Ainara Goiburú tiene 11 años y va al quinto grado. Para ella, visitar la Plaza de los Desaparecidos, que está ubicada al costado del Palacio de Gobierno en Asunción, fue una experiencia reveladora. “Aprendí mucho sobre la historia del país que yo no conocía, todo el sufrimiento que hubo, el dolor y la falta de empatía que había antes. Con mucha emoción viví lo que nos explicaban”, relató la estudiante, en compañía de su padre.
La niña fue una de los 24 estudiantes de la Primera Escuela Paraguaya de Sordos que participó esta mañana de una salida pedagógica en este espacio público. La jornada buscó conectar la enseñanza de la historia nacional y el fomento de la lectura, fusionando la Semana de la Lectura promocionada por el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), con el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se recuerda cada 30 de agosto.

Frente al Monolito de la Memoria y los fragmentos de la estatua derribada del dictador Alfredo Stroessner, los alumnos conversaron con referentes de derechos humanos como Rogelio Goiburú, director de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia.
“Esta actividad permite a los alumnos acceder a contenidos clave, conocer sobre nuestra historia con la inclusión de la lengua de señas, que además no suele ser habitual en espacios públicos o privados”, afirmó la directora de la escuela, Patricia Ortigoza.
Aprender sobre el pasado a través de testimonios y vivencias en la plaza
Goiburú es médico, como su padre, el doctor Agustín Goiburú, desaparecido por la dictadura de Stroessner y el Operativo Cóndor en 1977, cuando su retoño tenía apenas 4 años. Estando al frente de la Dirección de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia, rescató 44 cuerpos, de los cuales 18 fueron identificados, cuatro en Paraguay y 14 en Argentina.

En la Plaza de los Desaparecidos, hay cuatro placas que rinden homenaje a las cuatro personas identificadas en el país:
- Cástulo Vera Báez. Paraguayo nacido en la ciudad de Villa Elisa. Se dedicaba a la agricultura y también era futbolista.
- Miguel Ángel Soler. Paraguayo desaparecido en 1975. Era el secretario del Partido Comunista en la clandestinidad.
- José Agustín Potenza. Ciudadano argentino perseguido y desaparecido en el país.
- Raffaella Filipazzi. Ciudadana italiana radicada en Argentina y desaparecida en el marco del operativo Cóndor. Esposa de Potenza.
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“Hay que explicar la historia, quienes son los desaparecidos, contar que previamente habían sido detenidos por el Estado en forma ilegal y luego fueron desaparecidos. Lo que queremos con el trabajo de memoria histórica es seguir creciendo y viviendo en democracia en nuestro país, y que estas cosas nunca, pero nunca, vuelvan a ocurrir”, agregó Rogelio Goiburú.
“Abordar esta memoria es clave”: el emotivo encuentro con una sobreviviente
Celsa Ramírez, arpista detenida y torturada por el régimen stronista estando embarazada de cuatro meses, también participó del conversatorio con los alumnos. Su marido, Derlis Villagra, joven militante del Partido Comunista Paraguayo (PCP), también fue preso y torturado; hasta la actualidad, sigue desaparecido.

“El interés que mostraban los chicos me emocionó. Agradezco mucho a las profesoras por la iniciativa porque abordar este tipo de memoria es demasiado importante para el crecimiento del país”, afirmó tras la conversación con los estudiantes.
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Aseguró que hoy día, hay situaciones que llaman la atención y que tenemos que conocer ciertas prácticas de esa época para no volver a vivirlas. “Hay una tendencia a olvidar todo y eso hace que la gente tenga indiferencia a todo”, remarcó.
El reclamo de acceso a la información para la niñez sorda
Gloria Patricia Ortigoza, directora de la escuela, remarcó la importancia de garantizar estrategias pedagógicas activas que respondan a la realidad de los estudiantes. Recordó igualmente que la actividad formó parte del plan de lectura Ñe’ery del MEC.
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“Estas actividades son de un carácter central y muy relevante para el proceso pedagógico de la niñez y la adolescencia sorda”, sostuvo al referirse al impacto directo de las experiencias fuera del aula. Lamentó que existan limitaciones que enfrentan cotidianamente en los canales tradicionales de comunicación.

La educadora expresó además que en el sistema educativo se necesitan más docentes y otros profesionales que interpreten lengua de señas, para seguir creciendo en inclusión, ya que muchos niños sordos estudian en escuelas “regulares” y difícilmente cuenten con acompañamiento necesario.
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Ainara Goiburú, la estudiante del quinto grado, confirmó que “necesitamos más espacios en los museos, en las plazas con actividades en lengua de señas. Nosotros aprendemos mucho con estas opciones, no solo en la escuela”.
