9 de agosto de 2026


Un plato de pasta, un trozo de pan, un postre: más allá del menú, el orden en que se consumen los alimentos puede influir en cómo responde el cuerpo. En los últimos años, estudios en nutrición y metabolismo mostraron que comenzar por verduras, proteínas y grasas y dejar los carbohidratos para el final ayuda a reducir el pico de glucosa en sangre tras la comida. No es una moda: es fisiología.

Cuando suben las temperaturas los menús cambian: ensaladas y bebidas heladas conquistan la mesa, mientras que guisos, sopas y estofados parecen quedar desterrados hasta el otoño. Detrás de ese gesto casi instintivo surge la pregunta: ¿es solo cuestión de confort o comer caliente en pleno verano realmente afecta a la digestión y a la sensación de energía?

La hinchazón abdominal se ha convertido en una de las quejas digestivas más frecuentes en consultorios médicos y farmacias. No es solo una cuestión estética: esa sensación de “globo” puede venir acompañada de dolor, gases, pesadez e incluso afectar el ánimo y el descanso.

En cada fin de año hay cenas copiosas, brindis encadenados, sobremesas eternas y, al día siguiente, la infusión “milagrosa” para intentar compensar los excesos. Pero la ciencia lleva tiempo señalando que la verdadera aliada para sobrellevar estas semanas no es una tisana puntual, sino la salud de un actor silencioso: la microbiota intestinal.