El paseo central de la Quinta Avenida de Asunción, una de las obras públicas más polémicas de los últimos años y uno de los símbolos del abandono municipal, ofrece hoy una postal de ruina absoluta. El espacio, por el cual la ciudadanía pagó la millonaria suma de G. 2.800 millones, se encuentra sumido en un estado de abandono estructural crítico. Lo que debió ser un polo gastronómico modelo para Barrio Obrero terminó convertido en un peligroso e insalubre monumento a la desidia.
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Desde su inauguración en 2018, bajo el gobierno de Mario Ferreiro, el proyecto fue blanco de duras críticas por la calidad de la obra, su rápido deterioro y hasta su legalidad. La falta de mantenimiento durante las gestiones del exintendente Óscar “Nenecho” Rodríguez (ANR-cartista) y de su sucesor, Luis Bello (ANR-cartista), sumieron a la millonaria inversión en el más absoluto abandono. La inacción de las sucesivas administraciones coloradas consolidó la destrucción total de una infraestructura que costó una fortuna.
Postales de la ruina en Barrio Obrero
El tránsito peatonal por el paseo hoy es una carrera de obstáculos debido al severo desprendimiento de las baldosas que destruye el trayecto. La total desaparición de estas piezas deja al descubierto el contrapiso de cemento y tierra compactada, creando baches que exponen la nula inversión municipal. Esta situación genera superficies irregulares que ponen en riesgo la integridad física de los transeúntes.

Los canteros de cemento perimetrales sufren grietas verticales tan profundas que amenazan con derribar sus propios muros contenedores. En la base de estas protecciones también es evidente el desprendimiento crónico de las baldosas que revisten el piso afectado. La ornamentación general se encuentra desmantelada por la falta de un plan de mantenimiento mínimo.
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Una estructura de fuente de agua de tres niveles permanece totalmente seca, sucia y en un estado general de abandono que asusta a los vecinos. El muro circular de la base presenta un boquete de gran tamaño que evidencia la pérdida del material y la desidia de las cuadrillas. En lugar de líquido, el contenedor acumula tierra y basura en su interior.

El mobiliario urbano destinado al descanso de los vecinos es hoy un conjunto de restos inutilizables y altamente peligrosos para cualquier persona que acuda. Los tablones de madera de los asientos terminaron podridos, rotos y con múltiples piezas faltantes debido a su total exposición a la intemperie. La remoción del material deja expuesta una estructura metálica oxidada que representa un serio riesgo.
Los antecedentes de un colapso anunciado
La debacle de la obra se originó en su apresurada inauguración en diciembre de 2018, bajo una gestión cargada de sospechas operativas. El entonces intendente Mario Ferreiro habilitó el paseo de forma prematura e inconclusa con cuadrillas de obreros colocando pasto a contrarreloj. En el acto protocolar los baños no funcionaban, las casillas comerciales carecían de luz y había cables sueltos. Al poco tiempo de habilitarse los pisos ya se rompían por graves fallas de cálculo en el filtrado de las fuentes.

Este proyecto sumó cuestionamientos legales al violar abiertamente la Ley Orgánica Municipal con la instalación irregular de 16 casillas fijas de comercio. La edificación con ladrillo y cemento privatizó de facto un espacio de dominio público para el usufructo comercial de particulares. La administración municipal ignoró deliberadamente las ordenanzas locales que prohíben la actividad mercantil en paseos. Las quejas ciudadanas obligaron a un rediseño que elevó la inversión de G. 2.384 millones a casi G. 2.800 millones.
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La adjudicación, con ID N° 304592, fue otorgada a la firma Magomec SRL, representada legalmente en el contrato por Diego Noguera Martínez. La decadencia de la empresa contratada se agudizó entre abril y junio de 2022 con el colapso total de los registros cloacales. El sistema roto arrojó aguas sucias sobre el paseo central, generando olores fétidos insoportables para los comensales. De los sanitarios construidos solo uno estaba habilitado, pero permanecía inutilizable por la suciedad y la avanzada oxidación de sus chapas.
El abandono municipal derivó en un desperdicio constante de recursos públicos y en un incremento de la inseguridad delictiva en la zona. Caños rotos generaron pérdidas permanentes de agua potable mientras los focos del alumbrado público dejaron de funcionar por completo, dejando tramos oscuros. Para octubre de 2024, previo a la final de la Copa Sudamericana, las veredas desaparecieron y las columnas eléctricas rotas quedaron colgadas precariamente de ramas, coronando la proliferación de minivertederos de basura en la avenida.
