Datos del Banco Central del Paraguay (BCP) muestran que, en los últimos años, los precios de los alimentos siguieron una trayectoria distinta a la inflación promedio de la economía, con una brecha cada vez más marcada.
En el cierre de 2025, mientras la inflación general se ubicó en 3,1%, los alimentos registraron una suba del 7,1%. Se trata de un fenómeno que no es aislado, ya que desde 2023 los alimentos vienen encareciéndose a un ritmo mayor que otros componentes del índice.
Dentro del grupo alimentos, la carne vacuna se ubicó entre los rubros con mayor impacto sobre el costo de vida en el trienio reciente.
Tras un aumento moderado en 2023, el precio de la carne registró un fuerte salto en 2024 y mantuvo subas de dos dígitos en 2025, acumulando en conjunto un incremento superior al 37% en tres años.
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Según el Informe de Inflación del BCP, la carne vacuna explicó cerca de 0,9 puntos porcentuales de la inflación total de 2025, lo que implica que casi un tercio del aumento de precios del año estuvo asociado exclusivamente a este rubro.
Llevado a una situación concreta, lo que en 2023 podía adquirirse con G. 100.000 en carne vacuna hoy requiere cerca de G. 137.000 para sostener un nivel de consumo similar, incluso priorizando cortes habituales.
Cortes populares al alza
El encarecimiento no se concentró únicamente en cortes premium. El vacío fue el más afectado en el período analizado, con una suba acumulada cercana al 50%, lo que implica que hoy cuesta casi el doble que hace tres años.

Otros cortes de consumo frecuente tampoco escaparon a la tendencia. La carnaza de primera y el lomo registraron incrementos acumulados superiores al 37%, mientras que la tapa cuadril mostró subas más moderadas, aunque igualmente relevantes en el contexto general.
Esta evolución redujo drásticamente el margen de sustitución dentro del consumo familiar. Los datos revelan que las opciones consideradas ‘económicas’ o alternativas acompañaron el encarecimiento. Casos como la carnaza de segunda (+49%) o el puchero (+43%), superaron incluso la inflación de los cortes premium.
Frutas y verduras con alta volatilidad

El comportamiento de las frutas y verduras frescas añadió otro componente de presión al gasto alimentario, aunque con dinámicas opuestas.
En el caso de las frutas, el ajuste fue sostenido y severo: en los últimos tres años acumularon una suba superior al 58%, liderando el encarecimiento de la canasta y registrando en 2025 el mayor aumento anual de todo el grupo de alimentos.
Las verduras frescas, en cambio, se movieron con una volatilidad extrema. Tras dispararse un 29% en 2023, sus precios se desplomaron un 26% al año siguiente, para cerrar el 2025 prácticamente estancados (+0,3%).
Aunque el balance trienal muestra una leve baja técnica (-4,3%), este ‘sube y baja’ constante introduce un alto grado de incertidumbre que impide cualquier planificación real del gasto mensual en el hogar.

Una medición pendiente de actualización
Más allá de las cifras actuales, es válido recordar que la inflación se sigue midiendo con una canasta de consumo configurada en 2017.
Los hábitos de las familias paraguayas han cambiado en estos ocho años, pero la herramienta estadística recién ha iniciado su proceso de recalibración.
Desde octubre de 2025, el BCP y el Instituto Nacional de Estadística (INE) llevan adelante la nueva Encuesta de Presupuestos Familiares, un trabajo de campo que se extenderá hasta finales de 2026.
Esto sugiere que, muy probablemente, recién para el 2028 contaremos con un índice renovado que refleje con mayor precisión cuánto pesa realmente la comida en el carrito —y en el sueldo— del consumidor moderno.
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