En la entrega XIV de esta serie se reveló la breve estancia de Biófilo Panclasta en el Paraguay en 1906, inscribiéndolo así en la genealogía de los anarquistas extranjeros que pasaron por estas tierras para difundir la idea. En esta oportunidad nos toca hacer lo propio con otra figura muy representativa del nacimiento del anarquismo en España entre 1870 y 1900: José López Montenegro, cuyos textos aparecieron publicados entre noviembre de 1903 y julio de 1904 en el periódico asunceno dirigido por Ramona Ferreira, La Voz del Siglo, en lo que constituye, sin duda alguna, el primer aporte sistemático y sostenido en el tiempo de propaganda anarquista en el Paraguay —extrañamente omitido por los estudios de colegas sobre el semanario de Ramona Ferreira—, anticipándose así a la producción de Rafael Barrett y a la aparición del periódico El Despertar (1906) (1).
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José López Montenegro (JLM) (1832-1908) se estima que nació en Burgos. Luego de realizar la carrera militar se desempeñó como administrativo del ejército español. Sin embargo, era partidario de las ideas republicanas, que lo llevaron a participar de la sublevación de septiembre de 1868 que provocó la caída y exilio de Isabel II. En 1871 se negó a jurar lealtad al nuevo rey, Amadeo de Saboya, para, después, desplazarse desde posiciones republicanas hacia otras netamente anarquistas cuando esta corriente ideológica daba sus primeros pasos en España. Comenzó su militancia ácrata en Zaragoza e impulsó la autonomía en cantones, como el de Aragón. Esta transformación de militar a libertario, sumada a la derrota del movimiento antimonárquico, motivó que perdiera su rango militar y fuera perseguido, teniendo que refugiarse en Francia, donde viviría hasta 1882, momento en que retorna a Barcelona para reintegrarse a su nueva militancia.

Actúa como propagador del anarquismo en Sallent y Sabadell, principalmente. En la primera, como maestro; y en la segunda, dirigiendo entre 1884 y 1886 el periódico anarquista Los Desheredados. Órgano de todos los que aman la verdad y el bien, el cual tuvo polémicas con otros órganos anarquistas, como Bandera Social. Participó de innumerables mítines anarquistas entre 1890 y 1900, lo que le significó reiterados procesos y estancias en prisión, hasta que la justicia lo acusó de ser uno de los responsables del atentado contra la procesión del Corpus Christi sobre la calle Canvis Nous, en Barcelona, el 7 de junio de 1896, el cual provocó doce muertes, aunque nunca fue reivindicado por los núcleos anarquistas. JLM estuvo recluido en la fortaleza de Montjuic junto a otros referentes, como Anselmo Lorenzo, Fernando Tarrida del Mármol, Pere Coromines y Juan Montseny. Finalmente, absuelto, se lo vuelve a procesar por su intervención en la huelga barcelonesa de febrero de 1902, pero esta vez opta por refugiarse en América, poco después de publicar El botón de fuego (Barcelona, F. Cuesta, 1902) (2). Respecto a su vida personal, fue vinculado sentimentalmente con otra importante líder anarquista, Teresa Claramunt, más allá de su matrimonio con Faustina Tomás.
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Este ex militar y maestro que estaba por arribar a Asunción a mediados de 1903 es el mismo que Anselmo Lorenzo menciona en El proletariado militante (1901) como uno de los integrantes más esclarecidos del movimiento anarquista español, junto a quien editaba en Barcelona el periódico La Huelga General, aun cuando le reprocha que «dejaba de ser buen pensador para ser poeta malo». El mismo que se señala como uno de los autores anarquistas más leídos en España a comienzos del siglo XX, junto a Bakunin, Kropotkin, Reclus, Malato, Malatesta, Anselmo Lorenzo, Federico Urales, Soledad Gustavo, Ricardo Mella y Leopoldo Bonafulla (3), y a quien el investigador G. D. H. Cole definió como el «más infatigable de los escritores anarquistas» de España (4).

