Hasta hace tres años exactos, un empresario paraguayo que quería estar en regla con el Estado debía golpear dos puertas distintas. Una, la de la Subsecretaría de Estado de Tributación, para sus impuestos internos. Otra, la de la Dirección Nacional de Aduanas, para todo lo que cruzara una frontera. Dos sistemas, dos bases de datos, fiscalizaciones que rara vez se cruzaban y una economía informal que explotaba esa costura.
Ese mes, el Congreso fusionó ambas entidades en la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT). Tres años después, el balance combina cifras con una advertencia: la integración resolvió un problema de arquitectura estatal, pero no el más estructural, la informalidad.
Dos cajas, una sola cuenta
El desafío era simple en el papel y compleja en la práctica: que Impuestos y Aduana dejaran de operar como compartimentos estancos. Antes de la fusión, cruzar información entre ambas reparticiones exigía pedidos formales, trámites manuales y semanas de espera que la informalidad aprovechaba.
La apuesta de fondo: que un solo organismo, con una sola base de datos, viera el recorrido completo de un contribuyente, desde que importa un insumo hasta que factura su venta.
Tres años y un fisco
Los números, hasta ahora, respaldan la decisión. La recaudación acumulada entre agosto de 2023 y julio de 2026 llegó a G. 11,5 billones adicionales, unos US$ 1.529 millones, mientras la presión tributaria pasó del 9,1% al 11,2% del PIB y apunta llegar al 12%.
El RUC sumó 272.057 nuevos contribuyentes, hasta totalizar 1.324.423, y la facturación electrónica se amplió: 45.853 facturadores activos y más de 2.573 millones de documentos emitidos desde la implementación del SIFEN.
El control también cambió de escala: 2.192 fiscalizaciones cerradas por más de G. 1,6 billones en ajustes, y operativos que incautaron 12,9 millones de unidades de contrabando, además de 8.827 kilos de cocaína y 311 de hachís, por US$ 401,8 millones. La institución también donó más de 3 millones de kilos de mercadería incautada a escuelas, hospitales y bomberos voluntarios.
“El objetivo es consolidar una administración moderna, predecible y transparente, como aliado del desarrollo socioeconómico del país sin desincentivar la inversión privada”, planteó Braulio Ferreira, gerente ejecutivo de la DNIT. Es, en esencia, la promesa que sostiene el aniversario: más recaudación no significó, al menos hasta ahora, más impuestos.
En cuanto a la facilitación del comercio y formalización, a la fecha, totalizan 45 los Operadores Económicos Autorizados activos, con 27 nuevas certificaciones OEA y más de 6 millones de trámites gestionados a través de la Ventanilla Única del Importador.
La digitalización constituye otro avance. En este ámbito, se creó el portal institucional, se actualizaron los sistemas Marangatu, SOFIA y SIFEN, se implementaron herramientas de ciberseguridad, el Sistema Integrado de Denuncias y la Declaración Aduanera Digital.
Durante este periodo, la DNIT brindó un total de 61.045.666 servicios a la ciudadanía y capacitó a 148.758 personas en educación tributaria, incluyendo 35.927 alumnos y 1.435 docentes en las 1.132 charlas realizadas en todo el país.

La cuenta pendiente
El otro lado del balance es aún una montaña en ascenso. Según el INE, la informalidad laboral ronda el 60% de los ocupados, un piso que la fusión de dos organismos no alcanza a mover por sí sola. Las modalidades de evasión más frecuentes: facturas falsas, omisión de ventas e irregularidades en reservas facultativas, siguen activas pese a los cruces de información en tiempo real.
El contrabando, además, tiende a reacomodarse en zonas secundarias, lejos de los puestos de control fijos, un patrón que la propia DNIT reconoce como el próximo frente a cubrir.
La informalidad representa el desafío más estructural, entre los márgenes reducidos de los pequeños negocios, el desconocimiento de las herramientas digitales y el acceso limitado al financiamiento.
La hoja de ruta oficial apunta al 12% de presión tributaria para 2029, con una reingeniería aduanera apoyada por el BID, nueva plataforma tecnológica y formalización de la cadena de valor comercial, el punto donde hoy se concentra buena parte de la brecha.
“Estos tres años representan el inicio de una nueva etapa, una DNIT más integrada, moderna, eficiente y cercana”, señaló el director nacional de Ingresos Tributarios, Óscar Orué. “Porque cuando los recursos se administran con eficiencia, gana el Estado. Y cuando gana el Estado, ganan todos los paraguayos”. Esa promesa ya no depende de la arquitectura del organismo resuelta hace tres años, sino de si logra cerrar la brecha que ninguna fusión, por sí sola, puede tapar.






