Una de las imágenes más famosas que se conservan de Augusto Roa Bastos pertenece al archivo de este diario. Su autor la capturó con el propósito de que apareciera impresa en estas páginas, y en ellas, en efecto, fue publicada originalmente, hace ahora más de cuatro décadas.
La historia de esa imagen es la que sigue: al enterarse de que Roa, su esposa y su hijo habían sido arrojados por agentes del Gobierno en la frontera de Puerto Falcón, los periodistas de ABC Color Jesús Ruiz Nestosa y Rufo Medina viajaron hasta el lugar para entrevistarlos.
Lograron encontrar su hotel, pero Roa les cerró la puerta en las narices.
Lejos de amilanarse, Medina y Ruiz Nestosa alquilaron una habitación en una pensión cercana y esperaron.
Y esperaron. Y esperaron.
Hasta que, horas después, vieron pasar a Roa, cruzando la calle. Entonces, desde la ventana de su habitación del primer piso de la pensión, Ruiz Nestosa le disparó por la espalda con su cámara y tomó esa fotografía que terminaría convertida en uno de los símbolos más universales de la dictadura: en medio de la nada –o, más exactamente, en medio de una calle vacía de Clorinda–, cargado con dos maletas, el escritor camina hacia la terminal de ómnibus para partir al exilio en Buenos Aires, expulsado de su país por Stroessner.
Era el 1 de mayo de 1982. El periodista del área de Artes y Espectáculos de ABC que volvió de la expedición llevando la foto al diario como trofeo de caza, Jesús Ruiz Nestosa, había nacido en Asunción el 26 de junio de 1941. Ahora que ha fallecido a los 85 años de edad, hay que señalar que, si bien esa imagen –mil veces republicada, aunque frecuentemente con los nombres, ya sea del fotógrafo, ya sea del archivo en el que se conserva, ya sea del diario (ABC Color) al que ese archivo pertenece, ya sea de todos ellos omitidos en informaciones incompletas– es quizá lo más popular de su producción, tuvo una trayectoria extensa y versátil, comenzando por la década de 1960, cuando, con Carlos Saguier y Antonio Pecci, integró el colectivo Cine Arte Experimental (CAE), al que le debemos el célebre mediometraje El pueblo (1969), pasando por la de 1980, cuando, al frente de la Galería Agustín Barrios del Centro Cultural Paraguayo Americano, apoyó la expansión de los lenguajes de las artes visuales, y llegando a la actualidad, cuando colaboró con la difusión de la obra de Saguier fuera de Paraguay, entre otras cosas.

Sin embargo, por su persistente dedicación a estos tres campos a lo largo de su vida, cabe decir que los aportes de Ruiz Nestosa a la cultura paraguaya se dan principalmente en la fotografía, la literatura y el periodismo cultural.
Como escritor, se dio a conocer con la novela Las musarañas (Centro Editor de América Latina, 1973). Su relato La huida ganó el Premio Hispanidad (1974). Escribió para las composiciones musicales de Luis Szarán e incursionó en la poesía –su primer poemario, Textos del reencuentro (conmigo mismo), es de 1999–. Los ensayos (Napa, 1982) y Diálogos prohibidos y circulares (El Lector, 1995) consolidaron su línea experimental, y se reencontró con la memoria y la geografía de Asunción en Madre de ciudades (Servilibro, 2016).
Como fotógrafo –disciplina que estudió formalmente en el Rochester Institute of Technology de Nueva York (1982) y que aprendió también en gran parte sobre el terreno en su vida laboral–, en 1992 el Museo Paraguayo de Arte Contemporáneo realizó una muestra retrospectiva de su obra. Entre sus numerosas exposiciones cabe destacar «Piedras», en el Centro Cultural Juan de Salazar (1978); «Ciclos», en el Centro Cultural Paraguayo-Americano (1985); y la última, «El Tormes de Lazarillo», en la Casa Bicentenario de las Artes Visuales (2025).
Como periodista, comenzó su carrera colaborando con la revista Ñandé y los diarios La Mañana (1961) y La Tribuna (1963-1966), y se incorporó al equipo inicial del diario ABC Color desde su creación en 1967. En ABC fue redactor, fotógrafo, crítico de arte y columnista de opinión –tuvo las columnas Crónicas de un terráqueo, Línea privada y La polilla azul– y estuvo, en diferentes momentos, al frente de la sección de Artes y Espectáculos y de este mismo suplemento. Hay que señalar aquí que, si su fotografía artística le valió un merecido reconocimiento, las fotografías periodísticas que realizó para ABC Color conforman un registro visual invalorable de la historia política y social, y sobre todo artística y cultural del Paraguay de la segunda mitad del siglo XX. Aunque residía en la ciudad española de Salamanca desde 2005, no dejó nunca de escribir en El Suplemento Cultural, participando activamente hasta el fin de sus días en la vida intelectual de su tierra natal a través de estas páginas dominicales, desde las cuales hoy despedimos con gratitud y respeto al experimentado colega, al colaborador generoso, al sabio compañero de tareas.
