Más allá de los libros: descubrir a Mario Benedetti a través de los ojos de Diane Denoir

Mario Benedetti y Diane Denoir en Puerto Pollença, Mallorca, el 14 de septiembre de 2000. Archivo personal de Diane Denoir.
Mario Benedetti y Diane Denoir en Puerto Pollença, Mallorca, el 14 de septiembre de 2000. Archivo personal de Diane Denoir.

A 106 años del nacimiento del célebre poeta y narrador en Paso de los Toros (Tacuarembó) el 14 de septiembre de 1920, la cantautora uruguaya recuerda desde Montevideo en exclusiva para El Suplemento Cultural la amistad que los unió, la música, el humor, el exilio compartido.

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«A Diane, con la gratitud de mis bronquios». Así le dedicó Mario Benedetti uno de sus libros a la cantautora uruguaya Diane Denoir después de que ella lo llevara de urgencia al hospital durante una fuerte crisis asmática. El episodio terminó convirtiéndose, con el humor que lo caracterizaba, en una de esas pequeñas historias que quedaron entre los dos.

«Siempre mantuvo su humor. Era un tipo muy cariñoso, humilde y muy cercano. Lindo hermano grande», recuerda hoy Denoir desde Montevideo.

No es necesario presentar a Diana Denoir (nombre artístico de Diana Reches Mehler), cantante, compositora, consejera de la Fundación Mario Benedetti y ciudadana ilustre de Montevideo. Ni a Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, poeta, narrador, dramaturgo, crítico y periodista, además de firme defensor de los derechos humanos.

Mario Benedetti y Diane Denoir a fines de la década de 1990. Archivo personal de Diane Denoir.
Mario Benedetti y Diane Denoir a fines de la década de 1990. Archivo personal de Diane Denoir.

«Compartimos el exilio en Buenos Aires y para mí fue como un hermano grande, un hermano mayor. Él me cuidaba, me protegía y es inolvidable esa relación que tuvimos con él y con Luz, su esposa», cuenta Diane. Tiene tantos recuerdos de él, admite, que le resulta difícil elegir uno. «Junto con la militancia y las largas y fructíferas discusiones fuimos consolidando una hermosa amistad, fraterna, sincera e incluso de gran complicidad, que continuó en Buenos Aires, la ciudad de nuestro primer exilio, donde nos veíamos casi a diario, ya que vivíamos a muy pocas cuadras. Amigazo solidario, siempre pendiente del estado de ánimo del día», agrega.

La fundación y el legado

Mario no tuvo hijos, pero en su testamento dejó creada la Fundación Mario Benedetti, para que fuera la heredera de su obra y para que con sus derechos de autor siguiera haciendo lo que él había hecho en vida: apoyar la literatura y los derechos humanos. Era tan organizado que dejó escritos los estatutos y una lista de veinte amigos para que la condujeran.

Diane explica que Benedetti dejó plasmados en la fundación los dos ejes que él consideraba fundamentales: la preservación y difusión de su obra, y la promoción de la literatura entre los jóvenes.

«A Mario le interesaba mucho promover la escritura de los jóvenes. Por otro lado, el segundo eje son los derechos humanos: la fundación sigue recordando y trabajando por memoria, verdad y justicia. Mario dejó muy claro que teníamos que seguir avanzando en ese sentido, con especial énfasis en apoyar las investigaciones sobre los detenidos, desaparecidos durante la dictadura cívico-militar del Uruguay», refiere.

En casa de Diane (década de 1990). Archivo personal de Diane Denoir. Fotografía de Luz.
En casa de Diane (década de 1990). Archivo personal de Diane Denoir. Fotografía de Luz López Alegre.

Comenta que además realizan foros y talleres, tanto de literatura como de derechos humanos, y que todos los años desde 2013 entregan el Premio Internacional Mario Benedetti a la Lucha por los Derechos Humanos y la Solidaridad, anunciado cada 14 de septiembre, fecha de nacimiento de Mario. Mañana a las 18:00 horas, en la sede de la fundación, revelarán los nombres de las personas ganadoras de esta nueva edición.

Vínculo con la música

Como cantautora, Diane también fue testigo de otra de las grandes pasiones de Benedetti: la música, un territorio que ambos compartían. A Mario le gustaban el tango y la milonga. Era un escucha ecléctico. Entre sus discos se encontraban tangos clásicos, pero también Piazzolla. Casi todos los uruguayos, desde el canto popular de Numa Moraes hasta la música contemporánea de Coriún Aharonián. Mucho bolero. Algo de jazz, tanto del jazz negro estadounidense como de la fusión montevideana. En ese campo, atesoraba los de su amiga Diane Denoir.

«Cielo del 69», musicalizada por Numa Moraes y grabada por Los Olimareños, es el primer texto de Benedetti hecho canción. Unos meses después le sigue «Seré curioso», con música de Washington Carrasco. A partir de entonces, el vínculo entre Mario y la canción será permanente. En una nota a su libro Letras de emergencia, Benedetti menciona que sus «Versos para cantar» han sido incorporados al repertorio de Nacha Guevara, Daniel Viglietti, Los Olimareños, Numa Moraes, Gianfranco Pagliaro, Soledad Bravo, Carlos Fasano, Diane Denoir y Washington Carrasco. También nombra a Alberto y Valentín Favero, Manolo Guardia y Elina Berro.

Mario Benedetti y Joan Manuel Serrat
Mario Benedetti y Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat fue uno de sus amigos más cercanos. El proceso de musicalización y grabación del disco El Sur también existe dio por resultado uno de los grandes impactos masivos de ambos creadores. La colaboración y amistad con Serrat trascendió mucho en ese disco.

A las varias ediciones del recital A dos voces, con Daniel Viglietti, se sumó La vida, ese paréntesis, en la voz de Tania Libertad. La poesía leída por el propio Benedetti aparece con el sello Ayuí/Tacuabé, que en formato casete y cedé puso a disposición del público la totalidad de Inventario.

Despedida

El 17 de mayo de 2009 Mario Benedetti muere en Montevideo, a los 88 años. Una multitud concurre a despedirlo al Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Eduardo Galeano le calificó como «el más generoso de todos los escritores», ya que los triunfos de los demás «no le provocaban un ataque al hígado y en cambio le daban alegría». Era, sostiene Galeano, «un bicho raro» que «nunca se creyó Mario Benedetti».

¿Qué queda entonces de aquel «hermano grande» en la memoria de Diane? La amistad, el humor, las conversaciones, la música y la certeza de que detrás del escritor existía un hombre atento a los demás.

Daniel Viglietti, Mario Benedetti y Eduardo Galeano
Daniel Viglietti, Mario Benedetti y Eduardo Galeano

*Yesica Vera Zarza es periodista cultural. Investiga y escribe sobre literatura, autores e historia cultural latinoamericana.