Esta fama y su grado 33 en la masonería —donde escogió el nombre simbólico de Espartaco— sin duda influyeron para que Ramona Ferreira, directora en Asunción del periódico de libre pensamiento La Voz del Siglo, le otorgara un amplio espacio en sus páginas, donde JLM llegó a publicar 29 textos en el espacio de nueve meses.
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En la mayoría de sus columnas asuncenas se centró en aquello que para él definiría la lucha contra la burguesía, tanto en Europa como en Paraguay: la huelga general. Por citar un ejemplo: «No hay gobierno bueno, autoridad humanitaria, ni poder que sea justo (…) El Estado, la patria, las fronteras, las religiones, los capitalistas, y sus derivados, robos guerra, superstición, ignorancia y miseria, no reconocen otro origen que la propiedad y el dinero (…) La huelga general hará el milagro» (5). Otro elemento fuerte en su discurso fue el anticlericalismo, plasmado en un extenso poema dedicado a Ramona Ferreira, «Mi estimada amiga», que en uno de sus pasajes expresa: «Así el clero paraguayo, de su cinismo hace gala, y en harén ha convertido, cada rancho y cada casa, habiendo cura que tiene, más hijos que misas canta» (6), y en otro poema, titulado «Las místicas» (7); pero también en pequeñas columnas críticas de la práctica de la confesión, aspecto que establece un fuerte vínculo entre él y Ramona Ferreira, como cuando sentencia: «La mayor de las prostituciones, cual es la confesión, se practica como acto honroso y se consiente por padres y maridos, cuya inteligencia desconoce lo digno» (8); y, finalmente, propone una «guerra sin cuartel al sacerdocio y a la burguesía» (9).

Otro de sus intereses fue la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Se suele atribuir a Ramona Ferreira la expresión de la mujer como «esclava de esclavos», pero fue JLM quien la utilizó en la columna «Emancipación de la mujer» en febrero de 1904 (10); Ferreira, quien la escribe en cursiva, la citó tres meses después (11).
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Con respecto a temas concretos del Paraguay, JLM se refirió de forma irónica a las peripecias de la gente que realizaba la procesión a Caacupé, como el cruce del arroyo Pirayú (12); criticó a aquellos socialistas utópicos que buscan una Arcadia moderna alejados de la sociedad, afirmando que «El buen ejemplo oculto es como si no existiera» (13), y se refirió al «comunismo autoritario» de los jesuitas en el Paraguay (14), además de criticar el edicto policial que prohibía a las mujeres fumar en público y a los hombres utilizar ponchos en Asunción (15).

Finalmente, en su «Manifiesto», el documento de doctrina anarquista más completo publicado en Paraguay hasta ese momento, que apareció en cinco entregas consecutivas, declaró: «No somos, pues, demócratas, y abominamos la democracia porque abominamos el poder, aborrecemos el gobierno y no le queremos ni aún para nosotros, diferenciándonos en esto de esos trabajadores ilusos que sueñan en la constitución de un partido político (…) Proclamamos la acracia (no gobierno)». En el mismo, denuncia el reinado de la «mesocracia», califica las leyes de propiedad de «crimen de lesa humanidad», propone la disolución del Estado y la «expropiación de los detentadores del patriotismo universal», y en la última entrega se dirige al «trabajador paraguayo», llamándolo a la huelga general y a la revolución (16). Posición que tres meses después amplió afirmando que «Se inventaron leyes para que la humanidad honrada y productora viva, siempre, esclava de la minoría insolente de parásitos (…) realizando el absurdo de ser propietarios los que nada producen y mendigos aborrecibles los que trabajan (…) Los que votan y los que rezan son miserables carneros, eunucos y cretinos» (17).
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En sus intervenciones en La Voz del Siglo se puede observar una cierta incapacidad por reparar en las condiciones locales, en las que intenta implantar metodologías de luchas obreras surgidas y desarrolladas en Barcelona, actitud seguramente relacionada con su optimismo determinista en la ciencia y el progreso, que lo lleva a la seguridad del inevitable triunfo de la revolución.
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La evaporación tanto de Vicente Lizcano como de López Montenegro de la historia del anarquismo en el Paraguay nos interpela a los historiadores sobre los inconvenientes que genera depender de la memoria de dos individuos (Ciriaco Duarte e Ignacio Núñez Soler) y de los recortes de prensa acumulados por un tercero (Francisco Gaona) para la reconstrucción de la historia del movimiento en estas tierras. Del mismo modo, hacerlo de las interpretaciones de colegas que nos precedieron —que, si bien valiosas por su carácter pionero, no dejan de ser incompletas, como esta misma serie—, y repetir lo mismo sin cuestionamientos o intención de sumar nuevos datos o enfoques, solamente colabora con el estancamiento. Es esperanza de esta saga que no ocurra lo mismo con ella y que sea superada por futuras investigaciones.

