La importancia de no tener importancia

Las riñas entre colorados no son por el bienestar del pueblo. Son por plata. El poder es para ellos vía libre en negocios y en el saqueo impune del dinero público. Hay gente contemplando sus reyertas como si fueran vitales para el país, cuando solo buscan la hegemonía para seguir esquilmándonos. Ganan siempre ellos, perdemos siempre nosotros, que debemos seguir manteniendo la cada vez más costosa maquinaria política parasitaria.

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La disputa en Honor Colorado (HC), el movimiento preeminente que hoy aparece como más importante que el propio partido, ha producido una hipertensión en los medios, en las redes, entre observadores que toman postura por uno u otro bando como barrabravas agitados.

HC se mueve como una mafia, tomando este término en la tercera acepción del Diccionario: “Grupo organizado que trata de defender sus intereses sin demasiados escrúpulos”. HC no tiene escrúpulos para deshacerse de los obstáculos en su camino. Se habla de que desea apartar a tres ministros de la Corte que no le serían sumisos.

Como mafia, tiene un jefe administrador del poder y tiene poderes subalternos. Y llegó un momento en que los poderes subalternos se cansaron de ser tales y prepararon el camino para rebelarse contra el jefe. Aguardaron el punto de hartazgo. He ahí el detalle, diría Cantinflas.

En este “grupo organizado (…) sin demasiados escrúpulos” el jefe es Cartes, quien impuso a dos subalternos como presidente y vicepresidente de la República con la intención de administrar con sus piolines el poder que les otorgó. Con esto se llegó a algo inédito en la historia: el Partido Colorado tiene un presidente de la Junta que no es colorado natural; un presidente de la República de origen liberal y un vicepresidente de la República que procede del Encuentro Nacional. El Partido Colorado parece un arco iris. Poderoso caballeracio es el dinero de “don Horacio”.

El punto de hartazgo para la rebelión de Alliana y Peña fue la imposición cartesiana de un candidato a vicepresidente, asunto sin importancia para el país (no cambia nada), pero importante para el jefe, quien debe demostrar su condición de todopoderoso. Así funciona un jefe en una mafia.

Los polluelos hoy insubordinados venían preparando el terreno para cuando llegase el hartazgo. Peña pasó de arriero sogue —como yo— a multimillonario; Alliana tuvo también la misma “suerte”. Adquirieron poder económico (Peña tiene “su” banco, incluso) y, asimismo, base política, aunque coyuntural. Hoy pueden enfrentar la imposición del desgastado jefe. Pueden olvidar que ellos mismos son imposición de Cartes, y si Cartes no los hubiera impuesto, hubieran seguido siendo dos grises diletantes en política. O ni eso.

Mientras unos alientan a Cartes y otros deliran con Peña, la educación se despeña y la salud se descarta. A ellos el país les importa un corno. Pelean por poder y plata; nosotros, por conseguir Hipercor.

Sigan arañándose. Sus trifulcas no mejorarán nuestra vida. Después volverán a abrazarse y a ser la mafia de siempre. Para joderle al Paraguay.

nerifarina@gmail.com