13 de enero de 2026
En una entrevista brindada la semana pasada por el presidente de la República, Santiago Peña, no tuvo otra idea que burlarse de las reglas básicas de la economía financiera, y decir que la mejor forma para que a los paraguayos les sobre “plata en el bolsillo” es cambiar a sus hijos de un colegio privado a uno público. “Si hay más niños que anteriormente sus padres pagaban una cuota para mandarle a un colegio privado y hoy sus padres deciden ir a un colegio público, quiere decir que esa gente va a tener más plata en sus bolsillos”, sostuvo, con la convicción de que había dado la mejor lección de administración de su vida. Estas declaraciones, que solo muestran el “mundo paralelo” en el que quiere hacer creer el presidente que viven los paraguayos, desató toda serie de memes y burlas, pero más allá de lo jocoso que pueda resultar, no deja de ser preocupante la desconexión de la realidad que mantiene constantemente aquel que juró que todos, y no solo un grupo selecto, iban a “estar mejor” en su gobierno.
Abundan las discrepancias sobre la marcha del país, pero reina un consenso acerca de que la educación pública es un desastre, que no han logrado tan siquiera paliar los 22 ministros de la cartera que se han sucedido desde 1989, cuando empezó la llamada “era democrática”. Los gravísimos problemas que afronta resultan harto conocidos, pero no son abordados con la idoneidad, la honestidad y la energía necesarias para que las nuevas generaciones tengan un buen futuro en un mundo globalizado, en el que el conocimiento se torna cada vez más importante. Se espera que el futuro Gobierno consiga ordenar la casa y ponga fin a una ya larga y pesada cadena de fracasos, que condena al país a la pobreza.
El Ministerio de Educación y Ciencias es un tremendo monstruo burocrático, donde trabaja –o al menos figura en planilla– más de un tercio de todos los funcionarios de la Administración Central del Estado. Uno de los grandes problemas con los que se encuentran los que se hacen cargo de esa cartera es que lo urgente no les deja ocuparse de lo verdaderamente importante. Este período previo para la asunción de un nuevo Gobierno es ideal para identificar y planificar políticas y acciones destinadas a elevar de manera sustantiva el nivel de la educación pública paraguaya, por lo que el presidente electo, Santiago Peña, debería darle máxima prioridad a la designación de la persona que estará al frente. Para cuando la nueva administración entre en funciones, ya tendrá encima la elaboración del presupuesto para el año siguiente, las presiones internas, las amenazas de huelga, las licitaciones y terminará simplemente siguiendo la inercia y haciendo más de lo mismo, como siempre.

Si todo se desarrolla con normalidad como se espera, y probablemente así será dado el ya tradicional buen comportamiento cívico de la sociedad paraguaya en jornadas comiciales, esta noche estarán definidos los candidatos a presidente y vicepresidente de la República, a senadores y diputados, a gobernadores y miembros de juntas departamentales que competirán en las próximas elecciones generales del 30 de abril. Los ciudadanos tienen una doble responsabilidad. El país necesita, primero, que los que voten en estas internas sean muy cuidadosos a la hora de decidir quiénes los representarán a través de los grupos políticos de su preferencia. Segundo, que todos los electores se tomen el trabajo en los próximos meses de conocer a los contendientes que surjan hoy de las urnas, informarse sobre su trayectoria y su reputación, observar su pensamiento, su conducta y su coherencia, para tratar de impedir que los traidores de la confianza popular vuelvan a burlarse de la Patria.

Un estudio de la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Orealc) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) evaluó la educación paraguaya en sus niveles de tercer y sexto grado al 2019 en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. Los indicadores muestran una leve mejoría en comparación con un estudio similar hecho en 2013; aun así, los alumnos de nuestro país no superan el nivel básico de cada una de estas áreas, encontrándose y estancándose en el Nivel 1 de un máximo de 4.