Hediondo

De llegar a confirmarse que alguna parte del gobierno de Santiago Peña estuvo pagando con dinero y funcionarios públicos la sucia campaña contra políticos disidentes, comunicadores y medios de comunicación será uno de los episodios más graves de manipulación digital y política desde 1989.

Y no es que los anteriores gobiernos no atacaran en forma inmisericorde, de una u otra forma. Claro que lo han hecho: selectivamente, con bravuconadas virulentas y también con guantes blancos, con medidas restrictivas para conferencias de prensa o seleccionando quiénes accedían a la información pública.

La historia confirma que hemos atravesado demandas presidenciales desopilantes contra prensa y periodistas; violencia verbal hacia unos, prohibiciones hacia otros. Desde gobiernos de la década del 90 y hasta ahora. Al poder le cuesta aceptar el poder de lo público; llegan al gobierno y son alérgicos al escrutinio y a las críticas disidentes.

Es otro nivel descubrir el concierto de páginas digitales usando inteligencia artificial para videos falsos, ataques contra políticos y comunicadores. Descubrir nexos con agencias de comunicación en el extranjero para encubrir la trazabilidad del dinero y las conexiones locales, garfios acercándose a altas esferas de la comunicación gubernamental… Es difícil recordar un precedente de este tamaño.

Cuanto más se escarba, más hediondas las raíces que -por ahora- apuntan a la médula del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (MITIC), bajo responsabilidad de Gustavo Villate Ocampos, primo hermano político del presidente de la República. Hay indicios de una insoportable cercanía con los sicarios digitales.

El 17 de octubre del 2024, un sonriente Santiago Peña firmó en Miami la declaración de Chapultepec ante la 80 Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). La declaración dice que “no hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo”. Estos ataques solo ratifican lo peor: que la víctima final no es un medio de comunicación, es la verdad pública.

Antes y después de la firma en EE.UU., inclusive en la víspera, la página Despierta Paraguay pagó en dólares para atacar a la Directora de ABC Color. La desesperación por borrar ahora esas páginas les está llegando muy tarde.

Dos textuales de Peña en la SIP ese día pintan una obscena doble moral: “No me responsabilizo de las acciones de otros” y “Lastimosamente, la intolerancia y el autoritarismo siguen insistiendo en acallar las voces críticas”.

Alto cinismo internacional. Profunda hediondez local.

mabel@abc.com.py