Referencias
(1) Los antecedentes tienen carácter efímero, como el «Manifiesto de los Hijos del Chaco» en 1892, un folleto aislado; o la visita de Pietro Gori entre septiembre y octubre de 1901. En el caso de Moisés Bertoni, más allá de sus vínculos con Eliseo Reclus, no se lo puede considerar un referente del anarquismo en Paraguay, donde sus actividades siempre gozaron del apoyo gubernamental y estuvieron destinadas exclusivamente al desarrollo de la agricultura. Finalmente, Hérib Campos Cervera y la revista La Linterna Paraguaya solo fueron expresión de la corriente de libre pensamiento en el país, no así de difusión de ideas anarquistas.
(2) Datos provenientes de Miguel Iñiguez, Enciclopedia del anarquismo ibérico, tomo II, Vitoria, Asociación Isaac Puente, 2018.
(3) Mercedes Samaniego Boneu, La política educativa de la Segunda República, Madrid, Escuela de Historia Moderna, 1977, p. 46.
(4) Historia del pensamiento socialista, Vol. IV, La Segunda Internacional, 1889-1914.
(5) «¡Abajo las tiranías!», La Voz del Siglo, año II, no. 77, Asunción, 22 de febrero de 1904.
(6) «A mi estimada amiga», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 69, 28 de diciembre de 1903.
(7) «Las místicas», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 74, 1 de febrero de 1904.
(8) «El comunismo autoritario y el anárquico», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 78, 29 de febrero de 1904.
(9) «El sacerdocio y la burguesía», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 82, 11 de abril de 1904.
(10) «Emancipación de la mujer», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 75, 8 de febrero de 1904.
(11) «Absurdo del sacramento, la ‘Eucaristía’», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 88, 30 de mayo de 1904.
(12) «A mi estimada amiga», segunda parte, La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 70, 4 de enero de 1904.
(13) «El comunismo autoritario y el anárquico», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 78, 29 de febrero de 1904.
(14) «El comunismo autoritario y el anárquico», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 76, 15 de febrero de 1904.
(15) «Prodigio de la Gefatura», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 78, 29 de febrero de 1904.
(16) «Manifiesto», La Voz del Siglo, Asunción, en cinco entregas, desde el no. 66 (noviembre 1903) hasta el no. 70 (enero 1904).
(17) «Los rebeldes», La Voz del Siglo, Asunción, año II, no. 83, 18 de abril de 1904.
*Mariano Damián Montero es historiador por la la Universidad de Buenos Aires, magister en Historia Intelectual por la Universidad Nacional de Quilmes, miembro de la Red Internacional de Estudios Críticos sobre el Stronismo y de la Red Latinoamericana de Teoría e Historia de la Historiografía, investigador y autor de artículos sobre historia reciente del Paraguay publicados en revistas de diversos países. Ha publicado los libros Agapito Valiente. Stroessner kyhyjeha (Arandurã, 2019), Lincoln Silva: Obras completas (Arandurã, 2021) y Super Omnia Veritas. La Academia Paraguaya de la Historia y la dictadura de Stroessner (Arandurã, 2025).

Serie «Historias perdidas del anarquismo paraguayo»
(I) El Pájaro Negro y el DeLorean (El Suplemento Cultural, 10 de marzo de 2024).
(II) Consecuencias de pasar de obrero a patrón (El Suplemento Cultural, 17 de marzo de 2024).
(III) Los cuatro de 1938 (El Suplemento Cultural, 24 de marzo de 2024).
(IV) El inquisidor como antropólogo y el anarquismo paraguayo en los años sesenta (El Suplemento Cultural, 31 de marzo de 2024).
(V) El caso de Emilio Goltz y el paradigma indiciario (El Suplemento Cultural, 7 de abril de 2024).
(VI) Anarquismo paraguayo y edición: el caso de la Agrupación El Combate (1923-1925) (El Suplemento Cultural, 14 de abril de 2024).
(VII) ¿Viajan las ideas? Historia de un equívoco: los Kostianovsky y Néstor Majnó (El Suplemento Cultural, 21 de abril de 2024).
(VIII) El caso de Renovación, 1920-1926 (El Suplemento Cultural, 12 de mayo de 2024).
(IX) Cultura Socialista: el canto de cisne de la prensa anarquista paraguaya (El Suplemento Cultural, 2 de junio de 2024).
(X) Un traductor de obras anarquistas perdido en Asunción: el caso de Julio Company (El Suplemento Cultural, 1 de agosto de 2024).
(XI) La masacre de Puerto Pinasco y la crónica de los sucesos en El Obrero Gráfico (El Suplemento Cultural, 12 de enero de 2025).
(XII) La gira de Rodolfo González Pacheco por Paraguay en 1926 (El Suplemento Cultural, 2 de febrero de 2025).
(XIII) La «Villarrica del Espíritu Ácrata» (El Suplemento Cultural, 30 de marzo de 2025).
(XIV) 1906: El despertar ácrata de Biófilo Panclasta en el Paraguay (El Suplemento Cultural, 4 de enero de 2026).
(XV) «Guerra sin cuartel al sacerdocio y a la burguesía»: José López Montenegro en Asunción, 1903-1904 (El Suplemento Cultural, 24 de mayo de 2026).
Todas las entregas están publicadas en la edición impresa de El Suplemento Cultural de ABC Color, y también disponibles en línea.
