anhelos de los estudiantes, según mencionó el educador, es aprender a hablar castellano con fluidez, como una herramienta clave para su integración social y oportunidades futuras. La enseñanza que reciben representa, para muchos, el único camino hacia el progreso.

La historia expone una vez más la ausencia del Estado en comunidades vulnerables, donde la educación depende exclusivamente del sacrificio individual y la solidaridad, lo que deja en incertidumbre el futuro de decenas de niños que hoy encuentran en el aula una esperanza.
Intentamos comunicarnos con el director departamental del MEC, licenciado Ariel López, pero, al parecer, su teléfono se encontraba apagado o fuera del área de cobertura.
