El Instituto de Previsión Social (IPS) se encuentra en el centro de las conversaciones de todo el país, convirtiéndose en el escenario de una profunda crisis que combina la desidia estructural, los negociados del pasado y la frustración ciudadana.
Desde que el doctor Isaías Fretes asumió la presidencia de la previsional el pasado 22 de abril, las sesiones del Consejo de Administración, las conferencias de prensa, los pasillos de los hospitales y las redes sociales se llenaron de anuncios sobre graves irregularidades, compras sobredimensionadas, contratos leoninos de tercerización, infraestructura deplorable y hasta equipos perdidos que generaron millonarias pérdidas.
Sin embargo, a pesar de la enorme cantidad de denuncias públicas y discursos encendidos realizados por el titular del ente, la realidad judicial sigue mostrando una puerta giratoria sumamente lenta: hasta la fecha, apenas un caso formal ha pisado los estrados judiciales del Ministerio Público.
El relato oficial se ha cimentado casi exclusivamente sobre los escombros de la administración anterior encabezada por Jorge Brítez, y las razones para ello no son menores: se ventiló el paso de millonarios convenios de jardinería por G. 45.000 millones, adjudicaciones colosales de biohigiene por G. 270.000 millones y compras masivas de textiles hospitalarios por G. 160.000 millones, cifras obscenas que se rubricaron y ejecutaron mientras los asegurados formaban kilométricas filas a la madrugada sin hallar los medicamentos más elementales. Pero señalar los errores del pasado sale gratis y no requiere mayor esfuerzo; lo verdaderamente difícil y transformador es asumir las riendas y sanear el presente.
Esta situación genera un profundo debate sobre el verdadero alcance de las medidas adoptadas por la administración de Isaías Fretes, y despierta una creciente e insostenible frustración entre los miles de trabajadores y aportantes que sostienen la previsional con el esfuerzo de sus salarios mes a mes, viendo cómo sus aportes se desvanecen en medio de una tormenta de promesas que tardan en materializarse.
Isaías Fretes: inicio de gestión marcado por denuncias públicas y promesas de cambios
Desde el primer día de su gestión, el doctor Isaías Fretes apuntó alto y buscó instalar una agenda de fuerte fiscalización. En sus primeras semanas al frente del IPS, el nuevo presidente se encargó de señalar públicamente numerosas anomalías heredadas de administraciones anteriores.
Habló de compras totalmente innecesarias, de licitaciones amañadas y de miles de insumos farmacéuticos y dispositivos quirúrgicos que no se precisaban, los cuales terminaron costando una fortuna a la institución mientras se pudrían en los depósitos. Fretes también cuestionó contratos de infraestructura paralizados y criticó el estado calamitoso de los vehículos oficiales.
Además, implementó una serie de visitas sorpresas a los servicios del IPS. Durante estos recorridos por hospitales y puestos sanitarios, Fretes constató personalmente puertas cerradas, pacientes abandonados a su suerte y costosos equipos médicos de alta complejidad, como máquinas de anestesia de última generación, guardados y arruinándose dentro de cajas por absoluta falta de gestión técnica.
Estas apariciones y los fuertes discursos contra los negociados del pasado —a los que denominó habitualmente como “fatos”— generaron inicialmente una ola de optimismo. Los asegurados, cansados de sufrir penurias históricas, creyeron ver en esta nueva administración el inicio de una limpieza profunda que pondría tras las rejas a los responsables de vacunar las finanzas del seguro social. No obstante, con el correr de los meses, los anuncios mediáticos y la acción judicial comenzaron a tomar distancia.
El insólito caso de las bolsas de ostomía
Uno de los ejemplos más escandalosos y gráficos expuestos al inicio de la administración de Isaías Fretes fue la detección de una escandalosa licitación aprobada para la adquisición masiva de bolsas de ostomía pediátrica. El absurdo administrativo rayaba en el sinsentido cuando se constató que el IPS contaba en sus registros médicos oficiales con apenas unos 10 niños que requerían este tratamiento especializado de manera permanente en todo el país.
Durante una conferencia de prensa que se realizó en ese entonces, el propio titular del ente cuestionó duramente la lógica detrás de esta compra al señalar que los pliegos de bases y condiciones establecían una provisión proyectada a 87 meses —es decir, más de siete años de stock continuo—.
