De emergencia en emergencia

La Cámara de Diputados aprobó nuevamente el estado de emergencia departamental para el Alto Paraguay, a consecuencia del aislamiento provocado por la falta de caminos que, una vez más, afecta a los pobladores, convirtiéndose esto en una costumbre que, antes que atacar el problema de fondo, se transforma en una estrategia utilizada por políticos para obtener votos a cambio de kits de alimentos.

De forma permanente, el Alto Paraguay es declarado en emergencia departamental, ya sea por las lluvias o por la sequía. En ambas situaciones no se realizan, o no se quieren realizar, soluciones reales; pues en el caso del aislamiento no se reparan los caminos como debiera ser, y en lo referente a la temporada seca, no se construyen grandes reservorios para las poblaciones.

La falta de estas infraestructuras sociales hace que actualmente el Alto Paraguay sea el departamento más pobre del país; al menos así lo sostiene el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su último informe del censo poblacional. Y esta pobreza no se debe a la falta de recursos o de capital humano, sino a la desidia de las autoridades, que no cumplen con sus obligaciones.

El Alto Paraguay no necesita declaraciones de estado de emergencia; lo que realmente necesita es que el Gobierno se decida a construir caminos de todo tiempo en la región, para potenciar la actividad ganadera, principal rubro económico de la zona, que con casi 2 millones de cabezas de ganado vacuno lo ubica como el segundo mayor productor de este rubro a nivel nacional.

La declaración constante de emergencia se ha convertido en un negocio que beneficia a políticos que sacan tajadas, sobre todo durante la repartición de kits de alimentos a los pobladores, al tiempo de condenar a las familias de la zona a depender de este tipo de asistencia, pudiendo desarrollarse dignamente a través del trabajo honesto.

En todo este tiempo de permanentes declaraciones de emergencia, el Estado paraguayo ya destinó más de G. 20.000 millones, dinero utilizado, al menos en parte, para la compra de alimentos, mientras que el destino del resto se desconoce.

Es hora de poner fin a esta clase de prácticas de pura corrupción con el dinero público, en desmedro de las necesidades de los pobladores de estas lejanas comunidades. El chaqueño es conocido por ser una persona trabajadora; solo necesita oportunidades que el Estado le sigue negando al postergar el ansiado camino de todo tiempo.

Basta de declaraciones de emergencia; lo que se necesita son caminos asfaltados para las comunidades.

calmiron@abc.com.py