20 de septiembre de 2026

Aprobar el PGN 2027 sin condiciones oculta una trampa fiscal. Entre el sinceramiento de deudas y la promesa de volver al equilibrio, el economista Robert Soto advierte que el Congreso debe exigir un plan real para no condenar el futuro económico del país. ¿Hacia dónde va el dinero de los contribuyentes?

Supuestamente, este año tenía que ser el último después de la pandemia con un déficit público por encima del tope establecido en la ley de responsabilidad fiscal, ya con la prórroga obtenida por la actual administración de Santiago Peña. Este fue el compromiso de las fuerzas políticas y del Gobierno con los organismos multilaterales, con las calificadoras internacionales de riesgo y, más importante aún, con la población paraguaya. Sin embargo, en la práctica, el endeudamiento y el gasto estatal, fundamentalmente el corriente y rígido, en vez de ajustarse y disminuir, crecen sin parar.

La sostenibilidad de la deuda es un aspecto clave en la economía, ya que la capacidad del Estado para gestionar adecuadamente su nivel de endeudamiento impacta directamente en la estabilidad económica y la credibilidad ante los mercados financieros, la flexibilidad para implementar políticas que impulsen el desarrollo económico, y la respuesta en periodos recesivos. De hecho, altos niveles de deuda podrían tener consecuencias económicas y sociales. Por ello, las reglas fiscales se utilizan como herramientas para gestionar el endeudamiento de manera responsable.
La Cámara Paraguaya de la Construcción, la Cámara Paraguaya del Acero y la Asociación de Profesionales de la Construcción afirman que, solo en intereses moratorios, el MOPC les debe 100 millones de dólares a contratistas de obras, un monto que, de confirmarse, representaría casi el 15% de la “ejecución histórica” reportada por esa cartera en 2024. Este Gobierno había acusado al anterior de postergar pagos y esconder deudas vencidas bajo la alfombra para maquillar el déficit fiscal. Con ese argumento, obtuvo en 2023 autorización para un fuerte endeudamiento adicional, supuestamente para ponerse al día y “sincerar” el balance. Un año después, se repite la historia.

El país ha avanzado en el manejo de sus finanzas públicas y el reciente logro de obtener la calificación de grado de inversión es un testimonio de ello. Nuestras finanzas supieron sobreponerse a un difícil inicio de los años 2000, marcado por un default selectivo, continuando luego con presiones en el gasto de remuneraciones por decisiones políticas y la necesidad de mayor gasto público para enfrentar situaciones inesperadas (como inundaciones, sequías, pandemias, crisis regionales, etc.). Esta situación, en parte, me recuerda al mítico personaje de Perurima, ya que, como relataba Alcibiades González Delvalle “de todos los apuros supo salir”.

La estabilidad macro fiscal de Paraguay le ha permitido obtener y mantener buenas calificaciones y perspectivas en su perfil crediticio durante los últimos quince años. Entre el conjunto de acciones y reformas destacan el manejo de la inflación, la incursión en los mercados internacionales con los bonos soberanos en el año 2013, el equilibrio fiscal sustentado por la Ley de Responsabilidad Fiscal (LRF), el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) así como el nivel de reservas internacionales, la política de repagos, entre otras importantes modificaciones.