Fretes advirtió sin filtros ni matices que la enorme mayoría de esos insumos farmacéuticos "se iban a pudrir en los depósitos" sin poder ser utilizados jamás por ningún paciente, evidenciando un despilfarro criminal y una planificación criminalmente negligente de los recursos de los asegurados. El caso generó una ola de indignación nacional y pedidos de informes inmediatos desde el Poder Legislativo.
El negocio de lo ajeno: una década alquilando equipos de traumatología
Otro de los “negociados” destapados bajo la administración actual es el escandaloso esquema de tercerización y alquiler prolongado de equipos médicos, donde el ejemplo más lacerante se dio en el área de traumatología.
Fretes denunció públicamente una enorme y prolongada desprolijidad financiera al descubrirse que el IPS llevaba 10 años alquilando de manera ininterrumpida instrumental quirúrgico de altísima demanda y uso cotidiano en los quirófanos. El desembolso promedio estimado es de unos G. 390 millones al mes.
El titular del IPS estalló contra este modelo de negocio al revelar que, en una sola década de contratos sucesivos, la previsional terminó gastando más de G. 46.000 millones en concepto de alquileres. Lo irónico y criminal del asunto es que, con el costo acumulado de apenas uno o dos meses de esa renta usurera, la institución tranquilamente podría haber comprado y amortizado los equipos de manera definitiva para que pasen a formar parte de su patrimonio.
Fretes puso sobre la mesa cómo se priorizó sistemáticamente mantener la dependencia de proveedores externos por sobre la inversión en infraestructura y equipamiento propio, sangrando mes a mes las arcas del seguro médico.
El desastre del Hospital 12 de Junio: inversión millonaria que insulta al asegurado
Si faltaba un elemento para redondear el panorama de despilfarro e ineficiencia en materia de infraestructura, el caso del Hospital 12 de Junio se convirtió en el símbolo más trágico de la desidia y un dolor de cabeza para las autoridades actuales.
Bajo la lupa de las auditorías y denuncias recientes, se recordó y cuestionó duramente el millonario proyecto ejecutado en dicho centro asistencial, por el cual la previsional llegó a desembolsar la escandalosa suma de US$ 8 millones supuestamente destinados a modernizar, ampliar y refaccionar el edificio para brindar un servicio de primer nivel a los asegurados.
Sin embargo, la realidad con la que se chocan diariamente los pacientes y médicos al ingresar al predio es una bofetada a la dignidad humana. A pesar de los multimillonarios pagos ejecutados y cobrados por las empresas contratistas, Fretes denunció que el hospital presenta deficiencias estructurales inadmisibles, paredes con humedad galopante, fallas en las instalaciones eléctricas y, lo más indignante, goteras generalizadas en pleno días de lluvia que obligan a los funcionarios a improvisar tachos y baldes en medio de los pasillos y las salas de internación para evitar que el agua arruine los pocos equipos disponibles.
Este monumento a la desidia resume a la perfección a dónde van a parar los recursos del trabajador: obras sobrefacturadas, mal ejecutadas y recibidas alegremente por las autoridades del IPS, sin que hoy exista un solo responsable tras las rejas por semejante daño patrimonial.
El monumento a la improvisación: El fallido bloque quirúrgico del Hospital Central
A la larga lista de pifiadas administrativas e institucionales heredadas se suma uno de los casos más patentes de negligencia y despilfarro de recursos públicos: el caso del bloque quirúrgico en el séptimo piso del Hospital Central, un proyecto que fue ejecutado sin planificación técnica previa, donde los equipos médicos valuados en unos US$ 20 millones quedaron abandonados por casi dos años a la intemperie, bajo el sol y la lluvia, y que posteriormente pasaron a un depósito al constatarse que la estructura edilicia original no soportaba el peso de las instalaciones previstas.
Ante este fracaso monumental, las administraciones anteriores intentaron enmendar el rumbo mediante la ejecución de otra obra paralela para el bloque quirúrgico, la cual también se inició sin la debida planificación y terminó completamente parada, convirtiéndose en otro símbolo más de absoluta improvisación con el dinero de los asegurados.
De los discursos a los tribunales: ¿Hasta cuándo la impunidad?
