Después de las municipales

Con las elecciones de hoy termina un ciclo y comienza otro.

Desde mañana los colorados superarán la deliberada y conveniente amnesia colectiva que los llevó a meter bajo la alfombra todos sus cuestionamientos y denuncias internas, para ejercer eso que algunos elegantemente denominan como vocación de poder, mientras que otros más críticos lo llaman falta de escrúpulos.

Desde mañana los cartistas volverán a comenzar a recordar las duras acusaciones de entreguismo contra el vicepresidente Hugo Velázquez, las sospechas de su participación en el intento de negociado de venta de electricidad de la ANDE, denunciarán la utilización de los recursos del Estado para llevar adelante una campaña proselitista y hasta repasarán sus antecedentes y relaciones con algunos procesados de la Triple Frontera.

Desde mañana también los abdistas (¿o habría que comenzar a llamarlos velazquistas?) volverán a apelar al sentimiento de la tradición partidaria, a recordar el origen no colorado del exministro de Hacienda Santiago Peña, a criticar su falta de autonomía política y su sometimiento al liderazgo de Horacio Cartes.

Ese ritual que conocemos volverá a repetirse durante poco más de un año, hasta que las internas partidarias de fines de 2022 arrojen un candidato y nos permitan saber si habrá o no necesidad de una nueva cicatriz para las generales de 2023.

Desde mañana también los liberales encabezados por Efraín Alegre intensificarán la idea de República o Mafia, con la que plantean una polarización que comienza en su propio partido; es previsible entonces que a Blas Llano, Zulma Gómez y otros habitualmente cuestionados por su afinidad con el cartismo, se les sume ahora el empresario Norman Harrison, quien aparece como un posible candidato del sector para las internas presidenciales.

Mientras tanto los llanistas volverán a recordar la situación financiera de su partido bajo el mandato de Alegre, el carácter excluyente del presidente de su directorio y su obsesión por ser únicamente él quien encabece un eventual frente opositor en las próximas presidenciales.

Desde mañana también habrá que observar y tratar de interpretar al siempre enigmático Fernando Lugo, para intentar descifrar cuál será el itinerario de esa izquierda representada en el Frente Guasu, que deberá definir a un candidato (¿o candidata?) que les permita instalar una idea de mayores posibilidades para conservar, o aumentar, bancas, en la relación de fuerzas en el Congreso, y no depender casi exclusivamente del arrastre que puede seguir teniendo en un porcentaje de la población el exobispo y presidente.

Desde mañana también habrá que mirar cómo se reagrupa esa izquierda un poco más urbana, esa que postuló a Mario Ferreiro en unas presidenciales y luego lo llevó a la intendencia de Asunción.

Asunción, precisamente el escenario que en las elecciones de hoy evidencia que sigue siendo difícil para la izquierda llegar totalmente unida, como lo reflejan las candidaturas a la intendencia de la alianza Asunción Para Todos por un lado, y de la Concertación Nacional Frente Guasu por el otro.

Desde mañana habrá que ver también cómo se mueven partidos que pelearán por su supervivencia política en el próximo Congreso, como Patria Querida en la búsqueda de algún candidato que represente su línea conservadora y les permita mejores espacios de negociación, o Hagamos, para intentar crecer con algo más que la popularidad de los Ab Ovo.

El camino hacia el 2023 nos presentará este escenario desde mañana, mayormente previsible en la política paraguaya, en la confrontación que podría darse en esas elecciones generales.

Un escenario previsible y quizás solo quebrantable por alguna oportuna aparición del exsenador Paraguayo Cubas, o de alguno de esos outsiders que aparecen repentinamente logrando activar el sentimiento de ilusión capaz de movilizar en unas elecciones, cuando más no sea para decirle a sus rivales que ellos aún no han ganado nada.

guille@abc.com.py

Enlance copiado

Lo
más leído
del día

01
02
03
04
05