A pesar de la gravedad de los hechos expuestos por Fretes ante la prensa y la ciudadanía, la distancia entre el discurso público y la acción judicial concreta ha sido abismal y desconcertante.
Los asegurados esperaban que cada denuncia mediática se traduzca de forma inmediata en carpetas fiscales sólidas. Sin embargo, recién tras un largo trecho de gestión y la presión sobre el IPS, la administración concretó su primera denuncia formal ante el Ministerio Público (radicada en la Fiscalía Barrial N° 7) por un caso puntual de faltante de cables de alta tensión tasados en unos US$ 15.000.
Esta extrema demora en formalizar las denuncias ante la justicia generó fuertes tensiones y críticas lapidarias, incluso dentro del propio entorno político y administrativo que rodea al poder de la previsional. Voces críticas, exasesores y dirigentes gremiales no tardaron en cuestionar duramente que las numerosas advertencias públicas corrían el riesgo de quedar en la nada, convirtiéndose en simples catarsis sin consecuencias penales reales.
Ante esta y otras situaciones que no se solucionan, la figura del presidente del IPS comenzó a recibir cuestionamientos severos por parte de asegurados decepcionados, parlamentarios y asegurados decepcionados, que ya empezaron a utilizar la lapidaria expresión popular “ñe’e rei” —un término profundamente arraigado en la cultura popular paraguaya que define a alguien que habla mucho, promete demasiado y hace grandes anuncios, pero cuyos dichos se reducen a palabras vacías sin hechos concretos ni resultados tangibles que los respalden—.
Pese a la esperanza de sacar al IPS del lodazal en que se encuentra, poco a poco la percepción ciudadana fue mutando. Al cumplirse los 100 días de la gestión de Isaías Fretes, los aportantes comienzan a opinar que las conferencias de prensa, los adjetivos fuertes y las auditorías interminables no sirven absolutamente de nada si los verdaderos responsables de los negociados y perjuicios millonarios siguen libres, impunes y disfrutando del dinero ajeno.
El peso del pasado: 67 expedientes penales durmiendo en los cajones
La magnitud del problema estructural del IPS quedó al descubierto cuando las propias oficinas técnicas y los equipos jurídicos de la previsional revelaron un dato lapidario. Actualmente, el IPS arrastra un verdadero laberinto judicial compuesto por 67 procesos penales activos que llevan años durmiendo en los cajones de la desidia.
Lo más grave de este informe es la antigüedad, el volumen económico comprometido y el evidente abandono procesal de los expedientes. El caso más antiguo de toda la lista data del año 2016, un caso vinculado a la cuestionada emisión y manejo de bonos de la AFD.
Esta monstruosa acumulación de causas demuestra con crudeza que durante los periodos de mandatos anteriores, la impunidad y la falta de voluntad política institucional permitieron que las denuncias se apilen de manera sistemática, mientras el dinero de los aportantes se diluía sin que nadie rinda cuentas de manera efectiva ante los tribunales de justicia.
La sociedad se pregunta cómo es posible que existan decenas de denuncias documentadas en el ámbito penal sin que ningún responsable principal pise una celda o devuelva lo robado.
La desesperación del asegurado: Salud en terapia intensiva
En el IPS, la realidad que se vive a diario en las salas de espera, pasillos y urgencias de los hospitales es dramática, inhumana y profundamente desoladora.
Los pacientes atraviesan un calvario interminable caracterizado por la eterna, sistemática y cruel falta de medicamentos esenciales en las farmacias de la previsional —obligando a los familiares a endeudarse para comprar remedios básicos en farmacias privadas—, turnos médicos con especialistas que demoran meses en ser otorgados, estudios laboratoriales tercerizados que se suspenden por falta de pagos y una infraestructura hospitalaria colapsada que hace mucho tiempo dejó de dar abasto para cuidar con un mínimo de decencia al enfermo.
La administración del doctor Isaías Fretes tiene por delante un desafío monumental y el reloj corre de manera implacable en su contra. La ciudadanía y los asegurados ya no se conforman con conferencias grandilocuentes ni con largas listas de irregularidades expuestas únicamente ante las cámaras de televisión; lo que el trabajador del IPS exige con desesperación son acciones firmes, denuncias contundentes en la Fiscalía, y, por sobre todas las cosas, recuperar el dinero robado para devolverle al seguro social la dignidad que nunca debió perder.